21 de junio de 2026

El aquelarre

Por La Bruja sin Escoba
4 de marzo de 2023
Por La Bruja sin Escoba
4 de marzo de 2023

Chismes de Palacio. Uno supone que en todos los gobiernos puede haber situaciones. Pero la frecuencia con la que se presentan episodios similares en el gobierno de Gustavo Petro despierta al menos la curiosidad de los ciudadanos.

El martes pasado tuvimos la oportunidad de escuchar por RCN Radio una entrevista de Juan Carlos Iragorri a la saliente ministra de la Cultura, la señora Patricia Ariza, artista colombiana que había sido nombrada en el ministerio algunos meses antes, y a la que se le anunció públicamente la noche del lunes, en alocución presidencial, que quedaba cesante del ministerio, al igual que María Isabel Urrutia del Deporte y Alejandro Gaviria de Educación.

Hay que decir que, constitucionalmente, es el presidente quien tiene la potestad de nombrar y deponer a los ministros, por lo que a primera vista lo ocurrido no debería tener nada de raro. Pero al escuchar la entrevista, en la que la señora Ariza fue sumamente cuidadosa en no mostrar rencor contra el presidente ni oposición a su gobierno, sí se entera uno de algunos hechos extraños que no dejan de llamar la atención.

En primer lugar, contó doña Patricia que, para comunicarle meses atrás su nombramiento, a ella la había llamado la secretaria del presidente Petro a preguntarle si aceptaría la designación para ese cargo. Parece que varios ministros, no solo ella, fueron notificados de la misma manera. Uno supone que un presidente que vaya a nombra ministro a alguien a quien no conoce, trataría de celebrar al menos una entrevista personal antes de tomar la decisión. No fue así en este caso. La exministra contó que había escrito una carta «muy bonita» en la que explicaba al presidente las razones que tenía para no aceptar el nombramiento, pero que varias personas amigas, o compañeras en luchas anteriores, le habían dicho que ella, que había luchado toda su vida en favor de la cultura, no podía desaprovechar ahora esa oportunidad de completar su tarea en favor de ese aspecto de la vida nacional. Por esa razón, la carta se quedó sin enviar, y el nombramiento tuvo lugar sin que Petro hubiera hablado ni una palabra con ella antes de la posesión.

También contó que, desde el principio de su ejercicio, había intentado obtener una entrevista con el presidente para hablar sobre su trabajo. Es obvio suponer que deseaba conocer las ideas de su jefe en cuanto al desarrollo de sus funciones en el ministerio, pero Petro nunca la recibió. Se veían en las reuniones del gabinete, pero, fuera de estas entrevistas colectivas, nunca hubo un contacto personal diferente a los mensajes de twitter a los que Petro se ha mostrado tan aficionado a la hora de gobernar. Extraño. ¿No? La entrevista que esperaba la ministra Ariza nunca se llevó a cabo; o al menos eso es lo que se colige de sus declaraciones:  esta es la hora en la que la huy depuesta ministra no sabe qué se esperaba de ella ni por qué decidieron sacarla.

Peor aún: la ministra sabe que la primera dama, Verónica Alcocer, es una persona muy interesada por el tema de la cultura. Por lo tanto, también trató de acercársele para hablar sobre el panorama cultural colombiano. Lo intentó varias veces, sin ningún éxito. En cambio, la señora Alcocer viajó a Venezuela con el viceministro Jorge Ignacio Zorro Sánchez, para conocer de cerca el sistema de orquestas juveniles de ese país, el cual podría tener aspectos importantes que podrían aplicarse en Colombia. La señora Ariza se queja de que no hubiesen contado con su compañía. Pero es que ni siquiera la informaron que iban a llevar a cabo esa actividad.

El mundo de Subuso. O peor aún. Una situación inconcebible. Lo que ocurrió la semana que hoy termina con el sistema de transporte aéreo de nuestro país es absolutamente inaceptable. Una empresa aérea de bajo costo –Viva Air‒, que lleva meses y meses esperando que las autoridades colombinas decidan si permiten o no su integración con Avianca, se vio abocada a dejar en tierra sus aviones y, de paso, a miles de viajeros. Durante media semana las salas de espera de los principales aeropuertos de Colombia se convirtieron en dormitorios colectivos. Gente durmiendo en el suelo, sin cobijas, sin recurso, sin recibir atención d la empresa…¡No hay derecho!

Quizás nunca vamos a conocer los intríngulis de la tragedia. Pero son tantas las voces de protesta de quienes aseguran que cuando compraron sus pasajes ya la empresa había decidido que no volaría esa noche del lunes… Uno no puede creerlo, pero, si esto es cierto, es una canallada imperdonable. Llegar al aeropuerto con un pasaje comprado con dinero legítimo y encontrarse con otros miles de víctimas, con pasajes tan buenos como el que uno lleva, y darse cuenta de que, por ejemplo, diez minutos antes de anunciar la cancelación del vuelo le han recibido a uno las maletas y le han cobrado exceso de equipaje para un viaje que ya sabían que no se iba a llevar a cabo, linda indudablemente con la estafa. Colectiva, además, por haberse realizado simultáneamente en contra de miles de personas.

Ojalá las autoridades puedan llegar a saber si eso fue cierto, si la empresa cobró por algo que ya sabían que no iban a poder suministrar, y apliquen las sanciones más drásticas posibles. No a la empresa que, al fin y al cabo es un sujeto nominal, sino a los funcionarios de carne y hueso que tomaron las decisiones y jugaron esa mala pasada a miles de confiados clientes.  

Hinchas esperanzados. Como lo hemos contado otras veces, entre el grupo de brujos contertulios con los que se analiza el contenido de cada entrega del Aquelarre, hay un apasionado hincha del fútbol, y especialmente del Once Caldas, que sufre o goza como el que más, según los resultados que logre en cada fecha el equipo profesional de la ciudad.

Llevaba nuestro compañero brujo varios meses de tristeza porque, una vez más, el Once perdió el semestre pasado la posibilidad de participar en el torneo final que define el campeón nacional. Desde el momento de la eliminación esperaba ansioso que finalmente se cambiara al director técnico del club, el señor Corredor, a quien consideraba responsable en buena parte de los fracasos del Once. Cundo finalmente retiraron al técnico, después de haber prolongado su racha de desaciertos hasta después de haberse fortalecido la nómina de jugadores del club, ya era, según nuestro contertulio, demasiado tarde. Le quedaba poco tiempo al nuevo técnico, Elkin Soto, para rescatar lo rescatable y, sobre todo, para escapar al temido descenso, castigo del que el Once es uno de los pocos equipos colombianos que aún no ha sido víctima. Para fortuna, porque, cree él y creen muchos hinchas, que en Manizales no hay, como sí lo hay en Armenia, y más aún en Pereira, el perrenque necesario para rescatar al equipo si llegara a caer en esa triste situación. Un descenso para el Once sería definitivo.

El domingo pasado el Once Caldas tenía que vencer a Millonario en Manizales. Y lo venció. Los críticos, que los huy, y muchos por cierto, dicen que no se le ganó a nadie, que Millos se presentó con un grupito de pipiripao, que esa victoria no quería decir nada. Nuestro colega no acepta esa teoría. Digan lo que digan, lo que al final quedó claro fue que el equipo acumuló los tres puntos y se alejó del abismo.

Y el jueves pasado en la noche hubo un suceso inesperado: el Once Caldas cosechó otros tres putos. Eso sí casi nadie lo esperaba. Le ganó al Bucaramanga en esa ciudad, y pasó del puesto 18 al 8 en la tabla de puntuación. A nuestro compañero futbolero casi le da un infarto. Y ahora son muchos los que creen que se puede escapar del descenso. Que sigan haciendo fuerza.