4 de diciembre de 2021
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Carta a una hija antes de su matrimonio

26 de noviembre de 2021
Por Fernando Escobar Giraldo
Por Fernando Escobar Giraldo
26 de noviembre de 2021

Esta carta es real, reúne quizás el pensamiento o pensamientos de millones de papás. Hoy la quiero compartir con ustedes, los lectores. Ya lo hice antes en uno de mis libros pero a alguien se le ocurrió la idea de incluirla en una de las columnas en Eje 21. Aquí va …

Hija mía:

Podría pensarse que todo lo que tenía que decirte ya está dicho. Pero no es cierto, me doy cuenta que nunca terminaré, y ahora, más que nunca, debo hablarte, decirte cosas de las que nunca tal vez hemos hablado y que tienen que ver con el futuro que has elegido. Es tu voluntad y merece todo nuestro respeto y apoyo.

En verdad, como lo dije, podría pensarse que ya todo está dicho, sin embargo, hoy le hablé a tu retrato. Al que adorna la sala de la casa. Y descubrí varias cosas.

Descubrí que me es fácil hablarle a tu fotografía porque me escucha con toda la paciencia del mundo y nunca deja de regalarme tu sonrisa que tanto me gusta y tanta falta me hace. No me responde, no me reprocha, no me hace gestos. Por favor, no me mal interpretes, no se trata de ser irónico, qué caso tendría ahora. La verdad es que tu, la de carne y hueso, si me has respondido, pero equivocadamente he pensado que la respuesta debe ser la que quiero escuchar y no la que tu crees es la correcta. Y ese es un error de mi parte.

Tal vez otro de mis errores ha sido el de creer que a tu edad eres todavía una niña.

También aprendí del retrato que tu presencia en casa es tan grande que, aun viéndote en silencio, en una fotografía, todavía alcanzas a irradiar tu alegría, tu nobleza, tu don de gentes, tu voz de arrullo, tu candor, tu sinceridad, tu ingenua manera de ver la vida, tus caricias coquetas, tus mimos, tu inteligencia, tu sensibilidad, y tantas otras virtudes que te son características. Y si crees que de pronto en algunas de esas virtudes exagero, por favor trata de verlo bajo mi punto de vista, el de tu padre que te ama intensamente.

Le hablé a tu retrato con voz fuerte y no me reprochó nada, por el contrario, continuaste sonriendo.

Y aunque me privé de escuchar tu voz, que tanta alegría me trae cada día, llegué a sentirme conforme con el hecho de hablarle a tu retrato y no a ti directamente. Y eso tiene su explicación, pues sumado al profundo dolor que me causa tu partida de casa, algo que no puedo evitar, tengo que agregar que no siempre me escuchas. Quizás no siempre he sabido comunicarme con ustedes, mis hijos. Me he pasado una vida entera tratando de ser diplomático con mis hijos, explicativo, claro, ejemplar, coherente, sincero. Y de pronto concluyo que he pecado de iluso, que gran parte de lo dicho ha caído en terreno aparentemente estéril, es decir que he tratado de sembrar en tierras fértiles, pero sin la herramienta adecuada, y por ello me es difícil obtener una cosecha. Créeme que los papás también somos ingenuos, y también soñamos, y nos equivocamos mucho.

Reflexionando sobre lo anterior, todavía frente a tu retrato, comprendí que me he pasado la vida escribiéndoles cartas a mis hijos. Y que no sé si las leen porque adivinan su contenido que nada les dice, o las leen sin tratar de entenderlas porque no les interesa. Es por ello que, en esta carta trato de ser diferente. Cuando la leas, entenderás muchas cosas, tal vez tengas que preguntarlas y estaré ahí para responderte. Tendrás que leerla varias veces. La estoy escribiendo unos días antes de tu boda, y me detengo a pensar que eres tan joven. Eres mi niña. ¿Lo ves? No puedo evitar llegar a esa conclusión.  Perdona por ello, pero es que … soy tu papá, eso no lo podemos cambiar. No me elegiste. Dios nos eligió a los dos para estar juntos.

Perdona también que sea tan débil, lo cual además es humano, pero escribo en la medida en que las lágrimas y mis atropelladas ideas me lo permiten. Soy llorón por naturaleza, eso lo sabes, me causan pena las injusticias, y los abusos, y los atropellos, y muchas de las cosas que ocurren a nuestro alrededor. He luchado hasta la saciedad con mi conciencia para entender siempre tus actos, y los de tus hermanos. Pero no soy Dios, y no logro aceptar esta cruel realidad de no poderme comunicar con las palabras propias de mis hijos, como lo desean. No lo entiendo, no encaja con mis ideales, con mis sueños, con mis metas ni con la manera como veo tus propias metas.  Estoy afligido por tu partida, a tal grado que quizás estoy viendo espantos donde no los hay, pero mi conciencia no da otra cosa, está enmarcada por unas costumbres, unos pensamientos, unas enseñanzas que a veces pienso no concuerdan con tu plan de vida y por ello esta incertidumbre, este malestar, esta inestabilidad, esta tristeza.

Mirando tu retrato concluyo que tu voluntad siempre ha dirigido la mía, es decir, siempre he aceptado cuanto quieres, lo que pides, lo que anhelas. He sido cómplice de tus pilatunas y hemos guardado el secreto. No sé si bueno o malo, pero te he complacido en todo y ahora me pregunto … ¿será todo eso un error? Tu madre insiste en que no tenemos que culparnos de nada. Que les hemos dado la educación que hemos considerado adecuada. Pero yo creo firmemente que muchas veces he fallado. Lo que si tengo muy claro es que en este hogar estamos llenos de buenas intenciones, aunque no hayan sido suficientes. Me cabe el orgullo de decir que el ejemplo que les hemos dado ha sido siempre el mejor, aunque quizás tampoco ha sido suficiente.  Es incomprensible para mi.

En esta oportunidad tu cómplice te ha fallado, no te apoya en tus pilatunas, que ahora son mucho más que eso, simplemente las acepta.

Quiero repetirte algo que te dije recientemente y que te ruego el favor de no olvidar, aunque sea lo único que aceptes de esta carta, aunque quizás no lo comprendas si es que me comparas con el hombre que has elegido por esposo. Te amo como ningún otro hombre podrá amarte. Te amo desde antes que nacieras y te amaré hasta que uno de los dos muera. Y si es posible, también te amaré en el más allá. Mis brazos estarán siempre abiertos para ti, por favor nunca vayas a sufrir por vanidad o por orgullo, aquí estaré siempre para ti. Dios quiera que tu plan de vida sea el mejor y te brinde máxima felicidad al igual que al joven que has elegido como compañero en las alegrías y en las adversidades. Pero si algún día el cielo se oscurece para ti, si la red se rompe y el mar no te arrulla más, si te sientes perdida entre tinieblas, si te crees ahogada, mi luz estará ahí para guiarte, mis brazos para estrecharte y todas mis fuerzas para recibirte con este amor gigante que te profeso.

Pero te aseguro que no es lo que deseo. Por el contrario, anhelo que tu felicidad perdure. No puedo negar que estoy triste y que mi obligación es esconder esa tristeza para no enturbiar tu felicidad. Quizás para mi esos son sentimientos encontrados, pero nada de eso puede impedir que quiera, por encima de todas las cosas, que seas feliz.

Mi corazón es tu casa. Una vivienda que tu amoblaste a tu manera, con tu estilo. Y por ello siempre serás bienvenida a ella. Y si algún día quieres volver a escuchar una de las historias aquellas que tanto te agradaron, las volveré a tejer para ti. Como cuando eras pequeñita.

Y esperándote también, estará a mi lado, espero que por muchísimo tiempo más, aquel ser extraordinario que es tu madre.

Lo ideal, sin embargo, es que ganemos un hijo más y no que perdamos una hija. Eso fue lo que siempre pensé para el día en que te casaras, siguiendo nuestras costumbres y bajo las leyes humanas y de la naturaleza. Ruego a Dios que muy pronto eso suceda, que tengamos un hijo más, aunque quizás no sea inmediato.

Es mi deber recalcarte cosas que ya sabes pero que son muy importantes … por favor, léelas varias veces si fuese necesario y tómalas en cuenta. Te suplico que las tengas en cuenta, aquí van.

      El matrimonio no es de uno, son dos para amar, dos para luchar, dos para decidir, dos para equivocarse y dos para acertar.

      La traición no cabe. Jamás. El hombre o la mujer que se la juega a su pareja no sabe amarse ni siquiera a sí mismo, es repugnante.

      Traten ambos de fijar ciertos parámetros positivos desde el comienzo. Dividir actividades en el hogar y ser organizados en todo, ayuda mucho. Organizados en lo personal, en el cuidado de la casa y de las finanzas.

      Nunca hagas nada a escondidas. Nunca nada. No funciona. Tarde o temprano las cosas se saben. El sol es para los dos y el frío también. Y los momentos de placer y los de amargura. Pero no los de debilidad, allí uno de los dos debe sacar la cara e impulsar y ayudar al otro.

      Piensa dos veces antes de hablar, de responder, de ofender.

      Nunca, nunca, nunca, intentes poner una mano encima de tu esposo ni tampoco permitas que él lo haga sobre ti.

      Aprende y practica los quehaceres domésticos aunque no te gusten y trata de que él también aprenda a cocinar, a limpiar, a lavar y demás.

      Escucha y después habla. Nunca pisotees la voz de tu esposo ni permitas que él lo haga. Y cuando hables mantén la calma, si lo haces, siempre resultarás ganadora.

      Sé creativa y motiva la creatividad de él para vencer la rutina. Es un mal muy peligroso que destruye matrimonios, pero es fácil de combatir si existe voluntad para ello.

      Busca consejo en las personas en quienes confías cuando lo necesites. No temas hacerlo, quizás no pongas en práctica lo que te digan pero tal vez te den buenas ideas.

      Nunca dejes de estudiar. Por Dios, nunca. El ser humano nunca deja de aprender y todo cuanto aprende sirve para su engrandecimiento personal y el de quienes le rodean.

      Ama la naturaleza y comparte sus bondades y su belleza con tu pareja.

      Ahorra. Aun en los momentos difíciles, ahorra. Créeme que eso será un alivio para ambos y para los hijos en el futuro.

      Cuida tu salud, también con ello se demuestra amor y respeto al ser que se ama.

      Haz ejercicios permanentemente y come de manera saludable. Procura lo mismo para tu esposo. Convierte ambas cosas en un proyecto familiar.

      Nunca abuses de la confianza que otras personas te brinden. Abusar de esa confianza es la mejor manera de perderla para siempre.

      Tu sonrisa es hermosa, mantenla todo el tiempo que te sea posible. Créeme que es una de las maneras más positivas de comunicación que existen.

      Saluda siempre, despídete siempre y siempre da las gracias. Te lo hemos inculcado desde niña y te lo reitero, es algo que representa muy poco esfuerzo pero que implica grandes valores.

      Siempre que puedas, participa como voluntaria en obras sociales y en lo posible involucra también a tu esposo y a tus hijos.

      Jamás visites a nadie llegando con las manos vacías. Siempre lleva un detalle. Y tampoco dejes de expresar un sentimiento de cariño a tus seres queridos en momentos importantes, como cumpleaños, bautizos, bodas, pero es más bello y significativo cuando lo haces en cualquier momento, sin mayor motivo que el de ser expontáneo,

      Da algo a los pobres, a los necesitados, a los sin hogar. Y convierte también esa sana costumbre en un proyecto familiar, incúlcalo a tu esposo e hijos. Y cuando des algo, nunca esperes nada cambio. Y cuando regales no sólo des de lo que te sobra, tiene más valor desprendernos de algo que apreciamos, que quizás nos haga falta pero que hace más falta a otros.

      Cumple fielmente con tu trabajo, respeta a tus superiores, no juegues sucio, trata a los demás como te gusta que ellos te traten.

      Cumple a cabalidad con las citas. No hagas esperar a nadie, llega siempre a tiempo.

      Dirige tu mente diariamente hacia la idea de no criticar ni juzgar a nadie. Déjale esa tarea a otros con menos escrúpulos que tú.

      Mantente siempre limpia y arreglada. A todos los hombres nos gusta ver a la mujer maquillada, bien vestida, bien peinada, con sus uñas pintadas y demás.

      El sexo no es tabú, es algo normal y además se disfruta. Hacer el amor es rico. Pero también en ello debes ser prudente. Investiga por tu cuenta y pide consejo a personas de confianza, si fuese necesario, sobre cómo mantener una buena relación sexual. Pídele a tu esposo que haga lo mismo. De la buena voluntad de la pareja depende el éxito en la relación íntima. Se vale ser creativo. Se vale decir que “no” cuando sea necesario, pero con prudencia y delicadeza. Y es necesario planificar, también con mucha prudencia, la llegada de los hijos.

      En tu hogar y en todos los actos de tu vida trata siempre de aplicar el sentido común.

      Mantén el buen humor y sonríe cada vez que te sea posible.

      Nunca seas perezosa. La mujer perezosa “se hace coger pereza”.

      Dialoga siempre. No impongas criterios ni permitas que te los impongan. Del buen diálogo siempre surgen cosas positivas. Y si en un momento dado una situación no se ve apta para el diálogo, entonces procura cambiar de ambiente, de lugar, para  poder dialogar. Cámbialo para otra ocasión, verás que funciona.

      Nunca guardes silencio cuando crees que debes opinar. Es cierta la frase popular que dice que ¨el que calla otorga¨. Es bueno expresar lo que sentimos con prudencia, con diplomacia, sin ofender, aunque estemos equivocados.

      Junto a tu esposo selecciona las amistades que desean y les conviene tener. Eso es importante y es un derecho de la pareja. Si te equivocas con una amistad entonces deséchala.

      Conserva para ti las intimidades del hogar. No cuentes a otras personas más de lo que debes, aun en los momentos de enojo, de inseguridad o de debilidad.

      En tus ratos libres lee mucho. Leer nutre el espíritu y ayuda a mantener una mejor relación con las demás personas.

      Cuida y maneja bien las finanzas. Elabora un presupuesto mensual, verás cómo ayuda eso a mantener una mejor situación financiera.

      Y cuando lleguen los hijos, ábreles cuentas de ahorro desde que nazcan.

      Haz todo cuanto esté a tu alcance para mantener unida a la familia. A la tuya y a la de tu esposo. No abandones a tu familia, mantén una relación constante con ellos, al fin y al cabo son quienes te acompañarán por siempre, de una manera o de otra.

      Trata de mantener siempre la independencia individual y de pareja. Procura no vivir nunca de arrimados, el hacerlo es ponerse a un paso de la ruina matrimonial.

      Mantén buena relación con tus vecinos, nunca tengas enemistad con ellos.

      No permitas, y convence a tu esposo de hacerlo, que terceras personas, así sean muy cercanas, intervengan en las decisiones primordiales del matrimonio. Una cosa es pedir o recibir consejos y otra permitir que terceros intervengan directamente en el hogar.

      Por nada del mundo sacrifiques tu libertad ni trates de quitarle  libertad a otras personas. Recuerda que tu libertad llega hasta donde comienza la de los demás. Mantén tu espacio, hazlo respetar y respeta el de los demás.

      Trata de aprender los gustos y aficiones de tu esposo y comunícale las tuyas, así podrán compartir y comprenderse mejor.

      Respeta las leyes, las humanas y las divinas.

      No grites. Es molesto y nada consigues cuando gritas.

      Mantén siempre la sensibilidad hacia el prójimo e incúlcala a tu esposo, si notas que no la tiene.

      Respeta las creencias de tu esposo, las religiosas y otras. Y procura que también él respete las tuyas.

      Mantente en contacto permanente con Dios. De la manera que te nazca o te guste hacerlo, pero no dejes de hacerlo. El te ama, te valora y te ayuda. Ora, es la mejor manera de dialogar con Dios y El siempre te escucha.

      No olvides los valores morales y espirituales que has aprendido de tus padres. Mantén el amor por tus padres al igual que por tus hermanos. Bien sabes que siempre recibirás de nosotros ese mismo sentimiento en grado mayor.

      Y, por favor, nunca sientas temor, vergüenza, orgullo, desconfianza, de acudir a tus padres. Nuestras puertas siempre estarán abiertas para ti con todo el amor que te tenemos.

Si descubres que en algunas de las recomendaciones anteriores tus padres no te dimos el ejemplo, de todas maneras, ponlas en práctica, todas son ideas positivas para llevar bien una relación matrimonial y una vida individual mejor.  Estas son apenas algunas ideas, agrega las tuyas.

 

Te deseo lo mejor hija mía. Dios te bendiga.

 

Te ama.

 

Papá