19 de mayo de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La muerte política

2 de abril de 2017
Por John Sajje
Por John Sajje
2 de abril de 2017

Por John Sajje 

En la Ilíada de Homero, el poema épico sobre la guerra de Troya, alrededor del siglo XII a.C. Se narra como el héroe griego Aquiles va en busca de Héctor,  con un ronco bramido de rabia.  Los angustiados testigos sólo aciertan a oír los apagados ruidos de los golpes y el fragor metálico de las armas chocando. Súbitamente se oye un fuerte grito, Héctor está muerto. ¡Todo se paralizó!

Los dioses, también, presenciaban desde su morada celestial esta desgarradora escena. Zeus envió a Iris hasta Tetis,  para ordenarle que devolviera el cuerpo de Héctor a su familia en luto. Aquiles  se niega a devolver el cadáver para los funerales. 

Samaná está a 172,9 km de la capital de Caldas en el oriente. En sus once calles, diez carreras, diez cantinas y los chongos del “El palomar” y  “buenos aires” se esparce el rumor…

  • ¡Oye, te noto raro!
  • Aquí pensando, que ayer, en el colegio de mi hijo, la policía dio una charla en torno a las drogas- contesta el contertulio
  • Qué bueno, la policía está dando esas charlas para que los niños no caigan-
  • Y les dijeron que los traficantes ¡hasta raspado de hueso, de animales, le echan a la droga para hacerla rendir!
  • ¡Cómo no sea otra cosa y para otra cosa!
  • ¡Explícate!
  • ¡No! ¡Tú ya oíste el rumor!
  • Hombre, qué rumores ni que rumores. Yo como José Arbey solo canto:
  • “Que rico es volver a este pueblo
    Y con los amigos en las fiestas disfrutar
    Reír gozar con todos los paisanos
    Oír los cuentos historias y relatos
    Bebiendo trago aquí en este Samaná…”
  • ¡Hombre esto es más que eso! Por si las moscas no olvides ponerte: ¡los calzoncillos al revés!

El dialogo parece casual, pero es simplemente una punta del rumor que entre dientes intenta hacerse furtivo en un pueblo de montaña.

Desde el templo de San Agustín. En una homilía de rayos y centellas, el púlpito se estremeció. La voz del sacerdote retumbó en cada bóveda de la iglesia: “¡Aquí están profanando tumbas para hacer males a la gente!”  Su voz parecía venir desde el Éxodo capítulo 22, 18 y el Levítico 20-27, donde están las bases para la instauración de una lucha en contra de la idolatría y la brujería, tal como se expresa en el nuevo testamento – Gálatas  5, 20. La legislación canónica en COLOMBIA acoge la legislación civil aplicada a la brujería en lo que se relaciona a la estafa, en el Artículo 246 del código penal– Todos en el templo guardaron la respiración. ¡Estaban “paralizados”! Los mayores se santiguaron de nuevo –por si las moscas- Algunos por el rabillo del ojo miraban al vecino de banca. El padre continúo su panegírico. Incluso a la hora de dar la paz, algunos extendieron y estrecharon las manos con timidez.

La profanación es el trato irrespetuoso o el uso profano de lo sagrado, mientras tanto, por profano, se refiere a aquello que no es sagrado ni presenta ninguna vinculación con lo sagrado.

Y es que la palabra brujería en nuestra sociedad está asociada a un mundo oscuro, donde sujetos que se dicen poseedores de unos dones especiales, practican rituales de iniciación, de sanación, de maldición, de adivinación, de comunicación con los muertos: Tiran las cartas. Hacen Limpias, viabilizan negocios, des entabacan, quitan el mal de ojo. Hacen amarres, traen al ser querido o simplemente “secan” Es posible que la brujería sea una metáfora o incluso una moraleja donde se conjuga el miedo a la muerte, la sal, el agua y el conjuro. Es eso que permitió señalar a Juana de Arco de Brujería, a Calvino de pacto con el diablo, o de llamar a Carlos II de España, el Hechizado. Con la voz del cura, el imaginario colectivo despertó mitos, conjeturó, pensó en “la bruja Dioselina” y los hombres miraban con sospecha. Recordaron,- quitando un  poco de hierro al cuento- el chiste cuando se decía que: “Samaná no entra la guerrilla para no tener que comprar boletas” ahora se dice que alguien, en el pueblo, está es fabricando una pócima colectiva para retirar a los vendedores de boletas.

Al final Aquiles, cede -los inmortales se sienten ofendidos- cuando Zeus, el rey de los dioses, dice que está «provocando la ira del cielo» con su ansia de «descargar su furiosa venganza en el muerto sagrado».

A propósito de profanaciones: ¿Cree usted que la justica debe obrar de ipso facto decretando la muerte política y económica de aquellos que profanan las arcas públicas¨?