Macronanotes
Nada se siente bien donde quiera que esté, la cabeza quiere estar lejos del cuello, los brazos lejos del tronco y el ombligo bien lejitos de los miaítos.
Vestido de Espíritu Santo, se me apareció un espanto, le pedí que se me identificara, pero no encontró quién su credencial le falsificara.
Sé muy bien que no estamos ya en las guerras del “Peloponeso”, “pelonoponeso”; debemos bajar la guardia, ni capitular ante la feroz retaguardia.
La vida siempre será complicada, pero por el lado que está más enmantecada; pero con sólo voltear la hoja, encontraremos una realidad inmaculada.
Un kilo cumplió años y se lo celebraron sus dos libras, balanceándose exactas junto a él y cantándole entonadas: “Kiloscumplafeliz”…
La única razón por la cual el mundo no se ha acabado es porque, mientras los ángeles se juntan y cancionan, los demonios se repelen y se alcaponan.
El problema de la humanidad es la alienación; por su culpa puede la superstición hallar alineación, evitando que las heridas del alma alcancen, por fin, cicatrización.
Cuando volvemos a casa después de pisar tierras insondables, no sabemos quién se alegra más: si los que nos esperan o los que ahora las sondean.
Donde quiera que me encontrare, sentiré ser siempre un enviado de Dios; quienes amaren al demonio me verán atroz y les fastidiará mi voz.
Los vientos de guerra, aparentemente, se han amainado, pero no sabemos, en lo subsecuente, a dónde irán. Ojalá que quede quién nos lo cuente.