13 de junio de 2026

Día del padre

13 de junio de 2026
Por Omar Morales Benítez
Por Omar Morales Benítez
13 de junio de 2026

 

Ahí llega el Día del Padre. Desde luego la proximidad de esta festividad tiene inicio, por lo general, desde una semana atrás. Usted observa que el operativo estilo “cuerpo élite”, ha empezado su ofensiva cuando advierte que se va disminuyendo su dinero en la caja, producto de su sufrido salario.

Es una especie de fuga de divisas, pero en humildes pesos colombianos: la esposa opta por pedirle una suma mayor para el mercado porque todo está muy caro. Su niña regalona, como una protrica zaina modelo “sabana de Bogotá” le urge para una cuota extraordinaria del club de la universidad. Y el muchacho le ruega le haga un préstamo para un compañero que sin tomar un seguro de vida ni por el chiras viaja en avión a visitar a su familia.

Usted ya sospecha que todo ese desfogue económico es para la compra de los regalos que sabemos. Son aquellos obsequios que se llaman “de mi pa´yo”, lo que le recuerda los célebres auxilios parlamentarios, que van por el mismo camino.

Sinembargo usted no escatima ningún esfuerzo  económico, sin abrir el pico. En su sabiduría pragmática, tan en boga en las calendas que corren, entiende sin dudar  que se trata de privatización de su economía que, sin duda, le va a rendir pingües dividendos.

Se exprime usted la motola imaginando las especulaciones de su mujer e hijos de qué sería bueno obsequiarle. Su mujer que es un as en economía casera sugiere que usted está en gran déficit de calzoncillos (¡ no va a saber ella !). La niña – tan sofisticadita y gran agüante de figuración – considera que eso es muy “mañé”, que qué dirán sus amigas y se le ocurre que para quedar bien lo mejor es darle un equipo de buceo, aunque sea para que haga deporte en cualquiera de las lagunas de la vecindad. El joven, con rostro de reflexiva displicencia opina que el mejor regalo es el revolcón hogareño de rectificar la conducta cada uno de ellos: mamá dejar de cantaletiar

por todo, Susy le promete seriamente que dejará a ese mechudo bueno para nada y él dejaría de espirar sus cachitos. Y agregó: con un ítem: nos ahorramos una platica.

De todas maneras este buen padre de familia, cumplidor de sus deberes hasta donde dejan los impuestos, agüantador, está resuelto a enfrentar el día del padre con la manida frase que usan los asalariados que borran de la nómina oficial o particular:  la satisfacción del deber cumplido.

Y todavía tiene arrestos suficientes para aguantar el almuerzo infaltable en un día como éste: los restaurantes a reventar, una atención a deshoras, con menú especulativamente alto, a riesgo de su dispepsia, como para interponer una tutela gastronómica.

En fin, no olvidemos que ¡ ser padre es un desafío definitivamente muy padre!.