6 de mayo de 2021
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Evelio Giraldo Ospina

Un futuro «sollao»

10 de julio de 2017
Por John Sajje
Por John Sajje
10 de julio de 2017

Por John Sajje

Muchos conocen la canción ‘Libre’ de Nino Bravo, grabada en 1972. Pocos saben que fue una historia real ocurrida diez años antes en Berlín oriental y tenía que ver con los sueños de Peter Fechter  y su amigo de infancia Helmut Kulbeik, quienes planearon durante varios meses el modo de escapar de ese lado de la ciudad, saltando el muro de Berlín que había sido levantado un año antes. El 17 de agosto de 1962 fue la fecha escogida para hacerlo. Los dos jóvenes arrancaron a correr pero la mala suerte hizo que los guardias que custodiaban la parte oriental del muro se percatasen y disparasen sobre ellos, hiriendo de muerte a Peter. Helmut tuvo mejor fortuna y consiguió pasar al otro lado. Lo peor fue  que Peter Fechter cayó herido justo en la parte conocida como “tierra de nadie”, por lo que los soldados de uno y otro lado no quisieron acercarse a socorrerlo ante el temor de que los guardianes del bando contrario les disparasen.

Quizás de entrada,  para evitar ingresar en berenjenales, debo decir que fumar marihuana es de cualquier forma  “legal”. No para analizar, respetando y no compartiendo, el fallo de la Corte en torno a su legalidad mínima, como para decir que metieron la pata – al aprobar el consumo, más no el expendio- Pero no es el tema.  Y no lo es, porque la sorpresa tuvo su culmen en aquel primer sábado de mayo en el parque Ernesto Gutiérrez, cuando bien entrada la tarde un personaje micrófono en mano, arengaba con su mejor parlache a cientos de jóvenes envueltos en humo: ¡“Aquí estamos compartiendo nuestro porro…todos los parceritos fumando marihuana desde las 10 de la mañana”! Mientras, una densa humareda salía de aquel carnaval cannabico. Era ¡el día de la marihuana! Al fondo sonaba el reggae y ellos “no comían de nada”. El transeúnte casual, miraba anonadado, de reojo; temiendo por su cordura. Para a los “sollados”, importaban poco los “visajosos” que les miraban incrédulos. ¡“Mano de chunchurrias” –pensarían- que poco o nada saben de un “viaje”! “Chichipatos”, mirones que no son sino “paguanas” y nunca entienden como se la “solla” un “ñero” y se vienen a “perratiar” “banderiando” el programa, en vez de  “chuparse” y dejarnos con nuestras “vueltas”. ¡¿Qué difícil de entender, no?! Pero no todo consumidor es ñero, así como no todo ñero mete “punto rojo”; aunque un auténtico “baretero” sí.  ¿Será también “drogo” la abuelita que se la unta con alcohol?  Por ahí va el debate. Porque la misma sorpresa, de aquel mayo sabatino, le surge a cualquiera que visite un campus universitario. Bien sea por el temor a que estos “muchachos” se alcancen a fumar el Arboretum de la Caldas o se terminen de tomar la plazuela de la Tecnológica de Pereira. Por citar solo dos universidades, de todas donde, sin excepción se consume la sativa.   Allí vienen los sueños de libertad. Porque el problema no es el estigma de consumir, ya que es un acto autónomo y voluntario, sino el resultado del análisis del ¿quiénes lo están haciendo?, ¿por qué y de dónde nace que algunas carreras sean proclives o soslayadas por el consumo? Ello llevaría a pensar que dentro de cada claustro universitario existe un problema en dos mundos, paralelos, que solo tendría solución de respeto, si se adopta la estrategia del cigarrillo: “Lugar libre de humo” y se fortalecen “las escuelas universitarias de padres”. Porque tanto derecho tienen los que consumen, como los que no lo hacen. Ello lleva a pensar en torno a la calidad del profesional que se forma y la deontología misma que tiene cada carrera e incluso en torno a qué mecanismos posee, en su autonomía universitaria, ese centro para asumir el fenómeno, droga, con interés social. Y sorprende porque estamos ante una serie de movimientos sociales que defienden el medio ambiente. Dirán que fumárselo no hace daño y puede ser una verdad, pero quemarlo sí. Recurrirán  a un taita indígena, pero al menos sabemos que el humo es contaminante y por muy buenos pulmones que se tenga y mucho que aspiren no se alcanzan a absorberlo todo.

No es para rasgarse las vestiduras. Tampoco para señalar. Quizás como decía el arengador del parlache,” son más las víctimas de la violencia por ingesta de alcohol que por efectos de la marihuana” pero queda un sabor de boca en una sociedad que se enfrenta a un posconflicto y unos claustros que forjan los profesionales del futuro.

Al final Peter Fechter acabó muriendo desangrado tras estar cincuenta minutos tirado en el suelo. Transcurrido ese tiempo un soldado de la República Democrática Alemana se acercó hasta él, lo cogió en brazos y lo llevó a que lo atendieran, pero ya era demasiado tarde para el joven que falleció pocos minutos después.

A propósito, ¿es usted de los que creen que su libertad o la tierra de nadie de las universidades, permite conculcar los derechos de los demás y la moral social?