11 de junio de 2026

La soledad

25 de junio de 2024
Por Jairo Londoño Franco
Por Jairo Londoño Franco
25 de junio de 2024

Con el deseo de tomarme un americano de buena calidad y sabor, me acerqué a una cafetería en Chipichape llamada “Oma Express”. Había sillas disponibles a la sombra, y al aproximarme, un cliente me llamó y me ofreció una cerveza. Era una persona de edad avanzada, bien vestida, que se encontraba solo en la parte más apartada de la barra. Le agradecí la invitación y le comenté que prefería el café tipo americano, a lo que él estuvo de acuerdo.

Durante nuestra conversación, él mencionó la soledad que a menudo acompaña a las personas mayores. Yo compartí que, personalmente, disfrutaba de la soledad, pero que también contaba con la compañía de mi esposa y de una buena señora que nos atendía. Aunque mis hijos vivían lejos, siempre estaban pendientes, y manteníamos una buena relación con los vecinos del apartamento.

El cliente reveló que había tenido esposa e hijos, pero se había separado de ambos. También mencionó que sus amigos ya habían fallecido y que intentaba hacer nuevos amigos invitándolos a su mesa. Sin embargo, notaba que la mayoría se despedía rápidamente y eran malos conversadores.

Para prolongar nuestra compañía, lo invité a compartir un postre. A mí me gusta la torta de zanahoria, mientras que él eligió una de naranja con semillas de amapola. Durante la charla, evitamos hablar de política y fútbol. Él se identificó como ingeniero mecatrónico pensionado, y, por casualidad, descubrimos que éramos tocayos. Al indagar en nuestro árbol genealógico, encontramos un parentesco lejano: él resultó ser tataranieto de Bruno Londoño.

Terminamos la conversación como amigos, felices por el encuentro. La soledad, según él, es una condición emocional que se produce cuando una persona se siente distanciada, incomprendida o rechazada por otros, o carece de los recursos sociales adecuados para llevar a cabo las actividades que desea. Especialmente, aquellas actividades que proporcionan un sentido de integración y oportunidades para la intimidad emocional con otras personas.

Cuando me retiré, volví la mirada para ver su reacción. Lo vi feliz, y me gritó “¡Feliz Día del Padre!”, golpeando la mesa y aplaudiendo en señal de aprobación. Nos despedimos con la promesa de tomarnos un tinto juntos y de ser amigos. ¡Feliz Día del Padre, mi querido nuevo amigo!