Burda dictadura
Víctor Hugo Vallejo
Todo era suyo. Lo que no lo era lo podía ser con apenas un gesto que uno de sus subalternos, llenos de miedo en todo momento, acataba y ejecutaba. El título de propiedad era sencillo: bastaba que mirara, le gustara y verificara que no era parte de su patrimonio y el traspaso de domino se hacía efectivo sin trámites burocráticos, pues él mismo era la ley.
Había llegado al poder en 1934 y se iba a quedar allí a su voluntad. Por momentos daba muestras demagógicas de respeto a la democracia, para tirarle al vulgo un poco de consuelo en la confianza en las libertades públicas. Se iba y volvía del poder cuando quería y se instaló allí hasta que lo acribillaron a bala al regreso de una desfloración más a una nueva virgen joven que alguno de los esbirros le había dejado en una de sus muchas casas de visitas sexuales. Era 1956. El carro en que iba, apenas quedó sirviendo como colador de café. Se llamaba Anastasio Somoza García. La ausencia de esas presencias insustituibles convierten a los países en meros mapas de fincas grandes, donde siempre se necesita la vista del amo para que engorde la vaca. No había manera de aprovechar su muerte para que Nicaragua volviera a ser decente. Su hijo mayor Luis Somoza Debayle se hizo cargo del poder y un poco más de diez años después convocó a elecciones con todo elaborado para que las ganara su hermano Anastasio (Tachito), y de esa manera evitar que este llegara al mando por el golpe que estaba dispuesto a propinarle. Ya era suficiente con lo que Luis había robado. Ahora le tocaba a Tachito. Era 1967.
Ya en 1947 había habido un intento de colocar a alguien diferente a la familia en el poder. Anastasio viejo delegó el poder en Leonardo Argüello Barreto, el 6 de mayo, quien al hacer la conformación de su gabinete ministerial y nombrar a Tachito Delegado Gubernamental en la provincia de León, provocó la ira del dictador, quien lo revocó, reasumió y se quedó hasta que lo despacharon sin discusión al recibir el poder de la fuerza del fuego.
Nicaragua vivía de oprobio en oprobio. Ya Augusto César Sandino había entregado su vida luchando contra la invasión norteamericana, que dio el resultado de su salida del país, con la instalación de gobiernos títeres de los gringos, como es el caso de Juan Bautista Sacasa Sacasa, un médico metido a político a manera de mandadero del imperio. Para ser mandadero no es necesario estar capacitado para gobernar. Sandino estaba vivo y seguía con sus ideas revolucionarias, distinguido como líder opositor de EEUU en todo momento. Un día Sacasa organiza una recepción oficial a la que invita a Sandino y otros amigos. Era 21 de febrero de 1934. A la salida de la fiesta es detenido, llevado a las montañas y asesinado. Norteamérica había salido de la amenaza de ese guerrillero que un día podría volver a la lucha de autonomía.
Había que poner otro títere y el preciso era Anastasio Somoza García, a quien hacen Presidente en 1934, permaneciendo allí hasta cuando quiere y saliendo definitivamente cuando lo disponen las balas.
Los crímenes y las atrocidades de los Somoza hicieron de Nicaragua un foco de rebelión constante, habiéndose conformado el Frente Sandista de Liberación Nacional, FSLN, que luchó en todos los tonos contra la dictadura.
Los guerrilleros eran la élite de la intelectualidad nicaragüense, con integrantes como Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal y otros. Allí también estaba un comandante guerrillero de segundo nivel llamado Daniel Ortega Saavedra, quien padeció siete años de cárcel por asaltar un Banco en 1967 y es liberado como resultado del canje que hacen los sandinistas cuando logran, en 1974, rehenes importantes en el asalto a la casa del Presidente del Banco Nacional de Nicaragua, José María Castillo, en una cena en que estaba el Embajador de EEUU, quien se escapa por unos minutos, pues salió antes de que llegaran los guerrilleros. En el intercambio de los rehenes y los guerrilleros presos, liberan a Ortega Saavedra.
La lucha cada vez se hizo más intensa, pues en la medida de las agresiones de los subversivos el gobierno iba haciendo uso del poder para eliminar, limitar, recortar, desaparecer, atropellar. Ninguna de las dos fuerzas quería ceder.
Finalmente en julio de 1979 Tachito huye de Managua y el FSLN accede al poder. En la junta de administración uno de sus miembros era Daniel Ortega Saavedra. Un viejo guerrilleo que en 1963 había abandonado en su primer año los estudios de Derecho en la Universidad Centroamericana de Managua, para ir en busca de la justicia social que tanto le habían inculcado sus padres Daniel y Lidia, arriesgados opositores de Somoza desde siempre, sin temer al riesgo.
Al interior del FSLN se van formando una serie de fisuras ideológicas que se concretan en hechos de abandono del proyecto. Muchos dejan a un lado el gobierno. Lucharon muchos años con el fin de tener una Nicaragua para los nicaragüenses y poco a poco el país se iba identificando con intereses de países comunistas que influían y determinaban muchas de las decisiones políticas. Uno de los más activos en esto era Daniel Ortega Saavedra. Se hizo presidente de 1985 a 1990. Extremó de tal manera sus decisiones populistas que los nicaragüenses entendieron que era mejor sacarlo del poder y así lo hicieron en las elecciones de 1990, cuando la situación era tan angustiosa que una inepta como Violeta Barrios de Chamarro, cuyo casi único capital político era ser la viuda de José Joaquín Chamorro, director del diario La Prensa, de abierta oposición al gobierno Ortega, llegó a la Presidencia y pasó con más pena que gloria.
Ortega se presenta de nuevo a las elecciones de 1996 y es derrotado. No asimila y en el 2001 vuelve a salir perdedor. Persiste y regresa a los comicios de 2006 cuando es elegido gracias a las nefastas gestiones que siguieron a la suya, como la de Guillermo Alemán. Hasta ahora no ha salido del poder y todos los días actúa de tal manera que está creando una dinastía que se mantendrá allí al más claro estilo Somoza. Aprendió poco de Sandino y mucho de los Somoza. Le gusta el poder por el poder. Por el apoderamiento de lo público. Porque puede ejercer el nepotismo sin límite alguno y porque su mujer Rosario Murillo, a quien conoció en 1978 y seis años menor que él, se puede dar el gusto que quiera con las tarjetas de crédito del Estado y atender las extravagancias que se procura la esposa de cualquier dictador de trópico. Dicen que ella es la que manda. Ni Ortega, ni ella lo han negado nunca. No se atreven. El comercio de favores, prebendas, ventajas y canonjías para sus amigos y áulicos es de conocimiento público.
Fue reelegido el 6 noviembre de 2011, para lo cual fue necesario reformar la Constitución y ponerla a su medida, siguiendo el mal ejemplo de los gobernantes autoritarios de América del Sur. Los de la derecha les enseñaron a los de la izquierda a disfrazar los sultanatos a través de modificaciones del marco jurídico y la manipulación del poder a favor de personas determinadas. Puede que no hayan aprendido nada de Marx, Lenin y Hegel, pero de los sabores de la corrupción de la política tradicional, si lo han asimilado todo.
Acaba de hacer reformar otra vez la Constitución para permitir una segunda reelección continua y para no tener incomodidades de control político el pasado 29 de julio de 2016 procuró la desinvestidura de 28 diputados de la oposición y ha hecho de Nicaragua un país de partido único: el FSLN. Si Sandino viviera tendría coloradas hasta las espaldas.
Nicaragua ha vuelto a ser una dictadura. Con las mismas acciones de los Somoza, pero ahora a nombre de la izquierda. Ninguna denuncia prospera. Se han hecho dueños de todos los poderes públicos y por tanto el control político es completamente inexistente. Ni siquiera la insistente denuncia de la socióloga Zoilamérica Murillo, hija de una primera relación conyugal de Rosario Murillo, quien repetidamente viene anunciando a los cuatro vientos que desde los 12 años ha sido víctima de abusos y violaciones sexuales por parte de Daniel Ortega Saavedra, con la anuencia, respaldo y aplauso de la corrupta de su madre. Nadie ha querido oír a la ofendida. No tiene poder y el poder lo tienen su padrastro y su madre. Lucha con las tempestades sin las herramientas que requieren los huracanes.
Hasta ahora Rosario Murillo Zambrano, de 65 años, ha sido la compañera de Ortega. Anda por el mundo en sus giras políticas en países de la ideología izquierdista que aún lo tienen como uno de los suyos, rodeada de comitivas de sacamicas, chisgarabises y sobachaquetas que se entregan por comida de lujo y buenos hoteles. Todo se paga con las tarjetas de crédito del Estado. No figura como elegida en nada por los votantes, pero es quien ostenta el poder. En Nicaragua se hace lo que dice Ortega y Ortega hace lo que dice Rosario Murillo. Es claro quien manda.
De ahora en adelante ya no será necesario inferir que es Rosario Murillo el poder en ese país. Ya lo tendrá entregado por los electores que en los próximos comicios del 6 noviembre podrán votar por la reelección de Daniel Ortega Saavedra, teniendo como fórmula vice presidencial a Rosario Murillo Zambrano. Según el texto constitucional nicaragüense eso no es procedente, pero la pareja dictatorial dice que por encima de la Constitución están los intereses de la Revolución y esta manda que como segundo de a bordo en el poder debe estar ella, para cualquier caso de ausencia. Más claro: otro Somoza disfrazado de Sandinista sabe como va a conservar el poder, incluso después de que muera. Y además, por si fuera poco, después de que muera Rosario, porque ahí estará la disputa entre los siete hijos habidos en el matrimonio.
Nicaragua ahora puede ser definido como un país de dinastías dictatoriales a las que se arriban a través de simulacros de elecciones y en el disfraz de democracia. Hace tantos años que los nicaragüenses vienen viviendo esto, que parece como si se les hubiera adherido a la etnografía.
Ahora ese país centroamericano ha regresado a las dictaduras. Toda la lucha de Sandino, su sacrificio, el uso irrespetuoso de su memoria, los muertos que han dejado las diferentes revoluciones han sido en vano. Los años de sufrimiento no han generado más que renovaciones dictatoriales. Haber peleado por la democracia no ha servido de nada. Lo que han conseguido es un remedo de democracia. Hay dictadura burda y ordinaria en la que los síntomas son de permanencia dinástica. Ya se señalan los sucesores. Nicaragua es otra vez el mapa de una finca grande.