18 de abril de 2021
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Vergüenza histórica – periodismo y ciudad

3 de agosto de 2018
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
3 de agosto de 2018

 

 

Por Hernando Salazar Patiño

 

 

 

¿Alguien entiende o sabe por qué el Concejo de Manizales le rindió homenaje a la constructora CFC Felipe Calderón? El extraño “mundo del subuso”. Para Ripley. Los concejales de este período, acaban de ingresar a la HISTORIA Manizaleña de la INFAMIA.
¿Quién  o quiénes propusieron este horror? ¿Por qué lo hizo o lo hicieron? ¿Para qué? ¿Qué antecedentes tuvo y  cuál fue el proceso de concepción de la idea? ¿Cómo fue la urdimbre tejida por los grupos, o las bancadas del Cabildo, para ese entramado de hilos empresariales, políticos, económicos, sociales y periodísticos, que culminaron en esa Túnica de Neso? ¿Sólo uno, varios o casi todos los cabildantes la tejieron? ¿Qué se buscaba con ella y qué pretende con ese “homenaje”  el organismo cuya razón de ser es la defensa del territorio y representar, encarnar, plantear  y tratar de volver realidad los intereses de la comunidad manizaleña?

Esa túnica envenenada, ha sido arrojada por los concejales con el fin de afectar, burlar, mutilar y callar a los jóvenes que se han unido en torno a la lucha por un presente y un futuro ambiental, a los estudiosos que desde la academia han demostrado con claridad los daños y perjuicios causados y por causar con el proyecto de vivienda conocido como Tierra Muerta, a los ciudadanos que viven orgullosos de la pureza del agua, de la transparencia del aire, de la todavía lozana frescura de su paisaje, de la posesión de reservas naturales insustituibles, y que apuestan por la naturaleza antes que por las fachadas, parámentos y durezas que la cubren.

Y la intención es todavía más perversa, porque tiene como norte único enaltecer el más notorio, desafiante, ambicioso, falaz y cínico proyecto urbanístico que se ha iniciado en el entorno hídrico y verde de la ciudad, con el probado afán de afectarlo, destruirlo, encementarlo, poblarlo y contaminarlo, contra todo antecedente propio o ajeno,  con la complicidad de Corpocaldas, la lenidad de los tribunales, la indiferencia de las administraciones, el desvío de los entes cívicos, el desinterés de nuestros mandantes políticos y legislativos, la asocialidad universitaria, las solidaridades gremiales, y el silencio inexplicable (su calificación exacta que cada quien la dé según su tendencia o jerarquía), el silencio de los medios, de los periodistas manizaleños, de nuestros periodistas.

No sé si todos los periodistas de Manizales son independientes de cualquier grupo político, empresarial u otros. Tampoco sé si hay periodistas vendidos o que se venden, y en caso positivo, cuáles. Ignoro si hay autoridades, grupos sociales o económicos que compran periodistas y en caso positivo, cuáles. Pero el silencio, que parece cómplice, anuente, sin una sola crítica, ni una glosa, ni un comentario de preocupación por la suerte de la ciudad, por la depredación de los bosques, la contaminación del aire y el agua, el desafío y la burla a la comunidad, la amenaza de una reserva natural y el atentado contra la naturaleza y los habitantes de la ciudad próxima y futura, y el permitir y registrar como un acto justo, la cachetada que el Concejo Municipal le ha dado a la sensibilidad de la comunidad manizaleña, al paisaje y al derecho de tener un entorno que nos enorgullezca, sólo nos permite llegar a una conclusión. Tienen otros intereses y otras preocupaciones. Y no se venden, ni los compran. Sólo pregunto: ¿se regalan?

La perplejidad que a mí, y expresamente a muchos, produjo este afrentoso acto del actual Concejo Municipal de Manizales, fue con el del registro de la noticia de la antiecológica  pantomima, en La Patria, donde su redactor  da comienzo al “lead” o primera frase, destacando que dos concejales “muy disciplinados (sic)” no participaron del “homenaje” a la constructora,  y  que “cuando terminó, volvieron al escenario y acompañaron al resto de homenajeados (sic)”. Debió decir “homenajeantes” (que nos aclare don Efraim Osorio), pero ignoro cómo o con qué escribe el informador de esta columna, menos, qué quiso decir con “disciplinados” (¿con los principios, las necesidades, las urgencias, de la ciudad y con las disposiciones ambientales ?). ¿Quiso señalar el  gesto excepcional de carácter, personalidad, independencia y manizaleñismo,  de estos ediles? Qué ambigüedad. Ciertamente, parece una autoironía.