No tener oficio, polendas, haber, Plutón
La semana pasada hablé del verbo ‘desarbolar’, bien empleado, y muy oportunamente, por un comentarista deportivo, con el significado de ‘debilitar, desbaratar’, etc. Hoy me referiré al giro ‘tener oficio’, utilizado por otro periodista deportivo en esta oración: “Once Caldas demostró que tiene oficio para llegar lejos en la Copa Santander Libertadores…” (Asunción, LA PATRIA, II-10-10). Comento este giro porque entre nosotros es muy común, pero en sentido negativo (“no tener oficio”), aplicado a personas, animales y cosas. Desde mi niñez escuchaba que mi papá, para calificar la inutilidad de alguien o de algo, decía: “Ese peón y su machete no tienen oficio”, a saber, “no sirven para nada”. Deduzco, pues, que con el giro aquel, en sentido positivo, el comentarista quiso decir que “el Once Caldas ‘sirve’ para llegar lejos…”, o que “tiene cómo o con qué llegar lejos…”. De cuando en cuando, en las transmisiones fatigantes de los partidos de fútbol, escucha uno dicha locución (‘tener oficio’), para con ella manifestar que determinado jugador está jugando como debe hacerlo todo profesional de este deporte, de todo deporte. Y esto está bien, porque, precisamente, ‘oficio’ procede del latín ‘officium’, combinación del sustantivo ‘opus’ (obra) y el verbo ‘fácere’ (hacer). Es más común entre nosotros la expresión ‘coger oficio’, que Álvaro Marín Ocampo define así: “Ocuparse, hacer algo útil y productivo” (Voces Fatigadas). **
Natalia Springer –sí, esa misma-, en su artículo “Los herederos de Uribe”, escribe: “Uribe es un político de polendas. Debate a la altura de quien conoce desde la entraña el servicio público y ha sufrido y participado en el desarrollo de la violencia de las últimas décadas en Colombia” (El Tiempo, II-15-10). Observando apenas de reojo el doble sentido y la insidia de esta última oración, me referiré solamente a la expresión ‘político de polendas’. Desde Apulo, Cundinamarca, me escribe Gustavo Hermosa Puyo, con la pregunta: “¿Y eso, qué es?”. Porque no aparece en ninguno de los diccionarios corrientes. Por su desinencia de gerundio latino, deduje que debía de provenir de alguno de los verbos que usaron Cicerón, Virgilio y Tácito. Y que no podía ser otro que ‘polére’ (más latino ‘pollére’, gerundio ‘polléndum’). Verbo que significa ‘Tener poder, fuerza, vigor, ser poderoso; tener virtud, ser eficaz’, etc. Cicerón lo utilizó en esta frase: “Ubi plúrimum pollet oratio” (“En donde el discurso produce mayor efecto”); y César hablaba de “los reyes más poderosos entre los hombres” (“Reges qui plúrimum pollent”). De acuerdo con esto, la expresión de la señora Natalia podría significar ‘un político poderoso, dominador, dominante’; o “de armas tomar”, es decir, “decidido o atrevido, tanto para acometer empresas como para no dejarse atropellar por otros”. Los mejicanos prefieren la expresión ‘de muchas polendas’, aplicado a personajes ‘jactanciosos y presumidos’, adjetivos que, considero con benevolencia, no fueron los que la periodista pensó para el Presidente. Finalmente, hay quienes dicen que ‘polendas’ viene del sustantivo latino ‘polenta’, “gachas de harina de cebada”. No me parece lógico, pues no hay razón para que cambie la ‘te’ por ‘de’. **
Ya había redactado así Alejandro Samper Arango. No recuerdo cuándo, porque, por ser algo tan elemental y tan conocido, supuse que se trató sólo de un ‘lapsus cálami’. Pero repitió el error poco después en esta frase: “…como los que han habido en el Referendo reeleccionista…” (LA PATRIA, II-13-10). “Ha habido”, señor. El mismo pecado lo cometió el creador de este titular de LA PATRIA: “Se confirman seis casos de dengue, pero pueden haber más” (Local, II-18-10). “Pero puede haber más”. Cuando en expresiones como éstas interviene el verbo ‘haber’ con el significado de ‘existencia’, siempre se emplea en singular. **
Al Correo Abierto de LA PATRIA escribió el señor Héctor Alarcón Muñoz: “…para que oigan los habitantes de plutón, marte o de la quinta porra…” (LA PATRIA, II-13-10). “…los habitantes de Plutón, Marte o de…”, don Héctor. Como son nombres propios, los de astros, planetas, constelaciones, etc., se escriben con mayúscula inicial: Orión, Centauro, la Luna, el Sol, la Tierra, etc. Buena muestra de ello, esta primera oración del editorial de El Tiempo (“La Luna se aleja”): “Cuarenta años después de que Estados Unidos logró poner un hombre en la Luna, el gobierno de Barack Obama plantea al Congreso retirarse del espacio próximo a la Tierra y dirigir sus cohetes hacia horizontes más lejanos” (II-20-10). Esta última (la Tierra) se escribe con mayúscula inicial cuando nos referimos a ella en su totalidad, como planeta. En los demás casos, se escribe con minúscula, por ejemplo, “La ‘tierra’ de Jauja, donde se come, se bebe y no se trabaja”. La Luna sigue también esta norma: “Así es redonda y así es blanca la ‘luna’ de Salamanca”. Y el Sol no se queda atrás: “Aún hay ‘sol’ en las bardas”.