El fenómeno de El Niño
El Gobierno Nacional anunció el pasado 11 de junio el inicio oficial del fenómeno de El Niño, también conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que en esta ocasión se adelantó tres meses a lo inicialmente previsto.
El Niño es un evento climático característico de las regiones tropicales. Consiste en un proceso de interacción oceánico-atmosférica que se origina en el océano Pacífico ecuatorial, cerca de las costas de Australia, modificando el equilibrio físico entre el océano y la atmósfera. Es un fenómeno impredecible.
En los años 80, la comunidad científica demostró que existía una interacción entre el océano y la atmósfera que explicaba este fenómeno. Anteriormente era considerado un fenómeno puramente local.
Es un evento natural de variabilidad climática. Entendiendo por variabilidad climática el conjunto de cambios naturales que presenta el clima de un lugar a lo largo del tiempo.
Cabe resaltar que las modificaciones propias de la variabilidad climática son temporales, mientras que las del cambio climático son de largo plazo. Ahora bien, el cambio climático maximiza los impactos de El Niño.
Las aguas cálidas inician un lento desplazamiento y modifican temporalmente —desde varios meses hasta más de un año— los patrones de funcionamiento de todo el océano Pacífico tropical y de la atmósfera global.
Su nombre se debe a los pescadores peruanos, quienes no podían entender las razones de las tormentas descomunales que asolaban el Pacífico ecuatorial y la falta de anchoas que estas provocaban. Lo denominaron «Niño Jesús» porque aparecía en Navidad.
Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), es muy probable su fortalecimiento durante el segundo semestre de 2026. Adicionalmente, «existe un 63 % de posibilidades de que ocurra un episodio de El Niño muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027, situándose entre los eventos de mayor magnitud registrados desde 1950».
Según el meteorólogo y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, Emel Vega, cuando hay una temperatura por encima de 26 °C se considera que estamos frente al fenómeno de El Niño.
Sus efectos en nuestro territorio no siempre son proporcionales a su intensidad ni afectan de la misma manera a todas las regiones.
El Niño incrementa el riesgo de incendios forestales y de episodios puntuales de deterioro de la calidad del aire.
Produce una sensible disminución en los niveles y caudales de los ríos, reduciendo las precipitaciones entre un 10 y un 30 %.
Puede incrementar los problemas por plagas y enfermedades, limitando los rendimientos agrícolas y pecuarios.
Los cambios climáticos que desencadena pueden repercutir sobre los animales y las plantas debido al estrés ocasionado por la escasez de agua, así como por los cambios bruscos de temperatura que, al pasar de máximas a mínimas, causan alta evaporación o heladas, generando problemas fisiológicos en los cultivos anuales y perennes, afectando el crecimiento de las plantas, su floración y la formación de frutos, y produciendo bajos rendimientos.
El déficit de agua altera las épocas de siembra, disminuye los rendimientos y la producción, y deteriora los suelos.
Causa graves pérdidas, principalmente en la agricultura de la Costa Caribe y en los departamentos andinos.
La producción de papa y los floricultores se ven perjudicados por las escasas lluvias y el surgimiento de las heladas.
Proliferan las arvenses (malezas).
Se atrasa el crecimiento del ganado, su reproducción y disminuye la ganancia de peso, puesto que la principal fuente de alimentación de los semovientes es el pasto, producto que escasea durante el intenso verano, pudiendo desencadenar una venta masiva de ganado, generando una mayor oferta y una disminución en los precios.
En lo concerniente a la leche, se puede generar escasez y, por lo tanto, un aumento del precio. La disminución de la productividad lechera es de un 50 % en zonas de ladera y del 10 % en territorio plano.
El Niño acentúa el cólera, las enfermedades respiratorias y cardiovasculares, las irritaciones oculares y la malaria.
En Colombia, los casos de malaria en las zonas de mayor riesgo aumentan casi en un 50 %.
Cuando la temperatura del aire aumenta y disminuyen las lluvias, se facilita la formación de charcos y aguas estancadas, condiciones muy propicias para el ciclo de vida del mosquito Anopheles, transmisor del Plasmodium, favoreciendo la transmisión de la malaria. Las infecciones por zika y chikunguña también se disparan.
Asimismo, se acorta el período larvario del Anopheles, favoreciendo el incremento de su población y, por consiguiente, aumenta la probabilidad de transmisión del parásito.
Este proceso también impacta la dinámica poblacional de los mosquitos, al influir en su longevidad y en la tasa de picadura.
«En 2011, la sequía que enfrentó Colombia a causa de El Niño afectó más de un millón de hectáreas agrícolas; 237 municipios declararon desabastecimiento de agua potable; el país tuvo que pagar US$37,6 millones para importar energía eléctrica desde Ecuador y más de 40 mil animales murieron por falta de alimento».
«Tener una mejor comprensión de cómo El Niño nos ha afectado en el pasado y en el presente permite una mayor capacidad para modelar, predecir y planificar su evolución futura y su amplio impacto. Es clave que exista una mayor planificación territorial y es esencial profundizar en el conocimiento del riesgo asociado con las sequías».
El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible recomienda a la ciudadanía, a las autoridades territoriales y a los sectores productivos consultar la información oficial disponible en los Boletines de Predicción Climática y de Seguimiento al Niño, y utilizar la aplicación móvil «Ideam en tu Mano» para recibir actualizaciones, alertas y recomendaciones en tiempo real.