Macronanotes
A veces, cuando logro sacar un permiso, dejo de hacer lo que no podía ser y espero fielmente, confiado, que lo que Dios quisiera me ungiera.
Para espantar a quienes me aturden con sus empalagosas idolatrías, me veo obligado a replicarles con mis suculentos galimatías.
Cuando alguien usa gafas y las pierde, lo único que se le ocurre hacer es mirar a ver dónde podrían estar, ojalá al lado de los audífonos.
Las costumbres más benignas son reacias a ser cambiadas por improvisadas y ajenas argucias de aplicación compleja y causales de toda queja.
Mi antiser pérfido con el demonio conversa, mientras mi ser celestial clama de urgencia por un exorcismo y una pila para el nuevo bautismo.
La papa que desecharon los arroceros es ahora la yuca angular, aunque es más fácil que el ojo de la aguja logre encontrar camello para su dueña.
Algunos temas yacen sepultados bajo sus propios auspicios, y no subyacen de ellos ni los más remotos y prevalecientes resquicios.
Ante la inminente extinción de la humanidad, vaticinada por el profeta “Paztotalio”, llevaron la salud a una crisis institucional que volvió la muerte un carnaval.
Si logramos capitalizar ya los elementos fugados, muy posiblemente las tareas de reconversión del sistema convencional al análogo serán paralelas.
Al paso de los años tenemos que estar muy vigilantes del grado de madurez que estemos logrando, y que lo que se va pudriendo se vaya eliminando.