Por un gobierno de unidad nacional
La profunda crisis actual, a escala nacional y global, exige perentoriamente la conformación de un Gobierno de Unidad Nacional. Se ha vuelto un lugar común afirmar que nos encontramos en un momento decisivo para el futuro del país, pero hoy esta aseveración trasciende la retórica política. Es una evidencia manifiesta que resulta irresponsable ignorar, so pena de enfrentar consecuencias devastadoras si no actuamos con la más fría y calculadora racionalidad política.
Enfrentar este momento demanda visión de Estado, pragmatismo político (realpolitik), trascender la nociva polarización y convocar al centro político en aras de garantizar la estabilidad institucional.
Este no es el momento de continuar sembrando miedo para vender seguridad, ni de continuar alimentando el odio instigado por los habituales «agitadores de emociones». Por encima de cualquier cálculo partidista, y en nombre del interés nacional, es indispensable construir consensos que convoquen decididamente al centro político, sin excluir a otras fuerzas democráticas dispuestas a sumar.
Este acuerdo debe materializarse en un gobierno de coalición amplio, que sea el punto de partida para lograr el imprescindible Acuerdo sobre lo Fundamental. Solo a partir de estos mínimos éticos, institucionales y democráticos podremos emprender el arduo pero necesario camino hacia la reconciliación nacional.
Asimismo, esta unidad también debe entenderse en el marco de la crisis climática global, un desafío sin precedentes que exige respuestas colectivas.
Todo lo anterior demanda grandeza,y generosidad política, prescindir del habitual maximalismo y aceptar el pragmatismo, en el entendido de que la política es el arte de lo posible, no de lo que se quiere o desea. No se deben imponer visiones absolutas, sino alcanzar consensos viables. Las decisiones grupales requieren concesiones mutuas. El precio del maximalismo político es frecuentemente el de la frustración.
Y , por encima del inmediatismo y las emociones que nos caracterizan como colombianos, también se requiere de una visión estratégica a largo plazo que ponga la supervivencia por encima de cualquier interés partidista o particular. En últimas, es un asunto de seguridad nacional.