27 de octubre de 2021
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Cuidado con fatigar las palabras

27 de septiembre de 2021
Por Humberto de la Calle
Por Humberto de la Calle
27 de septiembre de 2021

A raíz de una declaración de Petro en la que acusaba a Duque de ser autor de crímenes de lesa humanidad y la funesta respuesta del Ministro del Interior, publiqué un trino en el que decía que Petro había exagerado pero que lo hizo de manera aún más dañina el señor Ministro.

Recibí en las redes el “merecido castigo” como lo dijo con ironía Wasserman. Se me acusó de complicidad con Duque o algo parecido.

Entonces me explico: la expresión crimen de lesa humanidad se ha venido usando de manera creciente como una especie de superlativo, para significar una conducta muy grave. Se trata, es obvio, de delitos gravísimos, pero a ello hay que sumar que deben ser cometidos “como  parte  de un  ataque  generalizado o sistemático contra  una  población  civil  y  con conocimiento de  dicho ataque”. Es lo que dice el Estatuto de Roma. Los ejemplos utilizados en la jurisprudencia le dan más claridad al concepto. El comercio atlántico de esclavos, el holocausto nazi, el gulag soviético, los campos de concentración británicos en la guerra de los Boer, el uso del agente naranja en Viet Nam, en fin, una colección de hechos generalizados o sistemáticos. Por cierto la JEP tendrá que examinar la situación en Colombia.

Es preciso condenar la arremetida de la fuerza pública en las recientes movilizaciones. Esto exige analizar la responsabilidad del Gobierno. Lo que sostengo es que el uso de expresiones ampliando y exagerando sus linderos, termina desgastando el contenido descalificador de la noción.

Ha sucedido también con la expresión “corrupción”. Hace digamos dos décadas, tenía un significado más afrentoso. Hoy se la usa para tal cantidad de desafueros -menores, graves y monumentales-  que ha terminado haciendo parte del paisaje. Al diluir la fortaleza de la palabra, es la corrupción misma la que termina haciendo parte de ese paisaje. Me pregunto si la corrupción no nos estará ganando la guerra.

Vamos el caso contrario: Alejando Ordóñez denunció penalmente a Danny Samper y otros por una publicación en la Revista SoHo por una crónica llamada La Última Cena, con foto de un desnudo y todos los fierros. Danny me hizo el honor de defender esa causa, sin interés económico de mi parte. Una de las acusaciones era contra Fernando Vallejo por utilizar la palabra marica en esa atmósfera de simbolismo religioso. En mi época de bachillerato marica era lo peor. Más grave que una mentada de madre. Ahora es un estribillo. Cogí una grabadora y recorrí varias universidades. En efecto ese vocablo se volvió muletilla. Por esa, y otra razones más profundas, ganamos el caso para bien del periodismo libre. Aquí la moraleja es al revés: por fortuna la herrumbre de la palabra ha venido de la mano de la atenuación de la discriminación. Menos para la ultraderecha perseguidora, claro está. Ojalá el ingreso al petrismo del concejal antiderechos Saade solo sea pasajero afán de votos. Aun así, reprochable.

Coda: Hoy Alemania puede girar al centro izquierda. Como ocurrió en Noruega y, es definitorio en España, Italia, Portugal y, ahora, Canadá. Y aquí dicen que no existe.

Codita: El origen de la prima está relacionado con la participación de los trabajadores en un plus utilidades. Con la ventaja de que no se aplica ciegamente. Depende del P y G. Buena o mala idea, pero no sacrílega como lo sostienen los opositores de Petro.