4 de junio de 2026

Editorial ¿Qué le espera a los colombianos en medio de la incertidumbre en el sector energético?

Por La Redactora
7 de febrero de 2025
Por La Redactora
7 de febrero de 2025

Con el gas importado como solución temporal y las tarifas al alza, el país se enfrenta a un dilema energético crucial. Las autoridades minero-energéticas no han dado respuestas claras, y la presión económica sobre los hogares aumenta.

 

Una semana ha transcurrido desde que el presidente Gustavo Petro Urrego, en el cierre de una marcha convocada en Barranquilla por un movimiento ciudadano, expresó su solidaridad con los usuarios del servicio eléctrico y reiteró la exigencia de reducir las tarifas de energía. Durante un tumultuoso Consejo de Ministros este martes, el mandatario volvió a insistir en la necesidad de que sus instrucciones se lleven a cabo para que los consumidores sientan un alivio en sus facturas, las cuales se han convertido en un dolor de cabeza para muchos hogares colombianos.

Sin embargo, más allá de las promesas, el panorama sigue siendo alarmante. El anuncio de nuevos incrementos en las facturas de gas por parte de compañías como Vanti, EPM y Efigas para el mes de febrero ha puesto en evidencia una realidad ya advertida: los consumidores colombianos sienten el impacto de la importación de gas natural y sus efectos directos en el bolsillo. Un mal presagio que parecía inevitable para muchos expertos y gremios del sector, pero que se materializa con una crudeza aún mayor de lo esperado.

En noviembre pasado, Colombia recibió su primera carga de gas natural licuado importado, con el objetivo de garantizar el suministro durante los meses de diciembre y enero. Pero al ingresar al nuevo año, la situación se ha complicado aún más. Las autoridades minero-energéticas, responsables de regular el sector, han permanecido inactivas frente a las solicitudes de permisos y licencias para explorar y explotar más recursos naturales dentro del territorio colombiano. Lo que parecía ser una medida temporal ante una crisis energética se ha convertido en una dependencia peligrosa del gas importado, un cambio radical respecto a la autosuficiencia energética que el país había logrado en el pasado.

Esta dependencia ha traído consigo efectos adversos tanto en términos económicos como medioambientales. Es incongruente que Colombia, un país con vastos recursos energéticos, no aproveche su propio gas y, en cambio, recurra a la importación, lo que no solo eleva el precio del combustible, sino que también genera un mayor impacto en el medio ambiente. El proceso de licuado, transporte y regasificación de gas natural importado aumenta considerablemente las emisiones de gases contaminantes, algo que se quería evitar explotando los recursos nacionales.

Esta crisis energética no solo afecta las finanzas de los hogares, sino que también pone en peligro el poder adquisitivo de los colombianos. En medio de esta situación, las autoridades minero-energéticas han quedado en silencio ante las solicitudes de permisos para explorar y explotar más recursos naturales dentro del territorio colombiano. Mientras tanto, el gas sigue siendo importado, y los precios continúan aumentando, creando una espiral que parece no tener fin.

Lo más alarmante de todo esto es que, en el contexto de la inflación y el posible aumento de tarifas en marzo, los consumidores se enfrentan a la incertidumbre sobre cuánto más tendrán que pagar en el futuro cercano. El modelo de negocio del sector energético, que parece estar más preocupado por sus márgenes de ganancia que por el bienestar de los usuarios, está empujando a millones de colombianos al límite de su capacidad económica.

El futuro del sector energético colombiano parece estar entre la incertidumbre y la esperanza. La reciente noticia del hallazgo de Sirius, el mayor yacimiento de gas natural descubierto en el país, con reservas que podrían aumentar en un 200% la capacidad de producción actual, ofrece una luz al final del túnel. Sin embargo, para que este hallazgo se traduzca en una solución tangible, se requiere de un Gobierno Nacional que tenga el dominio técnico del tema, que trabaje en conjunto con el sector productivo y que asegure la transparencia en las decisiones que afectan a los consumidores.