28 de mayo de 2022
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Hijos que avergüenzan a sus padres

26 de marzo de 2017
26 de marzo de 2017

— Casualidades delincuenciales  de dos Robertos–

Así como hay padres que han sacado pecho, llenos de ufanía, en Colombia, ante los éxitos de sus hijos, también hay hijos de repugnante calaña que se han constituido en vergonzosos baldones para sus padres y sus familias enteras.

Dos escándalos puntuales de marca mayor (uno del pasado y otro del presente) nos sirven de ejemplo para recapitular sonoros episodios que le dan pie a esta nota de EJE 21.

Vástagos de padres de aquilatado prestigio, los dos herederos (por un tris o un pelo) no fueron homónimos completos:

Roberto Soto Prieto –hijo del famoso periodista tolimense Jaime Soto, creador y director de los espacios radiales de opinión de audiencia tan multitudinaria como “Cantaclaro” y “Contrapunto”— perpetró el robo electrónico de 13 y medio  millones de dólares de una subcuenta de Colombia en el Chase Manhattan Bank. Luego fue procesado en Alemania por tráfico de estupefacientes. El despreciable accionar delictivo de su hijo mató de pena moral al comunicador oriundo de Honda que en sus editoriales solía hacer gala de este eslogan: “La verdad dicha sin compromisos, ni contemplaciones”. El hijo desgraciado acabó prácticamente con la brillante carrera periodística de su progenitor.

Roberto Prieto Uribe –hijo del conocido dirigente empresarial manizaleño Luis Prieto Ocampo, ex gerente de Tejidos Unica, ex presidente de la ANDI y ex alcalde mayor de Bogotá—protagoniza hoy por hoy una serie de escándalos perpetrados sin un ápice de escrúpulos en su rol de gerente de las dos campañas electorales del presidente Juan Manuel Santos, en las que abundaron las canonjías, mediante el recibo de millones de dólares, por concepto de sobornos pagados por firmas multinacionales  a la clase política colombiana. Aunque alega una inocencia en la que nadie cree, el hijo corrupto manchó para siempre el buen nombre de los Prieto caldenses y se llevó de calle a otros hermanos suyos, entre quienes figura Mauricio Prieto, quien durante su gestión como gerente general de Caracol le tocó afrontar la única huelga que silenció por largas semanas a la primera cadena radial colombiana.

Vamos con Roberto Prieto

Nos apoyamos en el abogado y periodista Rubén Darío Barrientos, quien acaba de debutar como columnista semanal del diario digital EJE 21, para sintetizar  las andanzas de Prieto Uribe:

No ha resultado tan angelical José Roberto Prieto Uribe, simplemente mencionado periodísticamente como Roberto Prieto. Es que el actual chivo expiatorio del tema Odebrecht (pues a pesar de que “todo se supo” por el presidente Santos y su comité financiero, éstos se hacen los de “la vista gorda” y los de “la oreja mocha”), hijo del destacado hombre público Luis Prieto Ocampo y natural de Manizales, tiene mucho prontuario a cuestas. Como diría una señora del pueblo, ese señor es toda una astilla. Y lo es, por el oscuro mundo al que ya se ha acostumbrado transitar.

Tiene un importante recorrido académico: Economista, de la Universidad Externado de Colombia; Especialista en Mercadeo, de la Universidad Eafit y Diplomado de alta gerencia, de la Universidad de la Sabana, pero ha equivocado el rumbo del ejercicio profesional decoroso, prefiriendo marchar por las calles empedradas de la falta de ética, hasta ocultarse en el matorral de la corruptela.

Su condición non sancta comenzó desde el proceso 8000, donde recibió la suma de $ 1.400 millones por la samperista campaña publicitaria en radio y televisión. Pero allí, dentro del maremagnum que se formó con elefante y a las espaldas, tuvo que dar explicaciones judiciales acerca de la recepción de USD$30.000 recibidos en efectivo y el origen de varios cheques. Aunque resultó salpicado, terminó indemne como casi todos. Operó como Radiodifusores Unidos S.A., pero bajo estratagemas la liquidó, hizo maniobras para insolventarse, traspasó bienes y aunque perdió un sonado pleito laboral con muchos ceros ($ 3.000 millones) terminó por hacerle el “tumbis” a las dos accionantes exempleadas.

Este personajillo, que funge como consultor estratega con énfasis en gestión de medios –designación bastante ampulosa para esconder tantas infamias– se mueve en un vehículo muy aparente: la empresa Marketmedios (creada cuando era director de Buen Gobierno), en donde hace la perrada de no aparecer como accionista, ni como representante legal ni como miembro de Junta Directiva. El hombre visible es su brother Mauricio Prieto, pero todo el mundo sabe que es simplemente un testaferro de un pararrayos al que le caen las centellas de miles de millones de pesos por los privilegios del régimen. Baste decir que la toteada Saludcoop, estando en liquidación, le pagó $ 3.000 millones por unas asesorías sobre medios entregadas a dedo.

Roberto Prieto, el mismísimo que ostenta un robusto esquema de seguridad, sin ocupar cargo público, cobró para la firma suya, pero que oculta bajo jugadas maestras, la suma de $ 2.400 millones por una campaña de seguridad vial para semana santa. En el último tramo, en la era de Santos, ha facturado Marketmedios la friolera de $ 80.000 millones, en una feria inmunda de adiciones y prórrogas, en donde el solo Ministerio de Relaciones Exteriores le ha pagado $ 8.700 millones por las asesorías, la Registraduría $ 6.800 millones, el Departamento Administrativo de la Presidencia $ 1.050 millones, el Fondo Nacional del Ahorro $ 6.400 millones, al mejor estilo Natalia Springer, de esas en donde no aparecen las justificaciones y solo saltan las plumas del favorecimiento.

Como gerente de la campaña de Juampa, instruía a los aportantes acerca de las consignaciones en el exterior (según revelaciones escandalosas de Gustavo Rugeles en La Fm), en donde primero los dineros caían a una oficina de Nueva York y luego aterrizaban en otra de Panamá. De sus asesorías, tras recibir las millonadas, no quedan rastros en muchas ocasiones de los propios estudios de mercados y de medios. Mejor dicho, lo de Odebrecht es una poma al lado de la gran maestría que exhibe Prieto para camuflar ingresos, jugar con los testaferratos, cobrar coimas, recibir a la jura contratos, esconder datos, amañar las cosas y convertir las mentiras en aparentes verdades.

Gran negocio el de Prieto: ser gerente de campaña presidencial y a cambio recibir una hemorragia de contratos y un río de millones de pesos contractuales. Vergüenza de país.

El turno para Soto Prieto

Recurrimos ahora a los opulentos archivos de Google, Semana y El Tiempo para reconstruir el récord delictivo del  Soto Prieto:

Doce secretos del robo de US$ 13.5 millones

Meses de intercepción de comunicaciones y de paulatina exasperación de los involucrados en el robo de los US$ 13.5 millones condujeron a la Procuraduría, en 1984, hacia los protagonistas del mayor fraude electrónico en la historia de Colombia. Un robo millonario planeado por Roberto Soto, hoy procesado por tráfico de estupefacientes en Alemania. EL TIEMPO ubicó a Hernán Astorquiza, uno de los principales investigadores de la defraudación, y este es su relato sobre las intimidades de la investigación.

Un intento frustrado Dos o tres meses antes de robar el dinero de la subcuenta de Colombia en el Chase Manhattan Bank, Roberto Soto Prieto había intentado, sin éxito, hurtar una suma equivalente a los 13.5 millones de dólares de una cuenta del Fondo Andino de Reservas, entidad que administraba recursos de países del Grupo Anino y que operaba desde el edificio que hoy es sede la Procuraduría General de la Nación, en el centro de Bogotá.

Soto había puesto sus ojos sobre un cuantioso depósito en dólares constituido por el Fondo en un prestigioso banco alemán que él representaba en Colombia. Así, un domingo de febrero o marzo de 1983, Soto envió a Antonio Sebollero y Campo y a Rafael Esteban Rodríguez Cristancho a las instalaciones del Fondo Andino de Reservas, y éstos ofrecieron 20 mil pesos a un celador con el único fin de que les permitiera visitar el piso 25, en donde funcionaban las citadas oficinas.

Sebollero, de origen español, cuñado de Roberto Soto, su ingreso al país se había producido irregularmente. Suiza lo había solicitado en extradición bajo cargos de estafa pero la Corte en Colombia había rechazado la solicitud.

Rodríguez Cristancho, por su parte, era ingeniero de sistemas y empleado de Equipaelectro, una compañía que dirigía Nelson Torres Palomino, por entonces, el más calificado técnico colombiano en sistemas y redes de computación.

Equipaelectro hacía el mantenimiento de sistemas en el Emisor, Telecom y Licse, esta última, una firma de exportación de maderas y palmitos propiedad de Soto y ubicada en la calle 100 con avenida 19, en el norte de Bogotá.

Afortunadamente, ese domingo de febrero o marzo, antes que dejarse sobornar, los vigilantes de la entidad pusieron sobre alerta a la Policía y el F-2 detuvo a Sebollero y a Rodríguez Cristancho. Ambos recobraron la libertad en poco tiempo, pero al finalizar 1983 esa sería una pista clave para develar la organización de Soto.

Plagados de errores A pesar de que ocurrió el 11 de mayo de 1983, el robo de los US$ 13.5 millones de dólares solo se descubrió en octubre siguiente cuando el general Miguel Vega Uribe solicitó información sobre los réditos de la cuenta. Dos télex falsos, plagados de errores ortográficos e inconsistencias tan severas que la cifra en números no correspondía al valor en letras, constituyeron el único punto de partida.

Meses sin resultados Durante varios meses, nuestras investigaciones no arrojaron una sola pista clara sobre la identidad de los partícipes en la defraudación y solo teníamos un hecho: un robo millonario consumado a través de una red de pares aislados que cualquier técnico hubiese podido manipular y que desde Telecom permitió interceptar las líneas de télex del Banco de la República, y transferir fondos a cuentas cifradas.

Verificamos que el dinero había partido del Chase Manhattan Bank en Londres a la cuenta República de Colombia, abierta por Soto con ese nombre, en el Morgan Guaranty Trust de Nueva York y que desde allí el dinero había sido transferido al Hapoalin de Zurich. Pero era todo. Después de tres cuentas cifradas en Panamá cualquier rastro del dinero se perdía en las Azores y en la Isla Caimán.

Entre diciembre de 1983 y enero de 1984, no obstante, dos hechos se convirtieron en definitivos. Una comunicación telefónica nos condujo a la extraña visita de Rodríguez Cristancho y Sebollero a la sede del Fondo Andino de Reservas, y el levantamiento de la reserva nos llevó al estadounidense Henry Robert Russel.

Qué hubo de mi plata? Ubicamos a Cebollero y Campo en la ciudad de Cali, interceptamos sus teléfonos y nos encontramos con las primeras conversaciones de Roberto Soto Prieto y Antonio Sebollero. Era un pugilato de mutuas reclamaciones por el manejo de unos dineros.

Sebollero estaba desesperado porque Soto no había entregado el dinero que le pertenecía, y porque durante meses se había limitado a responderle con evasivas. El dinero no lo puede sacar aún porque está colocado a tres meses o a cuatro y ello podría crear sospechas… , etc. Sebollero, según explicaba una y otra vez a Soto, había adquirido un carguero costosísimo y debía pagar por el e iniciar de inmediato el transporte de palmitos y madera desde Tumaco.

Soy agente de la CIA Entre tanto, la Interpol y la Policía Suiza aceptaron levantar la reserva de la cuenta cifrada. Y por primera vez tuvimos acceso a la foto de Robert Henry Russel y a otra, excesivamente borrosa, de un supuesto Alberto Lara González. Localizamos en Houston a Russel, pero este negó conocer a algún Roberto Soto, advirtió que era un ex agente de la CIA y aseguró que perdíamos el tiempo. Ustedes están interfiriendo con un secreto de Estado y quizá mundial dijo a la Procuraduría. Ese dinero es una donación secreta de Colombia para la compra de unas armas que tiene por destino la guerra de las Malvinas en Argentina . La intercepción de los teléfonos de Soto, sin embargo, puso en evidencia lo absurdo de la coartada. Recuerde que usted no sabe nada , advertía siempre Soto a Russel.

Estuve en el calabozo La negativa del Hapoalin a entregar el dinero por ventanilla obligó a Soto a desplazar a Rodríguez Cristancho, Torres Palomino y Ayda Cañizalez Padilla, la mujer de Torres Palomino, a Panamá. Torres había sido el encargado de interceptar el télex del Emisor, Cristancho había hecho la digitación y Soto había redactado los textos. Con Sebollero, eran los cuatro protagonistas de la defraudación. Los restantes habían sido timados y utilizados.

Mi fotografía en Suiza? Alberto Lara González no existía ni en la Registraduría, ni en el DAS, ni en la Cancillería. Sin embargo, la publicación de la borrosa fotografía de Zurich hizo el milagro. Soto Prieto recibió una llamada de un sujeto que se identificó como Fernando. Usted que hizo con mi fotografía, ahora estoy en todos los periódicos. Qué hace mi fotografía en Suiza…? . Fernando era en realidad Fernando Bedoya, un tramitador víctima y protagonista de fraude. Soto, pensando en el fraude, había denunciado la perdida de todos sus documentos varios meses antes de perpetrar el robo y había solicitado a Bedoya que le tramitase una cédula (esta resultaría ser falsa). A la vez, aprovechando la relación, Soto le ofreció a Bedoya cinco mil pesos por una foto cualquiera. La necesito para un documento que después le cuento. Si quiere présteme una suya . Y así había ocurrido. Después, Soto había incluido la fotografía en un pasaporte falso colombiano, utilizado por él y Robert Russel para abrir la cuenta en Hapoalim de Zurich.

Golpee a su esposa La desesperación de Bedoya llevó a Soto a fraguar un nuevo plan para su caso. Lo citó en una cafetería de la calle 100 y le dio diez mil pesos. Luego le dijo: Vaya a su casa, rompa todos los vidrios, arme un escándalo familiar y si puede golpee fuertemente a su esposa. Después viaje a Manizales y allí lo mantendremos oculto . Según Soto, nadie iba a preguntarse por qué desaparecía del barrio un hombre que peleó con la esposa. Bedoya cumplió con el plan, pero solo parcialmente. Fue a su casa en el barrio Quirigua, rompió algunos vidrios, pero no golpeó a su esposa. Esta llegaría más tarde a Soto e indagaría por su esposo y por la razón de la foto de Bedoya en Zurich pero solo obtendría una insólita respuesta: Su esposo y yo estamos amenazados de muerte por el M-19. A ambos nos pidieron una fotogragía hace mucho tiempo. Y no se qué hicieron con ellas. Por eso ahora nos estamos ocultando, pero si usted llega a hablar con alguien seguro que nos mata el M-19 .

Pistola en boca De ir y venir llevando dinero a Bedoya, Mendoza terminó involucrado en las operaciones de Soto y a través de un familiar suyo en el DAS, identificado como Gustavo Herrera, ordenó desaparecer la totalidad de registros de salidas de colombianos al exterior. Así Soto eliminaba las evidencias sobre sus viajes a Londres, Suiza, Alemania y Panamá. Soto pagó por ello con 50 mil pesos y con una amenaza: Carlos Mendoza, cierto o no que usted vive en esta dirección, que su esposa está en estado de gravidez y que su hija estudia en este plantel… Pues bueno, ya sabe en lo que está metido y por qué aparecen muertos con la boca abierta los que hablan .

Me cansó el hijo bobo Las continuas reclamaciones de Bedoya terminaron por exasperar a Soto, pero eso solo lo supimos durante una conversación entre este y Sebollero. Me está cansando la cuenta del hijo bobo , dijo Soto a Sebollero, y éste le respondió: Porque no lo mandas a Cali y le cancelamos el contrato. Si quieres lo hacemos directamente en Cali. Lo trasladamos a un centro asistencial y ahí mismo arreglamos todo . Soto asintió: Sí, puede ser en el centro asistencial . Esa decisión de Soto, que era claramente una orden de asesinato, nos obligó a solicitar de inmediato las órdenes de captura y llegamos a Sebollero, Cristancho y Bedoya.

Soto ha huido Las operaciones coincidieron, sin embargo, con la decisión de Soto de salir del país. Nosotros no teníamos aún la orden de captura y era un sábado de abril. Entonces vino un incidente afortunado. La cédula de Soto era falsa, y ello le impidió viajar.

El lunes siguiente, Soto decidió entrevistarse con un tramitador en la cafetería El Virrey del Hotel Tequendama. Nuestros agentes seguían la conversación, pero repentinamente apareció el senador J. Emilio Valderrama, ya fallecido, y Soto se avalanzó sobre él: Sabe, no me dejaron salir el sábado del país y estoy perdiendo millones porque tengo entre manos una licitación de costosos equipos .

De inmediato J. Emilio tomó un teléfono e hizo una llamada. Hoy puedo decir que, sin saber lo que en realidad ocurría, J. Emilio telefoneó directamente a un alto funcionario del DAS que puso fin a las talanqueras para la salida de Soto.

Soto salió en su BM y nosotros tras él. Estábamos seguros que se dirigía al DAS, pero un bus se atravesó y perdimo el rastro. Buscamos una hora y media en todos los alrededores y parqueaderos del DAS, pero Soto estaba ya a bordo de un vuelo a Frankfort… Telefoneamos al director de la Aerocivil, le solicitamos devolver el vuelo pero, según el, era demasiado tarde. El avión estaba ahora en jurisdicción de Venezuela…

(¡Qué alhaja la que trajo a este mundo, sin culpa,  don Jaime Soto!)