5 de julio de 2026

Quijote caraqueño

6 de agosto de 2023
Por Jairo Londoño Franco
Por Jairo Londoño Franco
6 de agosto de 2023

Diez años antes de que el genio de la literatura castellana, Miguel de Cervantes Saavedra escribiera las aventuras de «El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha», a más de 6.700 kilómetros de distancia, en la recién fundada Santiago de León de Caracas, sucedieron algunos eventos aparentemente referidos en los capítulos de la universal obra.

La misión suicida, con claros tintes de quijotada, ha hecho que con el paso del tiempo haya, quienes afirman que el máximo exponente de la literatura hispana se inspiró en lo ocurrido en las Indias (como entonces se conocía a las colonias españolas de América), para crear a su Alonso Quijano a imagen y semejanza del no menos quijotesco Alonso Andrea de Ledesma.

Se trató de un anciano caballero flaco y de barba blanca vestido con Yelmo y coraza, montando enjuto rocín, quien informado que el pirata Amyas Preston, corsario ingles, amigo de la reina, en el año 1595 avanzaba por un camino escondido en la montaña, con la intención de invadir la ciudad. Cuando por el viejo camino cruzo la cima el 8 de junio con sus 300 filibusteros, los escasos soldados y los habitantes de la ciudad no pudieron contenerlos, pero antes de entrar en ella, se presentó un pintoresco acontecimiento: Don Alonso Andréa de Ledesma, habitante y fundador reconocido, primer alcalde y corregidor de la ciudad, plantándose frente al invasor, con Yelmo y coraza, !montado en una mula, se irguió cuan alto era, amenazandolo con una lanza oxidada, manifestole con fuerte voz «Oidos bien, perro del mar, has encontrado mi ciudad desguarnecida, pero no la tomareis sin combatir, aquí­ estoy para defenderla! Preston sorprendido le dijo, caballero vuestro honor y valentí­a ya han salvado su honor y el de su ciudad. No podréis hacer nada contra quinientos hombres, ¡vuestro sacrificio será inútil!

¡No hay sacrificio inútil cuando se defiende un derecho! Y enseguida el caballero de la armadura cargó al galope contra los corsarios asombrados, al grito de ¡Santiago y Cierra España! Preston le gritó a sus hombres: -que nadie lo toque- ¡lo quiero vivo! Pero el caballero ya habí­a clavado su lanza en uno de los piratas matándolo en el acto, y caracoleaba su caballo clavando su lanza hiriendo a varios. ¡Dispárenle! se lo ha buscado. Y de pronto tronó un arcabuz tumbando al jinete del caballo que cayó muerto en medio del polvo del camino. Preston ordenó quitarle el yelmo para ver quién era, y al ver su cara dio un paso atrás, era un hombre muy viejo.

La noticia de la invasión pirata a Caracas y sobre todo la historia de valentía de uno de sus habitantes, recorrieron los mares hasta llegar a Sevilla, gracias a que varios de los funcionarios virreinales, entre ellos Don Gaspar de Silva, hicieron un informe para mandarlo a las autoridades españolas.

Así le apareció un tocayo forzado, llamado Alonso, igual que Alonso Quijano: Reconocido como Don Quijote de la Mancha, el uno y el otro, Alonso Andrea de Ledesma. A quien se le considera «El Quijote caraqueño». Algunos autores venezolanos, como Eduardo Casanova Sucre, afirman que la noticia fue tan famosa en España, que llegó a oídos de Cervantes. Hecho que explicaría las similitudes literarias.