Macronanotes
La torre de control que somos finalmente todos, entre nosotros mismos, es la que nos envía las coordenadas perfectas, para acceder a las conductas correctas.
La pena que pueda darnos, el tener que pasar la página, es a veces sólo rubor, pues de quedarnos en la que agotamos, podría quedarnos, un muy mal sabor.
De acuerdo con la endocrinosofía, las pasiones hormonales, aparte de naturales y esenciales, permanecen imperturbables, dentro sus envases
originales.
Las horas a las que tengamos derecho, aparte de las que ganemos por premios, más las que nos presten sin intereses, tan sólo por ponderar, se minutearán.
Por hacerse primero lo otro, es por lo que no se ha podido hacer lo uno, tampoco podríamos dar fe, de que hacer aquello no haya sido, lo más inoportuno.
La desolación que sentimos es nada, frente a la que pudiéramos muy próximamente sentir, es por eso que es mejor, racionalizar un poco más el maldecir.
Vectoriante, saludero y fortunaz, es más bien la descripción de un Caudillo, que de un ave rapaz, aunque nunca se sabe, de qué el 1o, pudiere ser capaz.
Cuando nos encontramos totalmente en nuestra jurisdicción, no permitimos interdicción, ni que se nos altere el ritmo y menos que se nos rece otra oración.
Las múltiples formas de ser, muchas veces no las alcanzamos a ser y aunque siempre se tiene que ser, no dejaremos nunca, de alguna cosa nueva, tener que ser.
El secreto del humor es saberlo manejar, mirar dónde se debe parquear, ver dónde se puede correr, pero antes mirar si precisa, gasolina o electricidad.