11 de junio de 2026

Mi pueblo

30 de agosto de 2024
Por Jairo Londoño Franco
Por Jairo Londoño Franco
30 de agosto de 2024

Más parecido a una aldea que a una población, el parque era un terraplén que servía de plaza de ferias con toreo de becerros en las fiestas. Los domingos se armaban toldos de lona blanca y se efectuaba el mercado de granos, hortalizas y carnes. Desde luego, nunca faltaron los puestos de golosinas caseras: gelatinas de pata, arroz con leche, caramelos de panela, cucas, buñuelos y natilla navideña que se vendía todo el año. Los perros velaban bajo las mesas para conseguir un pedazo de tripa que, por descuido, quedara colgando en el borde, o el recorte de garra que el carnicero les soltara de su mano.

Teníamos energía eléctrica, un lujo que no podían tener todos los pueblos. La producía una planta instalada a orillas del río Barbas, en cuya construcción participó mi abuelo materno. La luz llegaba por cuotas: después del mediodía hasta las nueve de la noche. De ahí en adelante, tocaba recurrir a las parafinas o lámparas de aceite para encontrar las cosas. En las calles, las linternas eran tan abundantes que le dieron el nombre de Colina Iluminada.

El estadio era una manga del potrero de los López, aplanada para tal fin. Allí se disputaban los mejores partidos de la época entre los equipos “Aliados” y “Andinos”, con barra propia, alimentada por muchos años de historias de los padres y abuelos que también jugaron en su tiempo en alguno de ellos. En ese espacio se efectuaba la competencia de cometas y de trompos por el mes de julio.

La más famosa siempre fue la “cometa de Chun”. La leyenda asevera que fue la cometa más grande del mundo, tan colosal que no pasaba por la puerta de la iglesia parroquial y que su medida semejaba el frontis de una casa de bahareque de dos pisos. Ensamblada la armazón con varillas de guadua, usó la tela para carpa de dos camiones de veinte toneladas, comprada en Armenia. Unidas las dos carpas, procedió a pegarlas para cubrir la estructura usando dos agujas de arria, quedando más parecida a una carpa de circo que a una cometa.

Faltaba la cola, el contrapeso que atrapa el viento contra la tela. Alguien le sugirió recolectar ropa vieja, no importaba el color. Así aparecieron sotanas, pantalones, chalecos, ruanas, calzoncillos, abrigos, suéteres y enaguas o retazos, alcanzando un peso de tres arrobas.

Pero también faltaba la piola. Había en la cancha muchas piolas de trompo, descartadas por razones obvias. En Pereira le recomendaron usar pita de cáñamo para coser las enjalmas. El momento más sublime se dio el día de alzar el vuelo en el mes de julio. Comenzó a elevarla con tal maestría que se ganó el aplauso y los vivas de los concurrentes. Le puso un letrero que decía “Viva Olaya Herrera”, presidente honrado por el cometero. Una especie de ciclón sopló repentinamente sin darle tiempo de soltar la cuerda amarrada a su cintura, y arrastró a Chun falda abajo, por entre estiércol fresco y avisperos quita calzones, terminando engarzado en un cerco de alambre de púas.

Afortunadamente, la cuerda reventó volando a gran altura sobre Quimbaya, vía a Piedramoler, desapareciendo para siempre. Arrieros que transitaban con recuas de mulas por esos caminos contaron haberla visto pasar junto a las nubes, rumbo al Río de la Vieja. Don Jesús María Ocampo (Chun) tenía su casa en la misma cuadra de mi tío. Era un personaje muy gracioso a quien no le estorbaban las preguntas de los niños. Su taller estaba lleno de correas, jáquimas, herraduras, monturas, enjalmas y rejos de cuero, pues su oficio siempre fue el de talabartero. Su hijo, un muchachito muy despierto, se llamaba Ensite, o por lo menos así lo llamaba él, a grito tendido. Cuando se le perdía jugando con los amigos, por lejos que se hallara, el muchacho escuchaba el grito de su padre, repetido por los pueblerinos a quienes les parecía gracioso colaborar con el llamado. Llegando hasta los rincones más apartados, más pronto que tarde, Ensite pasaba las calles veloz para atender el llamado de Chun, quien no podía creer que su llamado llegara tan lejos.