30 de junio de 2026

No es cosa de simples gazapos

11 de julio de 2010
11 de julio de 2010

A nadie le agrada que lo corrijan. Esa es una reacción obvia y explicable del ser humano.  Para evitar resquemores,  estos ensayos no pretenden ir más allá de apuntes apacibles, frente a un problema que en modo alguno se limita al ejercicio de cazar gazapos.

Para no seguir con la cantaleta,  echemos un vistazo sobre las abundantes  “perlas” que se escuchan y se leen en los medios de comunicación colombianos.

Buenos consejos. Al responder una consulta que le formulan con frecuencia, la Real Academia Española de la Lengua,  señala que en la lengua culta debe evitarse el uso de adverbios como cerca, detrás, delante, debajo, dentro, encima, enfrente, con adjetivos posesivos; en consecuencia, no debe decirse detrás de mí, encima suyo, sino detrás de mi, encima de él, y pare de contar.

La muletilla de tema. La palabra tema volvió a cobrar furor como muletilla insufrible en todos los escenarios. La flojera intelectual, o, si se quiere la comodidad para salir del paso sin esfuerzo mental, parece ser su aliada. Hay tema para rato y para todo.

Pernicia verbal. Por obra y gracia del uso y el abuso, hay dos verbos que pisan duro en Bogotá: regalar y colocar. Aquí todo significa regalar, desde la venta más nimia hasta la más costosa. Poner dejó de existir y colocar le puso la corona. Esperamos, para bien del idioma, que esas ventoleras o desvíos semánticos, pasen pronto al baúl del olvido.

Titulares equívocos. En  El Espectador punto com aparecieron (hace varios meses) dos noticias con títulos equívocos y descuidados. Primer caso: “Un respiro para la tía ilegal de Barack Obama”. Se trata de una pariente del primer mandatario, con problemas de inmigración pero que no tiene nada de ilegal desde el punto de vista consanguíneo. Es una tía legal. Segundo caso: “Monja que fue ex bailarina exótica, bailará  en el Vaticano”. No sólo fue bailarina sino que desea evocar sus buenos tiempos en ese arte. Son apenas pequeñas muestras de la ligereza en el manejo periodístico.

Lenguaje de campanario. Otra clase de afectación dentro del lenguaje que se emplea en los medios, lo constituye el reiterado costumbrismo, estilo coloquial o de campanario. Hablan como si estuvieron en el patio de la casa y no ante una audiencia nacional e internacional. O escriben con formas regionales, sólo para darse aires de sabor popular Una linda presentadora le da cambio a un colega en México, y saluda con un deseo: buena tarde. Cierto columnista de la prensa capitalina formas como sentís, mirás, apreciás o considerás, que pueden ser de uso común en tertulias caseras o regionales, pero resultan insufribles para notas serias de una sección editorial. Nos parece que se exagera con el trato coloquial. Escuchen y sigan el ejemplo de la BBC de Londres, clásica en el manejo del español universal.

Atrapados en su red. Si a los periodistas deportivos los critican por estar atrapados en su jerga, desde el punto de vista lingüístico (1), ¿qué se puede decir de los faranduleros? Todos los invitados son muy especiales, y las hermosas presentadoras sólo saben decir qué rico tenerlos aquí, o qué delicia que estén con nosotros En ambos casos, lo cierto es que se hace poco esfuerzo por salir de las muletillas y de los lugares comunes. Es claro que, en materia idiomática, los medios televisivos no ejercen control de calidad y mucho menos autocrítica. Lástima por la teleaudiencia.

Vistazo barbárico. ¿Si a usted le dicen que es asquerosamente encantador, pensaría que lo alaban? Eso fue lo afirmó la actriz Vera Farmiga sobre su compatriota estadounidense George Clooney, con la idea de elogiarlo. Un conocido conductor radial, al hablar de los pantalones jines de marca, destacó que en Colombia se consiguen baratos, y el comprador los puede customizar a su gusto. Aquí estamos ante un pleonasmo en spanglish. Customize quiere decir a la medida, personalizado o al gusto. Desde luego, es un término extraño y absurdo para el español. Para completar la tanda, un futbolista habla de su llegada al Deportivo Cali, procedente del Cúcuta, y sostiene que los dirigentes “se colocaron de acuerdo”. Terror al verbo poner, o simple efecto de repetición de lo que oye en la radio o en la calle.

De grueso calibre. Se ha vuelto costumbre el empleo, en los distintos medios de comunicación, de palabras de grueso calibre, sin la menor necesidad ni respeto por el lector o el oyente. Si algo tiene el español es una despensa amplia y generosa de los giros apropiados para cada caso. Ahora, por lo que se oye o se lee, todo el mundo cree que puede fregar con jota o medir las cantidades con términos de connotación sexual no sin antes soltar la risa maliciosa.

Malos para el lenguaje. Una conocida caja social con almacenes comerciales, lanza una oferta y dice que podría devolverle al comprador el cien por ciento de lo adquirido, si lo favorece la fortuna de un concurso. Aquí otra vez volvemos al cuento de los buenos para el negocio y malos para el uso del español. En realidad, si usted es el favorecido, deben devolverle el ciento por ciento de lo comprado.

Nocturno de noche. Escuchamos una propaganda en la radio sobre una obra de teatro en Bogotá. Al dar la hora del espectáculo, se dice que comenzará a las 8 y 30 p.m de la noche. Eso sí es precisión, como para que nadie se llame a engaño. O como decía un viejo amigo de El Espectador: será en horario nocturno de noche.

Si de mentiras hablamos. Cuando en la llamada tómbola de la revista Cromos le preguntaron al colega Juan Gossain por una mentira “cien por ciento colombiana”, respondió: “la situación está bajo control”. Cabe el ejemplo, pero también pudo recordar el viejo cuento de que en el país se habla el mejor español. Esa es una falacia “ciento por ciento colombiana”.

Andar con cuidado. A un colega de las grandes ligas de la radio le escuchamos la frase “parece como si andara con una maleta en la espalda”. Con el verbo andar, de carácter irregular, hay que tener cuidado, para no caer en las arenas movedizas de las conjugaciones erróneas. Anduviera es la forma correcta.

Denuncia y demanda. Los reporteros de baranda, como se les decía  antes a los judiciales, deben tener cuidado con los términos y expresiones que emplean, para evitar gazapos. Por ejemplo, no olvidar  que, para efectos jurídicos, en penal se denuncia y en civil se demanda. Tampoco debe olvidarse que desde hace años, el Código Penal Colombiano no habla de asesinato sino de homicidio, en sus diversos grados. Aquí, tal vez como secuela de un país violento, se utiliza hasta para el culposo. El inolvidable colega Luis de Castro y Rugeles, maestro insigne en esa rama del oficio,  siempre les advertía a los redactores de su área sobre el manejo preciso de algunos de los términos del Derecho a la hora de escribir.   

Temor intelectual. A una conocida y estimada columnista capitalina parece que también la contagió el temor por el uso de algunos verbos. Hace poco leímos como empleaba un diminutivo de cierto apellido y lo hacía con preocupación, ante el temor de que “me coloquen otra denuncia penal”. Que tal. En otras épocas, las denuncias se ponían, interponían, formulaban o presentaban. Ahora se colocan. Estamos fritos.

Sigue en alza. A quienes se empeñan en desconocer sus normas, vale la pena anotarles que el español se afianza como la segunda lengua materna del mundo y la tercera en Internet, detrás del inglés y el mandarín. Así lo destaca el Instituto Cervantes, con base en un estudio de la revista Ethnology. De modo que toca hablarlo y escribirlo como manda la ley del buen uso.

Apunte de cierre. Algunos columnistas de prensa se dejan llevar por la soberbia o el pésimo sentido del humor, para rechazar las observaciones que de vez en cuando se hacen sobre el mal empleo del idioma español. Se declaran en rebeldía, anotan que les importa un pepino lo que digan en tal materia y se sienten autorizados para escribir como les venga en gana. Lástima, porque, gústenos o no, el público lector merece respeto, y la mejor manera de brindarlo, es con el uso apropiado del lenguaje.  Salud.

(1) Soledad Moliner, lingüista, Lecturas de El Tiempo.

(Tomado de la revista Gaceta (No. 73), del Circulo de Periodistas de Bogotá, CPB).