Las cuentas del ingeniero César Mejía
Aquí se le reconoce al ingeniero Cesar Mejía su interés por el conocimiento de la ciudad y sobre las reflexiones sobre el futuro de la misma las cuales están cargadas de responsabilidad y ojo crítico.
Mejía está por encima del bien y del mal porque aunque muchas personas lo han tentado para que regrese a la política electoral, porque de la de opinar nunca se ha retirado, no ha querido porque no encuentra el espacio adecuado para realizar un ejercicio decoroso.
Mejía fue alcalde, es empresario calificado y por lo tanto sus apreciaciones deben tenerse en cuenta porque vienen desde la óptica independiente de alguien que quiere servir y nada más.
Produce escalofrío escuchar al ingeniero Mejía sobre el desastre de lo que serán las inversiones con el impuesto* de la valorización.
Es increíble que de cada 1000 pesos que paguemos los armenios por estas obras 550 se irán en gastos de administración y servicio de la deuda.
Refiere en sus consideraciones Mejía que el municipio, como ha debido de ser su obligación, no puso su abultada burocracia a administrar estas obras y de ese manera aportar, como debe ser, para que haya participación cuadripartita en el proyecto.
Con los aportes de la alcaldía de Armenia, la gobernación del departamento, el gobierno nacional y los propietarios de predios gravados por valorización se habría podido alivianar el oneroso costo que para muchas personas va a ser de difícil cumplimiento.
La administración de Armenia en un acto nuevo de irresponsabilidad ha sido olímpica en esta propuesta porque incluso no se tienen diseños y ya se va a comenzar a cobrar una vez pasen las elecciones, como era obvio, para no torear la plaza con la pérdida lógica de votantes por tantos esperpentos.
La reflexión del ingeniero Mejía es importante que se tenga en cuenta porque no es de poca monta que se vaya a castigar el bolsillo de los armenios en la ciudad con el más alto porcentaje de desempleo en el país.
Otras ciudades han utilizado la valorización como una herramienta valiosa de progreso pero no con la arrogancia de exigir a la administración de su compromiso social con la ciudadanía y de soslayo con vanidades exultantes negar la posibilidad de que otras entidades del estado entraran a cofinanciar el proyecto.
Estas obras, entre otras cosas quién sabrá cuándo se empezarán, no hay diseños, falta comparar franjas y el billetico ya empezará a fluir aunque sea de manera precaria.
Dolor de cabeza para el que sustituya la arrogancia actual.
*Escribo impuesto porque así es, con el eufemismo de la norma le dicen “contribución”
