Pobre Venezuela
Por: mario arias gómez
(Primera parte)
“Colombia exportador de pobreza”. Miren quien lo dice: El atorrante, testarudo, marrullero de Nicolás Maduro -el inmaduro- quien no aún aclara su cuna al no replicar en forma fehaciente la prueba que da cuenta de su origen -al parecer irrefutable- que corre en las redes sociales. Indocumentado cuya experiencia como chofer de bus en Caracas sirvió para que Chávez, lo señalara en el lecho de muerte con su ensangrentado dedo, el rústico heredero de su “obra maestra”, el anacrónico socialismo “Siglo 21”. Ficción erigida sobre gruesas mentiras y toneladas de populismo. Irracional libreto que “condujo” a Venezuela al despeñadero. Fugado “cerebro” que rogamos a Dios no lo vaya a devolver. Qué encarte.
Títere que tutela el tosco, oportunista e inescrupuloso enano, Diosdado Cabello -¿o será caballo? no lo sé. Dupla de ilustres desconocidos, sedientos de venganza, que se han creído la última Coca-Cola del desierto, quienes por esas cosas impredecibles del destino ejercen el efímero papel de mimos de la añosa izquierda, que no sueña con el comunismo, ni la hechiza la lucha de clases, ni evoca la equidad. Vetusta ideología de ayer que polarizó a ese país, lo tiene bajo sospecha, a la deriva, sumido en la miseria y la incertidumbre, en la inseguridad física, jurídica y política. Un país sin futuro, cercano a la inviabilidad.
Realidad irrebatible -de amplio espectro político- engendrada por el “San Gregorio” redivivo, Hugo Chávez. Situación prolongada en el tiempo por la inmoral y deshonesta cáfila sucesora, increpada y amonestada por la reiterada violación de los derechos humanos y las libertades; apareada con las peores lacras del terrorismo internacional que protegió, asiló y apreció como aliados naturales del demente proyecto de “transformar” el “opulento orbe capitalista”. Preocupante locura asumida por la ONU como asunto de seguridad global. Mal vecino que trocó al país en un inmenso depósito de porquería, en un muladar no comparable con los pares de América. Un paria universal sin esperanza. Percepción que no admite pensar siquiera con la ilusión que pueda a corto plazo recobrar su puesto.
Aciaga acción que dura ya 16 años, en los que los perversos y furtivos enchufados, que se llaman así mismos bolivarianos, se dedicaron a avivar a todo tiempo la subyacente lucha de clases. Argucia que consiste en enfrentar a los buenos alineados con el pueblo y a los malos que lo roban. Dialéctica que en versión siglo XXI, los “buenos” roban a manos llenas y los “malos” redimen a las apáticas y silenciosas masas que no tienen para comprar en un país desabastecido lo más esencial de la canasta familiar, y lo poco que llega, obtenerlo, implica soportar interminable cola -de días- bajo un infrahumano e inclemente sol canicular.
Traidores que Dante, autor de “La Divina Comedia” envió directamente al último círculo del infierno, a penar por los siglos de los siglos. Singular e impensado fenómeno político, introducido sutilmente, cual “Caballo de Troya”, al interior de Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, pescados con el anzuelo de los petrodólares de la esfumada bonanza esquilmada al pueblo, tras el apoyo a la perniciosa y grotesca aventura de enfrentarse al “Imperio”. Propósito común con la postrada y auxiliada Cuba, inmersa en el mismo barrizal populista, añadidos los países centroamericanos amarrados al mismo sofisma. Dilapidada fortuna que financió igual ligas afines en Grecia, España, Italia, Francia y el Reino Unido.
Mal que estos cuadrúpedos expandieron -como verdolaga en playa- valiéndose de la táctica de aupar masas hambrientas, excluidas y relegadas, desacreditar instituciones y partidos exánimes, fomentar el descontento y enfado de la candorosa y crédula clase media ante los despreciados dirigentes, escudándose en las falencias de una democracia garantista. Intrigantes y desafiantes lameculos que en forma astuta, falsos espejitos, lograron escamotear la libertad y el poder al pueblo esclavizado. Empotrados en el mando se olvidan devolver los derechos conculcados, trasgredidos, para hacer ostentación inmediata del desprecio a la ley y justicia, de burla a la ilusa democracia, para ultrajar enseguida a los organismos encargados de monitorear, proteger y fiscalizar la observancia de los derechos humanos. Escenario insostenible que atenta contra los mínimos patrones democráticos.
Politiquería que hipotecó a otro imperio, el insaciable Dragón asiático el futuro venezolano, atado a una inimaginable deuda cuyo importe y ocultas condiciones son secreto de Estado. Cheque girado en blanco al tigre oriental -China- que deberán redimir las próximas generaciones y las que no han nacido aún. A los ejecutantes de esta frívola y criminal política que los llevó a la debacle, al caos, la historia los enjuiciará sin conmiseración alguna.
Infortunada regresión que mediatizó y demolió todo espacio democrático; acosó y oprimió la oposición; amordazó a los medios de expresión; expropió a los rivales que no se plegaron o doblegaron. Así de simple. Entrampada, enredada e insolvente política con que la trinca gobernante los jodió a todos, sin excepción, para lo cual echó mano de una pendenciera, intimidante, soez y vulgar jerga -propia de los bajos fondos- como eficaz arma para desmoralizar a los políticos opuestos a sus designios, apellidados como la “Guarimba”.
Jerigonza replicada por sus adherentes y las fanáticas turbas de motorizados; por las legiones de “rojos rojitos”; por las oleadas de haraganes y ociosos recaudados por el régimen que alistó en los azarosos círculos bolivarianos calcados de Cuba. Armados, entrenados y sostenidos a la luz del día, a “ciencia y paciencia” de los enmudecidos gobiernos democráticos de la comunidad internacional. Castro-chavismo o nuevo evangelio sinónimo de la “revolución” que alienó y sofocó todo tras el poder, menos la dignidad.
Ralea de politiqueros -de baja estofa- que no se arredraron en expropiar la clase pudiente, despectivamente apodada como “escuálidos”, a los que hizo forasteros en su propia Patria; proletarizaron la clase media y fomentaron desbordas expectativas -imposibles de cumplir- al inmenso torbellino de pobres que desilusionadas saben que un país paralizado, sin industria, sin campo productivo, sin ánimo, no podrá cumplirles, ni a ellos, ni a sus hijos, ni a los hijos de sus hijos. Nadie -de adentro y de fuera- se arriesga a invertir un fuerte -ni bobo que fuera- máxime si conoce la imparable devaluación que ahuyenta al más optimista.
El Bolívar -históricamente- fue una de las monedas más fuertes del mundo. Su deterioro se inició al final del gobierno de Luis Herrera (1979-1984), hijo ilustre de Acarigua, recordado por el “Viernes negro” -febrero de 1983- en que devaluó la moneda. Estropicio económico que heredó el médico, Jaime Lucinchi (1984-1989), recordado por la crisis que desató de la Corbeta Caldas, al disponer, pasado de palos -(whiskys)- la mayor movilización militar en el gobierno de Virgilio Barco. Apuro que nos tuvo al borde de un inminente conflicto bélico.
Bajo el ropaje de un falso nacionalismo, los gobiernos todos en problemas, han utilizado como cortina de humo, plurales fuerzas en contra Colombia, al extremo en mi época de poner a los billetes esta leyenda: “El Lago de Maracaibo -Coquivacoa- es tuyo, defiéndelo”. El Cerrejón -han dicho- es extensión de un filón minero que les pertenece. De CAÑO LIMON se extrae en crudo subrepticiamente por Colombia. La Guajira es suya. Historial que reposa en la cancillería, según informes allegados en mi condición de Cónsul que lo fui. Continúa