Sobre los ladrones de arte
Por Yesica Giraldo
En Oslo, a mediados del mes de febrero de 1994, Paal Enger –un exfutbolista de poca monta– ascendió a través de una endeble escalera al segundo piso de la Nasjonalgallerit, el museo con la más vasta colección de arte del país nórdico.
Pero, ¿qué buscaba el cínico Paal Enger, al irrumpir durante el día, en la más famosa pinacoteca de Noruega?
Durante meses, el suceso de aquel febrero, fue una vergüenza para la Nasjonalgallerit y para la Policía Nacional Noruega. Enmascarado, Paal Enger, tomo su botín y lo transportó hasta su guarida, una casa familiar en el sur de Oslo.
Media hora después de la partida de Enger, dos policías observaron con extrañeza una escalera abandonada en la fachada de la Nasjonalgallerit y, a los pies de ésta una nota: “GRACIAS POR LA MALA VIGILANCIA”.
En aquel entonces, Oslo era anfitrión de los Juegos Olímpicos de Invierno de Lillehammer. Sin embargo, la celebración se empañó tras descubrir el delito en la Nasjonalgallerit. Desconsolada, la ministra de cultura noruega, Ase Kleveland, tildó de desalmado al delincuente.
Tres lustros después, el celebré ladrón confesó en una entrevista para la televisión noruega, que la más famosa versión de la pintura expresionista creada en 1893, EL GRITO de Edvard Munch, reposo junto a la pata de su comedor durante los meses posteriores al hurto.
Ocho décadas atrás, en 1911, Le Petit Parisien publicó en su primera página el titular:“Le célèbre tableau de Léonard de Vinci LA “JOCONDE” a disparu du Musée du Louvre”.
Algunas preguntas formuladas en los reportajes de la época incluían: ¿cómo cruzó el delincuente -sin ser visto- las escaleras y la Grande Galerie hasta llegar al célebre Salón Carré? ¿Por qué el cuerpo de vigilancia del Museo de Louvre descubrió, hasta un día después, la desaparición de la enigmática pintura renacentista?
La prensa escrita especuló durante meses sobre el culpable: ¿Quién es el autor del robo? ¿Es un bromista o un maniaco?
A pesar del sin igual despliegue policiaco para la recuperación de la obra, la Policía Nacional de Francia estuvo despistada durante dos años.
Ante la fascinación de la prensa por ambos criminales, habría que preguntar: ¿por qué goza el ladrón de arte de un prestigio, que sin duda, no poseen otros delincuentes?
En 2008, a inicios de septiembre, la Fundación Gilberto Álzate Avendaño expuso en Bogotá 115 grabados de Francisco de Goya. El regocijo duro poco, pues un día después de la inauguración –presidida por la rancia clase política bogotana-, la obra “Tristes presentimientos de lo que va a acontecer” desapareció durante la noche.
Tras el robo, la directora de la Fundación Gilberto Álzate Avendaño, Ana María Álzate, calificó éste hecho como una vergüenza nacional. Esta abyección institucional es un estado común en estos relatos y, resulta de una mezcla extraña entre el cinismo del ladrón, la ineficacia policial y la incompetencia –en materia de vigilancia– de las instituciones museísticas. Con frecuencia, las circunstancias que circundan estos hurtos originan historias irrisorias, que se deslizan descaradamente al primetime y a las primeras páginas de importantes medios de comunicación.
El 14 de septiembre de 2008, El Espectador publicó el artículo “EL TRISTE PRESENTIMIENTO DE UN ROBO”. En este texto, el periódico extrajo fragmentos de una misiva divulgada por un grupo autodenominado ‘Comando Arte Libre 11-S’, este colectivo se atribuyo el robo del Goya, como una inusual acción de protesta contra la oligarquía del arte.
Tras el comunicado, NOTICIAS UNO reprodujo en su emisión nocturna una versión amplificada de los hechos, que concluyó con un perfil psiquiátrico del ladrón, quien fue descrito –en pocas palabras– como un sujeto ávido de protagonismo. Poco después, la Policía Nacional de Colombia encontró un sospechoso: el artista bogotano Lucas Ospina. Pronto, el tono burlón del escrito se esfumo cuando la Fiscalía General de la Nación citó al autor a declarar, él confesó –bajo juramento– que éste era una sátira.
Pero, ¿por qué usurpar la identidad de un delincuente?, ¿por qué el ladrón de arte ejerce tal fascinación sobre los mass-media?
Las especulaciones en torno a la figura del ladrón de arte han transmutado éste género de delincuente en un mito1. A diferencia de otros pillos, éste personaje está rodeado –a veces– por un halo romántico o audaz. Además, la torpeza en materia de vigilancia y recuperación de las obras, con frecuencia es utilizada por los mass-media para amplificar –o, distorsionar– el carácter irónico de éstos sucesos curiosos.
- En su obra Mitologías, Roland Barthes describió el mito como la transformación de la historia en naturaleza. También enunció lo que no es: “no es una mentira, ni una confesión, es una inflexión”.