6 de julio de 2026

El Día de la Raza en Colombia y su transformación histórica

12 de octubre de 2025
12 de octubre de 2025

Crédito: Wikipedia

12 de Octubre: entre el mito y la memoria

Por: Redacción  Eje 21

Bogotá, 12 de octubre 2025. El 12 de octubre es una fecha que, más de cinco siglos después de la llegada de Cristóbal Colón al continente americano, sigue generando debates, reflexiones y resignificaciones. En Colombia, como en buena parte de América Latina, esta fecha ha pasado de ser un día de exaltación de la “hispanidad” a una jornada de memoria crítica, donde se confrontan las visiones del descubrimiento, la conquista y el mestizaje que dieron origen a nuestra identidad.

Cada generación parece descubrir un nuevo sentido del 12 de octubre. Lo que durante décadas fue llamado “Día de la Raza” —instituido oficialmente en 1914 por el entonces presidente Carlos E. Restrepo— se entendía como una jornada para celebrar el mestizaje entre europeos, indígenas y africanos. Hoy, en cambio, el país la vive entre el homenaje cultural, la reflexión histórica y la denuncia de las heridas coloniales que todavía persisten.

El origen: una fecha nacida del hispanismo

El origen del “Día de la Raza” se remonta a comienzos del siglo XX, cuando los países hispanoamericanos buscaban fortalecer sus lazos con España tras un largo proceso de independencia. Fue el escritor español Faustino Rodríguez San Pedro quien propuso en 1913 conmemorar el 12 de octubre como el “Día de la Raza”, en alusión al “encuentro” entre Europa y América.

Colombia fue uno de los primeros países latinoamericanos en acoger la idea. En 1914, el presidente Carlos E. Restrepo emitió el decreto que institucionalizó la fecha, dándole un sentido de hermandad cultural con la llamada “Madre Patria”. Era una época marcada por el orgullo del mestizaje y la exaltación de la identidad hispanoamericana, en la que se creía que el pasado colonial debía verse como el punto de partida de una civilización común.

Durante buena parte del siglo XX, las escuelas colombianas enseñaron el 12 de octubre como el día del “descubrimiento de América”. En los actos cívicos se exaltaba la figura de Colón como un héroe universal y se hablaba de “la llegada de la civilización al Nuevo Mundo”. La narrativa dominante omitía los aspectos más dolorosos de la conquista: la violencia, la esclavitud y la destrucción de culturas enteras.

La otra cara del descubrimiento

Sin embargo, con el paso de las décadas, y especialmente desde mediados del siglo XX, la historia comenzó a escribirse desde otras voces. Los movimientos indígenas y afrodescendientes, junto con nuevas corrientes historiográficas, comenzaron a cuestionar el concepto de “descubrimiento”. América, recordaban, ya existía. Aquí había pueblos, civilizaciones, lenguas y creencias que fueron violentamente sometidos en nombre de una fe y una corona extranjeras.

El 12 de octubre, para muchos, dejó de ser el símbolo de una unión cultural para convertirse en el recordatorio de una tragedia. Las comunidades indígenas lo rebautizaron como el “Día de la Resistencia” o el “Día de la Dignidad de los Pueblos Originarios”. En 1992, con motivo de los 500 años del “encuentro de dos mundos”, las movilizaciones en toda América Latina dieron un giro definitivo al sentido de la conmemoración.

En Colombia, la Organización Nacional Indígena (ONIC) impulsó desde entonces la idea de que el 12 de octubre no debía celebrarse, sino conmemorarse. “No fuimos descubiertos —decía un comunicado de la época—, estábamos aquí mucho antes de que Colón zarpara desde Palos de la Frontera”.

Un país mestizo: raíces entrelazadas

Más allá de las interpretaciones, el 12 de octubre invita a reflexionar sobre lo que somos como nación. Colombia es, ante todo, un país mestizo, construido sobre la mezcla —a veces armoniosa, muchas veces violenta— de tres grandes raíces: la indígena, la africana y la europea.

En las costas, en los llanos, en las sierras y en las selvas, el sincretismo cultural se expresa en los rostros, los ritmos, las lenguas, la gastronomía y las creencias. Ese cruce de mundos que comenzó en 1492 no solo impuso una dominación, sino que también dio lugar a nuevas formas de vida, pensamiento y arte que hoy conforman el alma latinoamericana.

El escritor Germán Arciniegas solía decir que “América no fue descubierta: fue inventada por sus propios hijos mestizos”. Y tenía razón. La historia de Colombia no puede contarse solo desde la llegada de los conquistadores, sino desde la capacidad de resistencia y adaptación de los pueblos que, pese a la opresión, construyeron una identidad compartida.

Del Día de la Raza al Día de la Diversidad Étnica y Cultural

Con el cambio de los tiempos también cambió el lenguaje. En 2002, el gobierno colombiano, mediante el Decreto 845, renombró oficialmente el 12 de octubre como el “Día de la Diversidad Étnica y Cultural de la Nación Colombiana”. El nuevo nombre buscaba romper con el eurocentrismo de la antigua denominación y reconocer la pluralidad de pueblos que habitan el país.

La transformación semántica no fue solo un cambio de palabras. Representó un esfuerzo por mirar el pasado desde la inclusión y la igualdad. Desde entonces, la jornada se concibe como un espacio para celebrar las múltiples expresiones culturales de Colombia y reflexionar sobre los desafíos que enfrentan las comunidades indígenas y afrodescendientes en la defensa de sus derechos, sus territorios y su autonomía.

Hoy, muchas escuelas, universidades y medios de comunicación dedican la fecha a actividades pedagógicas, exposiciones, foros y debates que promueven una mirada crítica del proceso de colonización y del papel que cada cultura ha tenido en la construcción de la nación.

Un debate que sigue abierto

Sin embargo, el debate sobre qué debe recordarse el 12 de octubre continúa abierto. Para algunos sectores, la fecha debe conservar su sentido histórico de “encuentro de culturas”, mientras que para otros debe asumirse como una jornada de memoria, reparación y reconocimiento de las heridas coloniales.

En Colombia, esta discusión se entrelaza con problemáticas actuales: el racismo estructural, la marginación de las comunidades afro e indígenas, y la persistente desigualdad social. Cada año, en esta fecha, marchas y actos simbólicos recuerdan que el proceso de descolonización no ha terminado y que la justicia histórica aún está pendiente.

El antropólogo y ensayista Manuel Zapata Olivella escribió que “la verdadera independencia de América no se logrará mientras no reconozcamos en el rostro del otro la herencia de nuestros ancestros esclavizados y conquistados”. Esa frase resume el sentido contemporáneo del 12 de octubre: un llamado a la reconciliación con la historia, pero también con nosotros mismos.

Más allá de la conmemoración

Hoy, más que un día de fiesta, el 12 de octubre es una invitación a pensar. Pensar en quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos como sociedad multicultural. Pensar en la necesidad de proteger nuestras lenguas indígenas, nuestras tradiciones afro, nuestros saberes campesinos. Pensar en la deuda histórica con quienes fueron despojados de sus tierras y culturas.

El 12 de octubre, en el siglo XXI, ya no puede reducirse a la imagen romántica de tres carabelas cruzando el Atlántico. Es el día en que América —y Colombia en particular— se mira al espejo de su diversidad, reconociendo que su mayor riqueza no está en la sangre conquistadora ni en la nostalgia imperial, sino en la multiplicidad de voces, colores y memorias que habitan su territorio.

En definitiva, el Día de la Raza —hoy Día de la Diversidad Étnica y Cultural— no es una fecha para borrar, sino para reinterpretar. Nos recuerda que la historia no se celebra: se comprende, se debate y se resignifica. Y en esa búsqueda, Colombia encuentra su verdadera identidad: una nación mestiza, plural y viva, que sigue escribiendo su historia entre el pasado colonial y el futuro diverso que aún está por construirse.