Uriel Giraldo Álvarez: entre la poesía y la narrativa
El último libro publicado por Uriel Giraldo Alvarez, autor oriundo de Salamina, que ha sido profesor asociado de la Universidad de Caldas, obliga a hacer un análisis sobre lo que ha sido la literatura de este escritor y poeta que es, además, activista cultural. El libro se titula Ayer acaso. Lo publicó la Gobernación de Caldas en su Colección Autores caldenses. Es una novela corta (83 páginas), que narra la historia de un muchacho apasionado por el teatro, que siente la necesidad de escribir una obra para dramatizar, sobre un caso que conoció cuando terminaba el bachillerato en el colegio de un pueblo llamado Balmoral. El escritor sobre quien hoy escribo ha dado a conocer, con este, tres libros de narrativa. Los dos anteriores son: Todavía la vida (Cuentos), y Un habitante más (novela).
Uriel Giraldo Alvarez ha publicado ocho libros de poemas: Al borde de la vía, Visiones, Calle 13 carrera 13, Aquel amor ya nostalgia, Un día entre las cosas, Fe de erratas, Insistencia en la tierra y Afuera pasan cosas. Su nombre aparece en los libros Antología para poetas que leen poca poesía y A los poetas que vendrán. Como promotor cultural es el fundador de la sala de teatro El Escondite, un escenario en Manizales donde cada año se realiza el Festival de literatura Nos queda la palabra, evento cultural en el que participan escritores de diferentes regiones de Colombia. Además, orienta los ciclos anuales de conferencias sobre poesía latinoamericana, denominados Lecturas Temáticas de Poesía. Como puede verse, Uriel Giraldo Alvarez vibra con la palabra porque la lleva en la sangre.
Sobre Afuera pasan cosas, una selección de poemas incluidos en los siete libros anteriores a este, escribí en un artículo que aparece en mi libro Nombres en las letras de Caldas: “El título trae a la memoria este verso de Mario Benedetti: “Aquí en la calle suceden cosas que ni siquiera pueden decirse”. No sabe uno si el nombre que Uriel Giraldo Alvarez le puso a su libro es un homenaje a este poeta uruguayo que ha ejercido sobre su obra una notoria influencia, o si es una alusión explícita a los temas que aborda en su poesía. En muchos de los poemas que conforman el libro se habla sobre las cosas cotidianas que suceden en una familia”. En ese texto digo que el espacio de las cosas sobre las cuales se poetisa no siempre está afuera. En algunos poemas es en el interior de la casa familiar donde pasan cosas.
“La poesía es aire libertario, que no debiera ser yugulada por medidas y cadencias que fijan número de sílabas y montan cátedra sobre las asonancias sonoras”, escribió César Montoya Ocampo. Este concepto se acomoda a lo que sobre la poesía de Uriel Giraldo Alvarez puede decirse. El poeta es dueño de su libertad para escribir como quiera, se puede dar licencia para jugar con las palabras, suyo es el deseo de buscar asonancias o dejar que el verso fluya libre, sin cortapisas. En este libro se advierte ese querer liberarse de metros y asonancias para crear una poesía que, sin recurrir a la métrica, enseña exquisitez en el manejo del lenguaje y, sobre todo, muestra una alegre musicalidad en versos sencillos que, sin embargo, tocan el alma por su sentido de la ternura.
Le he puesto como nombre a este articulo “Uriel Giraldo Alvarez: entre la poesía y la narrativa”, por una razón: el escritor que está detrás de los libros arriba citados tiene la facilidad para pasearse de un género literario a otro sin que en ninguno sacrifique calidad por cantidad. Me explico: en poesía se escribe corto, mientras en narrativa extenso. No es lo mismo escribir un poema que arriesgarse a crear una historia. En el poema se pueden decir muchas cosas en diez o quince versos, en narrativa no. A no ser que se trate de un microcuento, donde no se alcanza a estructurar una historia. No todos los autores ruedan con éxito en el manejo de estos dos géneros. Fernando Soto Aparicio, por poner un ejemplo, fue afortunado en los dos campos. A Uriel Giraldo Alvarez le ocurre lo mismo.
La primera novela de Uriel Giraldo Alvarez, Un habitante más, no fue para mi un buen libro. Escribí ese año que no se podía catalogar como novela un relato lineal de 44 páginas. En mi concepto, el libro se inscribía en el género de cuento largo. Por dos razones: adolecía de estructura como novela y no tenía personajes secundarios que enriquecieran la historia. Aunque tenía buen lenguaje narrativo, el argumento era flojo. La historia de un hombre que, después de salir de su casa, al entrar a un teatro para ver una película se encuentra con la mirada de una mujer que lo conturba. El autor utiliza un narrador omnisciente para contar lo que hace durante la tarde de un sábado un personaje innominado en el texto, que entre otras cosas no hace nada trascendente.
Con Ayer acaso Giraldo Alvarez alcanza algo diferente a lo que hizo en Un habitante más. Una novela más trabajada, escrita con una técnica narrativa depurada, un mejor manejo de los tiempos y los espacios y un buen argumento. Es la historia de Efraín y Mimí, que transcurre en un pueblo llamada Balmoral. Seduce por las cosas que viven en el colegio un grupo de estudiantes. Un día desaparecen del taller 1.750 gramos de aluminio. El rector inicia una investigación para establecer quién se los llevó. Fracasa en el intento. La prefecta de disciplina va a donde una bruja para que le ayude a identificar al responsable, pero tampoco logra nada. De la Secretaría de Educación del departamento envían dos comisiones para lo mismo, y se regresan sin cumplir el objetivo. Nadie dice quién hizo un sapo con ese material.
Ayer acaso tiene elementos que en literatura indican creatividad literaria y, desde luego, buena imaginación. Uriel Giraldo Alvarez juega con el lenguaje y, además, crea escenas que sorprenden al lector. No se queda en la descripción del ambiente estudiantil, sino que profundiza en lo que viven los jóvenes. Habla de los primeros enamoramientos, de las primeras experiencias sexuales y de la complicidad en los salones de clase. Narra, al mismo tiempo, una historia de amor. Es cuando Efraín conoce a Lucila, una muchacha hermosa que visitó el colegio en la celebración de los 70 años de su fundación. Cuando más enamorado está de ella, Lucila se casa con otro. Lo hace porque sus padres no lo veían con buenos ojos. Le dijeron que no le convenia porque no hacía nada. Sin embargo, Efraín se hace profesional.