12 de junio de 2026

Piratas del río Magdalena

24 de octubre de 2022
Por Jairo Londoño Franco
Por Jairo Londoño Franco
24 de octubre de 2022

Cuando escuchamos la palabra «pirata» inmediatamente nos imaginamos a un marinero, con pata de palo, un gancho en lugar de mano, un parche en el ojo y una pañoleta de colores vivos anudada en la cabeza, esa es nuestra visión involuntaria.

La pata de palo y el gancho en la mano, realmente no eran frecuentes en la piratería, se requería agilidad para el abordaje a los barcos españoles, por lo tanto los discapacitados no eran aceptados en la tripulación.

El parche tenía una función distinta. Nuestras pupilas tardan poco en adaptarse al pasar de la oscuridad a mayor cantidad de luz, pero el proceso inverso puede llevar hasta 25 minutos. Demasiado, sin duda, si nos encontramos en pleno abordaje.
Los piratas cambiaban su parche de ojo para dejar al descubierto el ojo adaptado a baja iluminación y poder así cambiar sin problemas entre cubierta y zona interior del barco.

Los que nunca llevaron parches, fueron los piratas del río Magdalena, estos no atracaban barcos. Sino a las poblaciones ribereñas. Plagiando la piratería del caribe, buscando el oro proveniente de las reales minas de Mariquita (Tolima), con destino a Mompox. El más famoso fue Henry Hudson de Mañozca, descendiente de pirata y de inquisidor, quien fue uno de los últimos filibusteros que asoló las Antillas en su nao Discovery, y en medio de sus ilusiones triunfalistas logró burlar el cerco español y penetrar por el Río Grande de la Magdalena hasta la ciudad de Mompox, la que sitió durante treinta y nueve días, la saqueó y se llevó una custodia de siete kilos de oro puro, treinta y siete pinturas famosas, las campanas de las iglesias donadas por el rey Fernando, con el mismo oro colonial, un piano de cola y tres ancianos que leían el presente. En Mompox se realizaba la famosa operación de quintaje en la época de la colonia, la deducción de la quinta parte de todo el oro recaudado que se enviaba a la Corona española.El oro se depositaba en Mompox por el temor a frecuentes ataques de los piratas en las costas, y el excedente de oro alentó la llegada de orfebres y plateros desde España.

Mañozca, más conocido como «Barbamarilla», según cuenta la leyenda dejó sepultado entre los «pozos de la noria» de aquellas casas señoriales de los Franciscanos, los Jesuitas, los Dominicos y los Agustinos, todos inmensamente ricos, cuyas iglesias se comunicarían al Pozo de La Noria como lugar de escapatoria.Tres tesoros que suman miles de lingotes de oro, alhajas, piedras preciosas y doblones, producto del saqueo a que sometió las ciudades de las Antillas, aún no han sido hallados.

Hudson de Mañozca nunca negó su condición de filibusteros con permiso de la reina , con quién se sentaba a tomar café y a hablar de las riquezas escondidas en las colonias españolas y de pertenecer a la Gran cofradía de la Hermandad de filibusteros que habitaban la isla de La Tortuga y cuyo objetivo eran las naos españolas,
en ciertas épocas del año la gente asegura haberlo visto sentado sobre el brocal del Fozo de la Noria con varios arcones llenos de oro.

(Leyenda mompoxina)

Saludos Jairoache