26 de junio de 2026

Estamos en manos de la kakistocracia

20 de noviembre de 2024
Por Fernando Escobar Giraldo
Por Fernando Escobar Giraldo
20 de noviembre de 2024

Debo reconocer que desconocía el término hasta que mi amigo Fernando Lozano me dijo que Estados Unidos podría caer en una kakistocracia, es decir, que el país podría ser “gobernado por los ciudadanos menos aptos o competentes de un Estado”.

Cuando hice la pregunta a través de un motor de búsqueda en internet, la respuesta fue: “Kakistocracia Es un término utilizado en análisis y crítica política para designar a un gobierno por los más ineptos (los más incompetentes, los menos calificados y los más cínicos)​ de un determinado grupo social”. La Real Academia Española considera «caquistocracia» como la grafía más adecuada en español.

La palabra se acuñó ya en el siglo XVII y tuvo un cierto uso en el siglo XIX, pero es a principios del siglo XXI cuando se ha extendido su utilización en los medios.

El 9 de agosto de 1644 en St. Maries, Oxford, el religioso Pablo Gosnold utilizó por primera vez la palabra Kakistocracia durante un sermón, cuando dijo: “Por lo tanto, no debemos tener ningún escrúpulo en orar contra tales: contra aquellos devotos incendiarios, que han buscado fuego en el cielo para incendiar su país, fingiendo ser religiosos para levantar y mantener la rebelión más perversa; contra esos de Nerón, que desgarraron el útero de la madre que los parió e hirieron los pechos que los amamantó; contra aquellos caníbales que se alimentaron de la carne y se emborracharon con la sangre de sus propios hermanos; contra aquellos de Catilina que buscan sus fines privados en el disturbio público y prendieron fuego al Reino para asar sus propios huevos; contra esas tempestades del Estado, esos espíritus inquietos quienes no pueden vivir más, además de ser pegajosos y entrometidos, quienes son picados con un afán perpetuo de cambiar e innovar, transformando nuestra antigua Jerarquía en un nuevo Presbiterio, y éste nuevamente en una renovada Independencia; y nuestra bien templada Monarquía en una loca especie de Kakistocracia. ¡Buen señor! ¿Qué rumbos salvajes e irregulares han corrido estos hombres, desde que las riendas se han desatado sobre ellos?”.

Hago referencia a un artículo escrito por René Salomé para Infobae, en el cual hace mención de la obra “Kakistocracia depredadora”, en la que el abogado y profesor universitario Allan R. Brewer-Carías explica cómo este preocupante fenómeno se transformó en una tendencia creciente en la región. Una investigación con alarmantes casos concretos que denuncia las consecuencias del “populismo constitucional” y propone otras alternativas.

Salomé menciona a Venezuela. Dice: ¿Cómo pasó Venezuela de ser “el país más próspero de nuestra América Latina” a “una masa dependiente de las migajas que reciben de subsidios, cada vez más empobrecidos, del gobierno”? ¿Cómo llegó su Gobierno a tener una Constitución “de plastilina” que no es más que un “texto de papel mojado que se manipula y muta libremente”? ¿Qué tuvo que pasar en ese país para provocar “la más grande migración de población que ha ocurrido en toda la historia de Occidente”?

Estas preguntas, y muchas más, las responde Brewer-Carías en su nuevo libro “Kakistocracia depredadora e inhabilitaciones políticas: el falso Estado de derecho en Venezuela”.

Lo más triste es que la kakistocracia se ha convertido en una tendencia en Latinoamérica y ahora, con los nombramientos anunciados por el presidente electo Donald Trump, muchos analistas temen lo mismo en Estados Unidos a partir de enero del 2025.

Y Colombia es, lamentablemente, un claro ejemplo de kakistocracia.  La gente capaz, las personas de éxito, los reconocidos por su pulcritud y honestidad, son enemigos de la política y no les interesa manejar el poder del Estado aunque saben que al caer en manos de la kakistocracia, terminan convertidos en víctimas. Los pocos que lo han intentado, teniendo estas características y otras que los haría buenos gobernantes, han terminado fuera de las contiendas, ahogados políticamente en medio de la rapiña armada por los de turno para abusar de un pueblo relativamente fácil de manipular.

Colombia está y ha estado en manos de la kakistocracia desde hace tiempo, gracias a que sus gobernantes persiguen más sus propios intereses que los del pueblo. Eso está demostrado. Con pocas excepciones, gran parte de los funcionarios públicos se nombran, no por sus conocimientos y habilidades, sino por compromisos políticos. Nuestra diplomacia está plagada de kakistocracia con embajadores, cónsules y otros funcionarios, nombrados para responder a deudas políticas.

Y el futuro, en nuestro país, no se ve con tendencia a alejarse de la kakistocracia cuando entre quienes han comenzado a figurar como aspirantes a recibirle el mando a Gustavo Petro hay  señalados por favorecer intereses, no precisamente ideas, o bien de la extrema derecha o bien de la extrema izquierda. No imagino un país gobernado por la señora Vicky Dávila, la nueva actriz en el escenario político, quien propinó un banderillazo al periodismo colombiano al utilizar tan hermosa profesión, como trampolín para sus intereses políticos.

Y, de ahí en adelante, juzgue usted lector, con quien o quienes se garantizaría la continuidad de la kakistocracia o el salir de ella en Colombia, si llegara a la presidencia otro u otra de los que acompañan a Dávila en las encuestas, como Germán Vargas Lleras, David Luna, Enrique Peñalosa, María Fernanda Cabal, Gustavo Bolívar, Paloma Valencia, María José Pizarro, Miguel Uribe, Simón García, Martha Lucía Ramírez, entre otros.