4 de junio de 2026

Editorial La coca supera a las exportaciones agrícolas tradicionales y pone en riesgo el desarrollo de Colombia

Por La Redactora
15 de septiembre de 2023
Por La Redactora
15 de septiembre de 2023

Colombia rompió un nuevo récord de producción de coca en 2022, con 230.000 hectáreas sembradas, superando a otras exportaciones agrícolas tradicionales como la palma de aceite y el aguacate. ¿Qué significa esta cifra para el desarrollo económico del país?

 

Según el último informe de la ONU, Colombia sigue siendo el mayor productor mundial de cocaína, con una superficie de cultivo de coca que alcanzó las 230.000 hectáreas en 2022, más de un cuarto de la del café.

Un informe de la ONU muestra que los cultivos de coca en Colombia crecieron un 13% en un año, a punto de alcanzar en superficie a productos tradicionales como la caña de azúcar. ¿Qué impacto tiene esto en el desarrollo nacional?

El informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), publicado hace unos días, deja dos datos alarmantes: Colombia sigue siendo el mayor productor mundial de cocaína y la coca ya compite con algunas de las principales exportaciones no mineroenergéticas del país.

Los números son contundentes: según la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC) y el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR), el país cuenta con 844.744 hectáreas de café, que se reparten entre 23 departamentos y 604 municipios, donde residen 546.382 familias dedicadas al cultivo del grano.

En 2022, la superficie de cultivo de coca alcanzó las 230.000 hectáreas, lo que representa más de un cuarto de la del café, la principal exportación no mineroenergética del país. Además, casi alcanza en número de hectáreas a productos agrícolas históricamente relevantes como la caña de azúcar, que ocupa unas 240.000 hectáreas.

Y no solo eso: desde 2018, este cultivo ilícito ha crecido a un ritmo del 7,9% anual, superando a otros cultivos con potencial exportador como la palma de aceite, el aguacate o el cacao, que según la Encuesta Nacional Agropecuaria registraron las más altas tasas de crecimiento en superficie de cultivo durante los últimos años.

Según un estudio del Departamento Nacional de Planeación, en 2015, el narcotráfico representó hasta el 3,8% del PIB, con un valor estimado de mercado de 12,4 billones -una cifra que excluye las drogas incautadas-.

Y las perspectivas no son alentadoras: según el Informe Mundial sobre Drogas 2021, en Estados Unidos, el número de consumidores anuales de cocaína aumentó un 74% entre 2013 y 2019 y en la Unión Europea un 15% entre 2016 y 2019. Si esta tendencia se mantiene, la demanda seguirá en aumento.

Lo anterior supone una estocada para desarrollo económico, ya que desincentiva a otros cultivos legales que podrían mejorar las condiciones de vida de las comunidades rurales.

Así las cosas, Colombia necesita un cambio urgente en su política antidrogas, que no se base solo en la represión y la erradicación forzosa de los cultivos ilícitos, sino también en la prevención y la responsabilidad compartida entre países productores y consumidores. Solo así se podrá frenar el avance de la coca, que amenaza el desarrollo económico, social y ambiental del país.