Temática social en la novela (V)
El novelista siempre ha sido un testigo excepcional de su tiempo, un creador de belleza con el talento suficiente para retratar en palabras su tiempo, un artista con la sensibilidad social necesaria para recrear el mundo que lo rodea. El escritor no puede desentenderse de la realidad social de su patria. Está llamado a despertar la conciencia crítica de los ciudadanos. Su voz debe ser una antorcha encendida contra las injusticias sociales. Todas las novelas que en este sentido se han escrito en Colombia tienen un común denominador: su denuncia contra la opresión, su defensa las clases marginadas, su exposición literaria de la angustia existencial del hombre. Por esta razón es común encontrar en ellas, como personajes centrales, prostitutas, borrachos, mineros y campesinos.
Nuestros novelistas se han preocupado, siempre, por hablar en sus obras sobre la situación de desamparo en que se encuentran esas clases sociales que habitan los cinturones de miseria, del sudor del labriego que trabaja la tierra, de la mujer que lava ropa ajena para obtener su sustento. Sus personajes han sido, en la mayoría de los casos, seres anónimos que transitan la geografía colombiana sin esperanzas de un mejor futuro, sin una sonrisa en el rostro. Seres humanos que parecen caminar por un oscuro túnel de miseria, sin oportunidades en la vida, llevando a cuesta su propia angustia. Precisamente un caldense, Jaime Ibáñez, escribió una novela que, dicho sea de paso, reposa en los anaqueles del olvido. Se llama Cada voz lleva su angustia (1944).
Jaime Ibáñez Castro nació en Manizales en 1919 y murió en Bogotá en 1971. Abogado, periodista, ensayista, se destacó como vigoroso narrador, con estilo depurado. Publicó las siguientes obras: No volverá la aurora, Donde moran sueños y Un hueco en el aire. Su obra más conocida es Cada voz lleva su angustia. Esta novela que se inscribe en el realismo social, básicamente. En ella aflora esa preocupación constante de Ibáñez por los temas de la tierra, del desarraigo, de la miseria campesina, del dolor humano. Jaime Ibáñez fue, en nuestro concepto, el otro novelista caldense de mostrar, después de Bernardo Arias Trujillo. En Cada voz lleva su angustia narra el drama de esos campesinos que ven cómo su tierra se erosiona, frustrando sus esperanzas.
A propósito de Bernardo Arias Trujillo: algunos estudiosos de la literatura colombiana, como Fernando Ayala Poveda, ubican su novela Risaralda (1935), en la lista de obras con alto contenido social. Veamos por qué. Sopinga, el pueblo de la obra, es una zona de vida o muerte, habitaba en su mayoría por negros que huyen de los blancos. Es un pueblo de conflictos raciales debido al enfrentamiento. Allí viven dos fugitivos de la justicia: Juan Manuel y Víctor Malo, que prácticamente imponen su ley. Sopinga está habitada por malandros, tahúres, contrabandistas, prófugos. Su ambiente es, por lo tanto, de desolación, de miseria, de supersticiones. Ahí radica su importancia dentro realismo social. La Canchelo, una mujer hermosa, es un personaje con raíces de miseria.
Ya que hablamos de autores caldenses, es necesario mencionar a otro escritor cuya obra trasciende los límites de realismo social. Se trata de Iván Cocherín. Nacido en Marmato en 1909, su verdadero nombre fue Jesús González Barahona. Su obra literaria se centra en la angustia del minero, en la soledad del campesino, en la incomprensión del obrero, en la miseria de desempleado. Cocherín forjó una obra literaria de ricos matices sociales. Fue, en esencia, el novelista el proletariado. Sus títulos lo dicen todo. Veamos: Derrumbes, Nadie, Túnel, Esclavos de la tierra, El sudor suda negro, Carapintada, Barbacoas, Al chinchorro le han caído estrellas. En todas sus novelas campea el dolor de hombres y mujeres que vive en medio de la desesperanza.
Iván Cocherín fue un escritor del pueblo. Aunque en la mayoría de sus libros utiliza un lenguaje con metáforas novedosas, de elevado vuelo poético, nunca perdía el hilo en el habla popular de sus personajes. Incluir su nombre en la lista de los novelistas colombianos con temática social es un acto de elemental justicia. Sus relatos tienen olor a socavón, a piel tiznada por el trabajo, a sudor de hombre que trabaja en las minas. Como puede ser también el caso otro caldense, José Vélez Sáenz. En su libro las llaves falsas (1976) están las confesiones de un marihuanero, un tema que se inscribe en la temática social. José Vélez Sáenz logró en este libro la aproximación más afortunada a ese mundo sórdido de las personas que viven bajo la influencia de los alucinógenos.