Editorial Colombia ante el 2025: crecimiento moderado, pero con retos persistentes
Con el arranque de 2025, Colombia se enfrenta a un escenario de crecimiento moderado, marcado por desafíos fiscales y la caída de la inversión. Aunque las proyecciones apuntan a un repunte, expertos advierten que el país deberá tomar decisiones cruciales para consolidar la reactivación económica y garantizar la estabilidad en medio de incertidumbres globales.
El inicio del 2025 en Colombia ha sido marcado por una mezcla de señales que invitan al optimismo y desafíos que demandan atención. Aunque las cosas avanzan a paso lento, no cabe duda de que el país ha comenzado a dejar atrás el letargo del primero de enero. El reajuste en los precios de combustibles y peajes es un claro ejemplo de los ajustes económicos que caracterizan este comienzo de año. Sin embargo, la verdadera pregunta será si las mejoras alcanzadas en 2024 pueden consolidarse y llevar al país a un crecimiento sostenido en 2025.
A nivel macroeconómico, los datos del año pasado muestran resultados moderadamente positivos. La tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) alcanzó un 1,8 por ciento, mientras que la inflación se redujo a niveles cercanos al 5 por ciento anual, lo que representa un alivio para los consumidores y empresas. Estos indicadores, que a primera vista pueden parecer modestos, son vistos por muchos como logros importantes en un contexto de alta incertidumbre económica global y local. La reducción en el desempleo y una leve mejora en las cuentas externas también contribuyen a mantener la esperanza de que, en 2025, Colombia puede seguir avanzando por la senda de la reactivación económica.
No obstante, las proyecciones para el nuevo año son cautelosas. La Cepal habla de un crecimiento del 2,7 por ciento para 2025, un pronóstico que, aunque positivo, no es tan alto como el que se podría esperar de una economía emergente con altos márgenes de crecimiento. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) comparte una estimación similar, proyectando un crecimiento ligeramente inferior del 2,6 por ciento, pero también destacando que el país enfrenta retos significativos para lograr un despegue más acelerado.
Uno de los desafíos principales señalados por la Ocde es la necesidad urgente de incrementar la inversión productiva. En este sentido, el Departamento Nacional de Planeación (DNP) ha indicado que la inversión en Colombia ha caído un 5 por ciento durante el último año, principalmente debido a la incertidumbre económica y la falta de confianza de los inversores, factores vinculados a la situación política y social del país. Este descenso afecta, en particular, al sector petrolero, que ha visto una caída del 1 por ciento en su inversión, pero también a otros sectores clave, como la infraestructura y la construcción, áreas que son esenciales para el crecimiento a largo plazo.
Si bien las proyecciones apuntan a un crecimiento positivo, los expertos subrayan que, para que este sea más acelerado, es crucial que el país logre atraer más inversión extranjera directa, mejorar el clima de negocios y, sobre todo, consolidar una política fiscal que permita una mayor estabilidad económica. La reciente decisión del gobierno de ajustar el salario mínimo en un 9,5 por ciento ha generado algunas preocupaciones respecto a su impacto sobre la inflación y el empleo formal, especialmente en pequeñas y medianas empresas, cuya rentabilidad puede verse afectada por el aumento de los costos laborales.
Más allá de las decisiones internas, Colombia también debe enfrentar una creciente incertidumbre global. La posible reelección de Donald Trump y la previsible fortaleza del dólar añaden presión sobre la estabilidad fiscal del país, que sigue enfrentando un desfase alarmante entre sus ingresos y gastos públicos. En este contexto, es fundamental que el país mantenga una política fiscal responsable para evitar que el aumento de la deuda externa y las fluctuaciones del tipo de cambio obstaculicen el crecimiento proyectado.
El 2025 es, sin lugar a dudas, un año clave para Colombia. Las perspectivas de crecimiento, aunque positivas, dependen de la capacidad del país para superar las dificultades fiscales, mejorar el clima de inversión y asegurar que las pequeñas y medianas empresas puedan mantener su competitividad. Si bien la economía colombiana muestra signos de recuperación, los retos siguen siendo numerosos y la clave estará en cómo el país logre navegar entre las incertidumbres internas y externas para alcanzar un crecimiento más robusto.