18 de junio de 2026

Remembranzas poéticas sobre Aranzazu

18 de junio de 2026
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
18 de junio de 2026

 

Una gran cantidad de pueblos de Colombia han sido motivo de inspiración para los poetas. Algunos, porque en ellos nacieron vates que exaltan con sus versos el espacio de la infancia, sembrando con sus palabras el sentido de pertenencia en quienes vieron la luz primera en esas calles que ellos describen con frases de hondo contenido lírico. Otros, porque en algún momento de su historia un poeta pisó sus calles y, emocionado ante la belleza que descubrió en sus paisajes, esculpió con palabras inspiradas esa admiración que despertaron en su alma los amaneceres espléndidos, los cafetales florecidos, el verde de sus montañas, el sonido del agua que corre apacible por sus cañadas y el rumor del viento cuando pasa besando la piel de sus mujeres. 

Aranzazu, mi pueblo, no ha sido ajeno a esos avatares del destino. Ha sido cantado no solo por sus propios hijos, que le han escrito palabras de alto vuelo poético, sino por aedos visitantes que han sentido en su piel sus atardeceres soleados, la lluvia que en las noches baña sus tejados y el aire fresco que en la madrugada invade sus calles. En palabras que expresan su deslumbramiento ante un pueblo alegre que los acoge con cariño, esos poetas que han recorrido sus calles han dejado testimonio de admiración por sus costumbres y, desde luego, por esa exuberante naturaleza que pinta de verde sus paisajes y de azul el firmamento que se mira en lontananza. No son, por supuesto, muchos los bardos que le han cantado. Pero los pocos que lo han hecho han dejado el alma en sus versos. 

El primer poeta de renombre nacional que visitó a Aranzazu fue Aurelio Martínez Mutis, el autor del célebre poema “La epopeya del cóndor”. Lo hizo en el mes de abril del año 1916, un Domingo de Ramos. Estuvo de paso. Venía de Aguadas, municipio a donde fue invitado por el poeta Abel Farina. Se asombra del fervor religioso que demuestran los campesinos en la procesión de ese día. Escribe entonces un poema donde resalta la belleza de una muchacha. Se titula “Aranzazu”.  Allí dice que tiene “pupilas verdes y maduras”, y después de escribir que es “la tierra de los Ocampos y los Boteros, anota: “Niña con ojos de pájaro y caderas de agua curva/ senos altos de colina y voz de miel y de frutas/ usa en sus trajes de cielo largos collares de fucsia/ y tiene acento de Antioquia y apellido de Guipúzcua/.  

Durante la celebración de la primera Fiesta de la Cabuya, en agosto de 1956, visitó a Aranzazu la señora Agripina Restrepo de Norris, dama que era la directora de la revista «Númen». Llegó de Calarcá, que entonces pertenecía a Caldas, y trajo entre sus papeles un poema escrito en homenaje a Aranzazu, del poeta Baudilio Montoya. Se titulaba «Salutación a Aranzazu». Fue leído en la plaza principal, en el acto de coronación de la primera reina de las fiestas. En esos versos decía «En ti se afirma el sentido conquistador de la raza que hizo de Antioquia el mojón más severo de la patria». Y agregaba «Noble ciudad de Aranzazu, orgullo exacto de Caldas, por la fiesta que celebras y tus maneras hidalgas mi corazón te saluda desde la tierra quindiana». Este poema fue publicado en una antología poética del autor.

“Canto emotivo a Aranzazu” fue un poema escrito por Samuel Arturo Meza y Posada, un médico antioqueño que había ejercido su profesión en el pueblo. En 1940 regresó de paseo, para saludar a los amigos que había dejado en Aranzazu. Como en esa semana se estaban realizando actividades cívicas para recaudar dinero con destino a la construcción de la carretera al cementerio, la Sociedad de Mejoras Públicas quiso hacerle un homenaje declarándolo hijo adoptivo de Aranzazu. Para agradecer el reconocimiento, escribió ese poema que era una exaltación a la hidalguía del municipio. Dos años después, en 1943, este texto fue musicalizado por el maestro Juan Crisóstomo Osorio y declarado por el Concejo Municipal como himno oficial. 

Javier Arias Ramírez es el poeta más grande que ha dado a Aranzazu. Por su calidad literaria, su obra poética trascendió las fronteras del Caldas. Le cantó a su pueblo con emoción profunda, en lenguaje de elevada calidad poética, recordando su infancia y sus ancestros. “Tierra Mia, Aranzazu” es un poemario donde exalta a su tierra natal. Cuando dice. “Transito por tu piel con pies de amante/ que te siembran caricias con sus pasos/ en largos recorridos de emociones”, está hablando de su pueblo, de los recuerdos que guarda de su infancia, de las cosas que marcaron su vida. Por esta razón dice:” Y al evocar y pronunciar tu nombre/ en un sacudimiento de recuerdos/ llego con mi presencia a tus rincones”. En otro poema señala que aquí aprendió sus primeras letras. 

Quienes se valen de la música para exaltar los pueblos también están haciendo poesía. Porque hablan de las cosas que le dan identidad a un pueblo, de los sitios que tienen encanto para todos, de los hechos que han marcado la vida diaria de la gente. En este sentido, Aranzazu también ha sido exaltado en las letras de algunas canciones que recuerdan sus calles, sus sitios emblemáticos y los hechos que hicieron historia. Fernando Arias grabó la cumbia “Aranzazu”, cuya letra recuerda el pueblo de su infancia, haciendo énfasis en que siempre lleva a su pueblo en el recuerdo, señalando que se le llama “Historiada princesa del norte de Caldas”. Fue lo que hice yo cuando escribí “Faro del norte, sonar de campanas, dulce fuente cantarina” en la letra del pasodoble “Aranzazu, canción y poesía”. 

En estas remembranzas poéticas sobre Aranzazu no puede quedar por fuera el nombre de Rubén Darío Toro López. Ha publicado un libro de poemas y dos novelas. Sus textos románticos son bonitos, bien logrados. Los poemas sobre Aranzazu, que publica en su Facebook, me gustan casi todos. Pero me llaman la atención aquellos donde evoca tiempos pasados y los sitios que en el pueblo marcaron su juventud. También el de un tío mío, Arnoldo Alzate Giraldo, que escribió un bonito poema nostálgico, en cuartetos con rima acompasada, titulado “Retorno”. Se inicia con estos versos: “Vengo a ti, Aranzazu de mi infancia/ a beber mis recuerdos en tus lares/ que me embriaguen tus luces tutelares/ y el aroma a café de tus estancias/”. El poema fue musicalizado en ritmo de bambuco por su hijo Miguel Angel.