12 de junio de 2026

Camino del Quindío (Trocha de leyendas)

1 de noviembre de 2022
Por Jairo Londoño Franco
Por Jairo Londoño Franco
1 de noviembre de 2022

Se conmemoran 221 años  (octubre de 1801) del paso de Humboldt y Bonpland por el camino del Quindío. El viaje por tierras quindianas después de su obligada estadía en Ibague, donde le aconsejaron esperar a que mejorara el tiempo, describían el paso del Quindío como excesivamente largo y peligroso, entelequias que resaltaban en interminables consejos como ser cargados por silleros y cargueros, montar en las mulas, llevar carpa para acampar, cargar hojas de bijao para el rancho, porque la carpa mojada pesaba demasiado, etc sin embargo reanudó la marcha en pleno periodo lluvioso, asistidos por 5 cargueros, 12 bueyes con lo enseres, colecciones y provisiones. Soñaba transitar por uno de los lugares más hermosos del planeta, rico en plantas flores y animales, paisajes inigualables útiles e interesantes del territorio neogranadino.

Empiezan la travesía por las laderas orientales de la cordillera de los Andes del lado de Tolima, a su paso, toman atenta nota de la existencia de las rancherías, contaderos y tambos como: La Palmilla, Buenavista, Moral, Quebradas, Azufral y Aguas Calientes, y por el lado occidental del Quindio: Toche Gallegos y Boquía.
Fueron 13 días de lucha bajo la lluvia constante, el lodo, los canalones, el frío intenso, horas de ayuno ante la imposibilidad de juntar la leña para prender candela y los bichos que son sorpresas propias de la selva montañosa.

Llegaron a Boquía, el 4 de octubre, los cargueros la llamaban rancherías o contaderos, dónde se podría pernoctar.

Acampan 4 días, para reposar y reponer su estado físico y continuar su viaje, Boquía es un destapado, los árboles de la orilla del río fueron talados, solo quedan cenizas y tizones de alguna antigua hoguera, para calentarse.

Para evitar que los sorprendiera la noche a intemperie, armaron la ranchería a la vista de las estrellas, bajo un cielo espectacular desde el Boquía. Los cargueros buscaron bejucos, cortaron palos y en pocos minutos construyeron la casa, techada con hojas de bijao,(Calathea lutea). El cobertizo lo techaron con hojas de bijao, las que se recogían en la vertiente occidental de los Andes a las orillas del río Quindío. Modelo de techumbre asimilada por los españoles, de los indígenas que sabían cómo hacerla en capas superpuestas; acontecimiento que causó admiración a Humboldt, al ver que esos techos de hojas, al igual que cualquier carpa, resistían los más fuertes aguaceros. Alli durmieron Humboldt y Bonpland en compañía de los cargueros, quienes los atormentaron toda la noche con sus ronquidos, sudores y flatulencias desagradables e insoportables, hasta que el cansancio los venció. Muy de mañana fueron sorprendidos por algo parecido a una carcajada, que los despertó asustados, los cargueros identificaron el ruido como el canto de la Guacharaca. (Pava)

Para continuar su viaje, iniciando la trepada al alto del Roble descargaron algunas cosas pesadas con la idea de recogerlas más tarde, la subida estaba demasiado lisa y pendiente los científicos lo hicieron asidos a la cola de los bueyes.. Extasiados y fascinados observaban las hermosas formaciones orográficas, como el majestuoso cono truncado del Tolima, el Ruiz y Quindío, cuyos picos nevados parecían el remate de garitas de castillos suspendidos en las filigranas montañosas cubiertas de selvas enmarañadas, más adelante hay movimiento que Humbold describe de la siguiente manera: » a cada momento nos encontramos con mulas y bueyes, Continúamos el camino, cruzando por Portachuelo, Nudilleros, Buenavista y la balsa, comerciantes de Popayán, Buga, e incluso de Pasto, que viajaban a Honda, Mompós y Santa Fe, a comprar ropa (así llamaban a toda clase de telas para la confección de vestidos). Para este transporte, muchas veces se necesitaban hasta sesenta cargueros, también cuenta el trasporte del tabaco y sal a la provincia de Popayán. Entonces les preguntó» encontraron colonos en el camino?.. Dónde podriamos escaparnos y comida caliente? A lo que respondieron» solo dos ancianas muy mal vestidas, cubiertas con ramas, soportando el frío. El…y quiénes serían?..
» La patasola y la madre monte!»…al escuchar esto los cargueros huyeron y costo perder un día para convencerlos a qué regresarán.

Más adelante, el camino les presentó una desagradable sorpresa; el encuentro casi fantasmal, de una caravana de viajeros, andrajosos y casi desnudos, que lloraban a causa del susto, sin explicar porque, o la escabrosidad y penalidades del camino. Humbold se abstuvo de repetir la pregunta por el temor a qué los cargueros los abandonaran definitivamente.

En un destapado de la Balsa, hayaron un puma devorando un guatin, (Dasyprocta punctata) esperaron pacientemente a que terminara su almuerzo, él los miró sin ningún temor y se alejo muy lentamente, » hermoso, parecía doméstico, provocaba acariciarlo», comento el baron De Humbold.

Llegando a Piedra de moler, la recepción de parte de los monos auyadores (alouatta seniculus) fue muy bullanguera, cuando terminó el «amistoso» saludo, la selva quedó en absoluto silencio, ni la lluvia que los acompaño todo el camino se escuchaba.

Una mancha plateada se asomo a la ribera de un río, árboles con hojas de plata erguidos sobre otros verdes, pintaron el paisaje, son los yarumos (cecropia peltata) dónde anidan las pavas caucanas ( Penélope perspicax).

En Cartago, una población a donde llega el oro de los cuatro puntos cardinales, Anserma, Popayán, Quindio e Ibague, para fundirlo en lingotes con destino al Rey de España.alli escucho la historia de un conquistador que explorando el Rio de La Vieja, encontró bañándose a un india de más de cien años, forrada en oro, con diadema. gargantilla. sosten, faja. falda y adornos en los dedos de manos y los pies, todos en oro puro, que le produjo una gran tristeza al capitán español Miguel Muñoz, de verla cargar tanto peso, más de 4 kilos, y entonces decidió alivianarla dejándola complentamente empelota, sin conmoverse ante su rugosa desnudes, para que pudiera subir de regreso a los suyos y poder seguirla, . Eran muchos dijes que sobre sí portaba la anciana, que pesados, dieron ochocientos castellanos. De allí los españoles llamaron el río «de la Vieja» al bello río en cuya margen está situada la población de Cartago.

La abundancia de joyas hicieron pensar a los españoles que la anciana indígena era sin duda una cacica de un lugar cercano, (Así expresó el cronista Juan de Castellanos en su obra “Elegías de Varones Ilustres):»parecía que quería suplir con la hermosura de aquel metal lo que sus años le había quitado».
Tremenda sorpresa se llevó el capitán Muñoz, cuando sus hombres no pudieron seguirle el paso a la vieja, que los dejó rezagados en la cuesta y cuando lograron llegar a la aldea india. Ya había dado la alarma, y los «quindos» los recibieron con flechas, lanzas y bolas de barro duro como piedras. Lograron escapar echándose a rodar por la pendiente para caer al rio.

Saludos Jairoache.