17 de junio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Los encuentros de Sanín Echeverri con Carrasquilla

15 de mayo de 2021

Por: Jorge Emilio Sierra Montoya (*)

El escritor Jaime Sanín Echeverri (1922-2008) es uno de los “Tres Grandes Académicos de la Lengua”, mi más reciente libro donde aparece su biografía junto a las de sus colegas Jaime Posada Díaz y José Consuegra Higgins, como justo reconocimiento, al cumplirse el pasado lunes 10 de mayo, 150 años de la fundación de la Academia Colombiana de la Lengua (1871-2021), de la que fueron miembros destacados.

De dicha publicación, Tomo 10 de mis Obras Escogidas en Amazon, reproduzco el fragmento que revive los encuentros personales de Sanín, en su juventud, con don Tomás Carrasquilla, maestro de maestros en la literatura antioqueña.

Llegada al periodismo

Jaime Sanín Echeverri fue escritor y periodista innato. Lo era desde la escuela primaria en los años treinta del siglo pasado, cuando escribió un artículo sobre la gratitud, cuyo texto, conocido por los alumnos que dirigían el periódico escolar Semanario Infantil, se publicó con gran despliegue.

“Fue mi primer contacto con los lectores, mi primera actividad periodística”, declaraba Sanín en 2007, a sus 85 años de edad, después de haber trasegado por el periodismo -“El oficio más bello del mundo”- durante más de siete décadas.

Su posterior ingreso al periódico El Pueblo, de Medellín, no tenía por qué sorprender a su familia, ni mucho menos que en plena adolescencia apareciera un ensayo suyo en El Colombiano, con motivo del centenario de nacimiento de un escritor de la región: Juan José Botero (autor de la novela Lejos del nido), el cual generó comentarios bastante positivos, favorables.

“El poeta del colegio”

Nadie se extrañó tampoco cuando el rector del Colegio San Ignacio, padre Ángel María Ocampo, lo nombró secretario privado para contestar a la voluminosa correspondencia que recibía, tanto para redactar algunas cartas como para escribir a máquina sus textos, dictados en ocasiones.

Ni cuando, siendo quinceañero, ya era reconocido como “El poeta del colegio”, fama conseguida a través de su actividad intelectual, de los cuentos y poemas que abundaban en su creciente obra, y, sobre todo, de su flamante título como jefe de redacción de la revista Juventud Ignaciana, en la que hizo las veces de director porque su titular no ejercía el cargo.

Con Martán Góngora

Fue cuando apareció, proveniente de Pasto, Helcías Martán Góngora, “un poco mayor que nosotros”, para cursar quinto y sexto de bachillerato. Se trataba de un poeta de prestigio nacional, pues ya había dirigido una revista literaria y mantenía intercambio epistolar con representantes del grupo Piedra y Cielo -como los poetas Eduardo Carranza y Jorge Rojas-, mientras hablaba todo el tiempo sobre literatura moderna, declamando de memoria los versos de Neruda.

“Era un tipo completamente contemporáneo. Él iba a la vanguardia y nosotros, sus compañeros, estábamos en la retaguardia, apegados aún a los clásicos griegos y latinos o, si mucho, a la literatura española”, comentaba Jaime, quien además había fundado, con diez o doce jóvenes más -entre ellos, Jaime R. Echavarría, el Círculo de Historia y Materias Afines, al que Martán se integró para dictarles cátedra.

La literatura se convertía en su pasión a medida que el tiempo pasaba.

“Pesos pesados” de las letras

Estos jóvenes comenzaron a codearse con los escritores veteranos, de amplio prestigio nacional, como Efe Gómez -“Muy reservado a pesar de ser buen amigo de la familia”, según Sanín-, Tomás Carrasquilla -“Más amable, con quien nos reunimos varias veces”-, Gonzalo Restrepo Jaramillo, Antonio J. Cano, Ciro Mendía y Julio César García, entre otros que fueron generosos al estimular su temprana actividad intelectual.

Carrasquilla merece, por la trascendencia de su obra, mención especial. Se hicieron amigos, es cierto. Pero, fue Martán Góngora quien tuvo la iniciativa de visitarle por primera vez en la casa de sus hermanas, donde a los 78 años, todavía solterón, se dedicaba a escribir al recuperar parte de su visión tras una exitosa cirugía de cataratas.

“En Popayán nos atendía el maestro Guillermo Valencia”, les dijo Martán para animarles a llamar por teléfono a Carrasquilla en su afán de pedirle una cita, conocerlo, manifestarle su profunda admiración juvenil y poner a su consideración algunos trabajos literarios.

El encanto de Carrasquilla

“Claro que los recibo”, respondió don Tomás, quien desde la charla inicial los atendió con simpatía, como si fueran viejos amigos. “Era un encanto. Conversar con él era tan delicioso como leerlo”, afirmaba Sanín Echeverri, feliz de la despedida que entonces les hizo el célebre autor de La Marquesa de Yolombó: “Vuelvan cuando quieran”.

Aceptaron la oferta. Y en cada visita él les narraba sus travesuras, algo infantiles. Como cuando le comentó a Ernesto –El Vate– González, tan pronto éste le solicitó un concepto sobre su voluminosa obra para niños -titulada Juan Grillín-, que sería el mejor escritor del país… ¡si escribía como hablaba!

O cuando, en el prólogo a un libro de versos de León Zafir, consagrado poeta popular, declaró sin rodeos que los antioqueños son buenos pa´ colgarse un poncho y una mulera al frente de una recua de mulas, como lo son para ponerse frac y escribir pulido.

“Zafir es de los primeros”, fue el satírico elogio de Carrasquilla, cuidándose de causar heridas a su amigo.

Buen escritor por verse

O cuando el mismo Sanín, después de leerle sus cuentos de adolescencia en la revista Juventud Ignaciana (donde él había publicado una entrevista suya a don Tomás), lo estimulaba con la mirada puesta en el futuro, no en el presente: “Si usted perserva, ¡llegará a ser buen escritor!”

“Nunca me dijo que yo fuera buen escritor”, se lamentaba Jaime al revivir, en su estudio, tan lejanos recuerdos, donde Carrasquilla aparecía sonriente, algo burlón, sarcástico y crítico de los méritos literarios de sus contemporáneos, fueran jóvenes o viejos.

“Era un encanto”, repetía.

(*) Miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua y autor del libro “Tres Grandes Académicos de la Lengua” -Amazon, 2021-.