11 de junio de 2026

Cuando chico

5 de febrero de 2024
Por Jairo Londoño Franco
Por Jairo Londoño Franco
5 de febrero de 2024

Cuando era chico, como todo niño, vivía pendiente de comparar lo que consideraba mis bienes con los de los otros niños. El problema era que los otros niños tenían mejores juguetes, mejor ropa, una casa más bonita. No tenían carro y nosotros tampoco, y eso era lo único en lo que éramos iguales, ¡en no tener!

Sus bicicletas, bolas, balones, patines, tenis, no me dejaban dormir. Poco a poco logré conformarme con lo que tenía, porque había otros que tenían menos que yo.

Luego vinieron las invitaciones a sus hogares, a jugar con las canicas más hermosas que haya visto, el parqués de colores, carros con ruedas, la pirinola, sus libros con figuras. Yo no me atrevía a invitarlos hasta el día que mi madre me dijo: “Invítalos, algo nos inventaremos”.

Ese terrible día llegó a principios de diciembre, era sábado y fueron llegando uno a uno con sus mejores prendas. Los noté tímidos, como pensativos. Los hice seguir y, sentados en una banca larga, permanecían callados, hasta que salió mi mamá a saludarlos. Parecía que se les salían los ojos.

Y entonces caí en la cuenta: mi mamá era la más bonita de todas las mamás, la más fresca y alegre. Con su sonrisa permanente los había deslumbrado.

Fue una tarde muy agradable, repartimos bizcochuelos, bocadillos de guayaba, buñuelos. No teníamos gaseosa, pero mamá preparaba el mejor sirope del mundo y a cada mamá le mandó su platillo.

Las bicicletas, los carritos y pirinolas se venden en las tiendas, pero mamás como la mía no se conseguían.

Ya de adulto, comprendí que para cada niño su madre es la más linda del mundo, la que sabe más, la que mejor cocina y que nadie lo quiere más. Desde el cielo, mi madre les manda saludos y felicitaciones este día.