El aquelarre
Murió Chucho. El jueves pasado se publicó la triste noticia. Chucho, el oso de anteojos que tanto lucharon las autoridades ambientales de Manizales para que fuera llevado a terminar plácidamente sus días en nuestra reserva del Río Blanco, murió de cáncer, confinado en el tórrido zoológico de Barranquilla, por decisión judicial, seguramente tomada con base en análisis técnicos, más que en el bienestar del animalito. Obviamente, no se puede afirmar que el buen clima de la reserva habría mejorado las condiciones de salud del pobre Chucho, pero sin duda el oso habría estado mucho más cómodo, sobre todo en estos últimos meses de temperaturas excesivas en la costa. En todo caso, ya descansó el osito. Ojalá en futuras oportunidades se piense más en garantizar el bienestar de los animales que en prolongar su vida de sufrimientos.
Si se acaban las corridas. El pasado 5 de septiembre ha sido nuevamente aprobado en segundo debate por el senado de la república un proyecto de ley que prohíbe la celebración de corridas de toros en el territorio nacional. Pasa a la cámara de representantes, donde se someterá a dos debates más y, si en ellos se aprueba, la prohibición quedará convertida en ley de la república.
Durante bastantes años, los grupos animalistas han buscado que se apruebe esa ley. Y ahora hay bastantes probabilidades de que reciba la aprobación final.
Alrededor de la llamada fiesta brava hay muchos intereses económicos que siempre han logrado mantener la existencia del espectáculo, pero esta vez la prohibición parece más cercana. La votación en el senado, de 50 votos a favor y solo 4 en contra, es un indicio bastante creíble de que existe el ambiente necesario para acabar con las corridas, como puede percibirse además por la cantidad de ciudades y pueblos de Colombia en donde se celebraban corridas hace algunos años, y en los que ya no se ha vuelto a practicar la tauromaquia.
Para los aficionados, esta decisión, si finalmente se adopta, será una pérdida. Pero no hay duda de que el país gana si no se continúa la sangrienta práctica de torturar y sacrificar a los toros en público, para delirante placer de quienes siguen esta práctica.
Nos queda a las gentes de Manizales un problema por resolver. Desde hace como 70 años, con solo un par de interrupciones, se ha celebrado la feria anual de nuestra ciudad, que es un evento importantísimo para promover la economía local impulsada por el turismo masivo que ha atraído siempre a los colombianos a nuestro principal evento. Y es indudable que la Feria de Manizales, que fue organizada a imagen y semejanza de la feria de abril en la Sevilla de España, ha mantenido siempre ese carácter español y taurino. Si finalmente se prohíben las corridas, tendremos que hacer una reingeniería de nuestra máxima fiesta anual. Existe el ejemplo de Cali. Aunque en esa ciudad las corridas se han mantenido, no se puede negar que han perdido importancia relativa de manera acelerada. Hace muchos años, apenas terminada la Feria de Cali en enero de cada año, empezaba la venta de abonos para la temporada siguiente. Y los abonado de la edición anterior tenían prioridad en la venta de esas entradas. La plaza se llenaba tarde a tarde hasta las banderas, y si alguien que no tuviera boleta deseaba ir a toros en el siguiente diciembre, tenía que comprar boletería revendida a altísimos precios. Pero desde hace algunos años, de manera natural, la otrora inmensa afición taurina de Cali ha venido disminuyendo continuamente. Los dirigentes de la ciudad fueron cambiando el carácter de la festividad y su base principal ya no son los toros sino la salsa. Cali se ha ido imponiendo a nivel global como la capital de ese ritmo, un poco a la manera de lo que es el culto a la samba en el famoso carnaval de Río de Janeiro.
Frente a la posibilidad cada vez mayor de que se prohíban las corridas, los dirigentes manizaleños deberán hacer un esfuerzo máximo por convertir a la Feria de Manizales en un gran espectáculo, con expresiones culturales, artísticas y deportivas de la mayor trascendencia, para que siga teniendo la importancia que la ha caracterizado, tanto a nivel nacional como internacional. Propongo a los responsables de le Feria que consulten las colecciones existentes de programas antiguos de la Feria, para que recuerden los maravillosos espectáculos que tenía ese evento en los primeros años cuando, a pesar de contar con solo tres corridas, lograban llenar (literalmente: llenar) la ciudad de turistas la semana completa.
Y resulta oportuna la intención de alguno de los candidatos a alcalde de la ciudad en las próximas elecciones, de crear 52 eventos extraordinarios, uno para cada semana, con los que quiere engalanar el año entero la vida de nuestra ciudad, e impulsar el turismo a volúmenes nunca vistos. Suena utópico pero, ¿Qué tal que resulte posible?
Pago del transporte público. El presidente Petro ha lanzado una novedosa propuesta para financiar el trasporte público urbano de pasajeros en las principales ciudades del país: según lo que se ha conocido hasta ahora, la idea es que el costo del servicio de transporte no sea pagado por sus usuarios al abordar los vehículos (trenes, tranvías o buses), sino por todos los consumidores del servicio de energía eléctrica. O sea que todos los ciudadanos, así estén paralizados en una cama, o inconscientes, y sin posibilidades de abordar un transporte, subsidiarán a los viajeros, sea que se transporten por necesidades laborales, por negocio o por simple placer. Esta vieja Bruja, por ejemplo, no está en condiciones de montar en bus. Sin embargo, tendrá que aceptar un alza importante en su factura de electricidad, para cubrir un derecho que le es imposible ejercer. Lamento saber que esa es una decisión ya tomada, porque es, en este caso al menos, una medida inequitativo e injusta. Dejo constancia de mi inútil voz de protesta por esta decisión. Inútil, digo, porque la izquierda, con su ánimo de nivelar siempre por lo bajo, no tiene corazón, y no va a reconsiderar el asunto.
¿Se salvará el Once? Nuestro compañero de tertulias de El Aquelarre, aficionado al fútbol, se encuentra al borde del infarto porque el incomprensible Once Caldas, que parece a veces resucitar en su difícil lucha por alejarse del amenazante descenso que le respira en la nuca, pierde luego encuentros aparentemente fáciles en los que actuaba como local, y cuyos tres puntos tenía la obligación de conquistar. La pérdida ante el Huila, y el empate con Envigado, ambos en casa, están afectando gravemente a nuestro buen amigo futbolero. No se resigna en su convicción de que el descenso del equipo es inevitable. Y entiende que, como ocurre con el Atlético Quindío, caer a la segunda división (qué cuentos de primera B), será un castigo que deberá sufrir durante largos años, si es que algún día logra reponerse. Triste destino para un conjunto que fue otrora campeón de la Copa Libertadores de América.
