El aquelarre
Prudencia vs. intolerancia. La oposición al presidente Petro acaba de dar una sorpresiva muestra de prudencia, ante la absurda decisión del gobierno izquierdista de convocar al sector que lo apoya a realizar unas marchas en favor de sus reformas, exactamente en la misma fecha para la que estaban previamente convocadas por esa oposición, en diferentes ciudades del país, unas manifestaciones de protesta contra la cruel reforma tributaria y contra los otros cambios que el gobernante está promoviendo en el congreso. La coincidencia de fechas, obviamente un desafío calculado por el gobierno, es una acción innecesaria y constituye un irresponsable llamado a la alteración del orden público cuando, en medio de la polarización en que vivimos, se encontrarán en las calles de nuestras ciudades grupos tan opuestos, con las trágicas consecuencias que la pasión desatada podría llegar a ocasionar.
La oposición, sabiamente, decidió no recoger el guante, y optó por aplazar las protestas. En aras de la paz y la tranquilidad, es preferible ceder las calles al gobierno y a sus cuadros de primera línea, y dejar las manifestaciones opositoras para fecha más propicia, con le esperanza de que los petristas decidan permitir su expresión sin interferencias.
Ahora bien: como contraste, en una inaceptable muestra de intolerancia, ahora el señor Alfredo Saade, un político muy cercano a Gustavo Petro y que se presenta como pastor cristiano ‒y que puede que hasta sea pastor, pero cuyas actuaciones, al menos en este caso, están muy alejadas de las que debe realizar un verdadero cristiano‒ ha salido con la propuesta de que, cuando la oposición anuncie la nueva fecha de su protesta, Petro debe mover la suya para que de todos modos ambas coincidan. Es decir, que lo que se quiere es que la confrontación sea inevitable. ¡Vaya deseo de paz!
Y eso, a pesar de que el presidente declaró ante la CELAC en Buenos Aires que si las derechas llegaban al poder no era para acabar con las izquierdas, y que si las izquierdas llegaban al poder no era para acabar con las derechas, y agregó que en América Latina no debería haber ni un solo preso político. Ojalá sea sincero, y no vaya a comprarle su propuesta a Saade porque, de hacerlo, estaría contradiciendo en materia grave esas declaraciones, y demostrando unas negras intenciones en lo que a democracia se refiere.
El metro de Bogotá. No vivimos en Bogotá, y por lo tanto los problemas de movilidad de esta ciudad no nos afectan demasiado. Pero como colombianos, nos gustaría sentirnos orgullos de los avances de la capital de nuestro país, y de las ventajas que se le puedan reconocer cuando se la compara con otras ciudades del mundo de similar importancia. Y sí nos desagrada, en cambio, saber de sus desventajas.
Una de las mayores falencias de Bogotá es la falta de un ferrocarril metropolitano. Creemos que, entre las ciudades de todo el mundo que no cuentan con un sistema de metro, Bogotá es la mayor… y nos encantaría que esa situación cambiara.
Es preciso reconocer que el actual presidente de Colombia, Gustavo Petro, cuando fue alcalde de la capital, estuvo a punto de lograr la iniciación de las obras de construcción de un metro, pero no le alcanzó el tiempo. Logró dejar todo listo para que Enrique Peñalosa, quien lo sucedió en la alcaldía, pusiera la firma final en los contratos y diera inicio a las obras. Pero el soberbio Peñalosa no iba a aceptar que la magna obra tuviera la impronta de su sucesor, y que se reconociese a este la realización de los estudios y diseños definitivos. Y entonces ordenó nuevos diseños y nuevos estudios, y cometió el que es quizás el mayor error con que se haya castigado a Bogotá en términos de infraestructura, en toda la historia: no contento con haber destruido el bello separador central a todo lo largo de la Avenida Caracas para poder construir por allí la ruta del fracasado Transmilenio, se tomó todo el tiempo de su período de gobierno en modificar las especificaciones del proyecto de metro que ya se tenía listo, y cambiarlo por un ferrocarril elevado sobre la ya deteriorada avenida, que se convertirá entonces en una especie de sótano de ese metro, vale decir, en un oscuro tugurio longitudinal de muchos kilómetros de extensión.
Es un daño urbanístico enorme. Incalculable. Remediarlo, que todavía se puede, costará muchos billones de pesos y varios años de demora. Es difícil saber si esto se justifica. Pero uno piensa que no hacerlo es someter a la capital de la república a sufrir por toda la eternidad semejante cicatriz. ¿Cuánto les cuesta a los ciudadanos de la Caracas la desvalorización irremediable que se causará a sus predios con el metro elevado? ¿Será eso justo? No vivo en Bogotá, reitero, pero vista desde aquí tal vez sea esa la mejor solución: Salvar la ciudad de esa especie de favela en que se quiere convertir su corredor más importante.
La entrevista de Yamid a doña Irene. Qué desgracia, tener que volver sobre el tema de la ministra de Minas. Es su sección Pregunta Yamid de la edición nocturna del Noticiero CM& del pasado 26 de enero, esta señora tuvo la oportunidad de aclarar, al menos parcialmente, el asunto del informe sobre las reservas de petróleo y gas del país. Parece que esta vez sí logró entender lo que debía decir, y lo hizo con cierta propiedad: las reservas de las que se habló en ese informe, incluyen las confirmadas en los tres niveles de probabilidad de explotación, más unas cantidades adicionales tomadas de las noticias de estos últimos meses sobre hallazgos de yacimientos nuevos y que parecen tener buenas perspectivas de producir resultados positivos. De modo que no son realmente cifras mentirosas, sino un cálculo del ministerio con alta probabilidad de resultar cierto.
Pero lo que sí no le contaron a doña Irene, o si se lo contaron prefirió ocultárselo a Yamid y a los televidentes, fue la realidad de la transición energética en marcha. Con una convicción digna de mejor causa, asegura que en ocho años –que es el tiempo promedio que trascurre entre la firma de un contrato de exploración y la entrada en producción del proyecto– ya la demanda de combustibles fósiles en el mundo va a haber disminuido tanto que nuestros hidrocarburos, cuyo costo de extracción es más alto que los de muchos de los otros productores del mundo, no van a encontrar mercado
Vana ilusión. Al paso al que avanza esa transición, en ocho años apenas sí alcanzará a notarse la disminución de la demanda. O sea que estamos despreciando, por caprichos de esta señora, una gran cantidad del dinero que tanta falta nos va a hacer. Habló la ministra del cambio de los vehículos de combustión interna por los eléctricos. ¿Sabe ella cuánto tiempo toma ese cambio de los millones y millones de vehículos con motor de combustión que hay en el mundo? Y no solo porque los eléctricos sean mucho más costosos, sino porque su velocidad de producción sigue siendo baja, ya que la limitante de las baterías no está aún resuelta, y la cantidad de litio disponible en el mundo para fabricarlas no permite acelerar esa producción.
Adicionalmente, por otra parte, durante el tiempo que tome esa transición (8 años como cree ella, o muchos más, que es lo real), si no hay contratos de exploración, dejaremos de ingresar millonadas en inversión extranjera.
En realidad, en sana lógica, deberían ser las empresas productoras las que definieran hasta cuándo ofrecerán celebrar contratos en Colombia. Sus directivos conocen mucho más las circunstancias del mercado, y están por lo tanto en mucha mejor posición para saber si ofrecen negocios o no. ¿Por qué va el ministerio a resolverle ese problema a tales empresarios?
Mal el Once. Pasado el guayabo de la eliminación a finales de 2022, y después de las vacaciones y fiestas navideñas, de cabo de año y de Ferias de Manizales, volvió a Colombia el fútbol profesional. El habitual amigo futbolero que nos acompaña en la preparación de estos Aquelarres llegó triste y decepcionado. Dice él que, por primera vez en varios años de anonimato deportivo, los directivos del Once Caldas hicieron un gran esfuerzo económico para armar un cuadro ganador. Que eso había llenado de esperanzas a los hinchas. La alicaída hinchada del Once podía volver a tener la esperanza de una gran figuración del equipo de Manizales en el torneo rentado.
Pero ni por esas. Según comentario enviado en video por algún aficionado al programa Tiempo Extra de Telecafé y sacado al aire minutos después de terminado el encuentro con Nacional, ver ese partido era como estar mirando la grabación de cualquier encuentro celebrado en alguno de los cuatro o cinco años anteriores: según ese aficionado, no se percibe realmente ningún cambio. Qué frustración.
Pudimos ver que el Once jugó otra vez con ese uniforme negro de mal agüero que a veces utiliza. Parece un mal chiste: El Blanco-Blanco, todo de negro hasta los pies vestido. Quién sabe a quién se le habrá ocurrido diseñar ese fúnebre atuendo con el cual el equipo casi nunca gana. Ese riguroso luto seguramente influye de manera muy negativa en el ánimo de los jugadores. Eso puede explicar, al menos en parte, su derrota en el pasado encuentro.
Y, a propósito de este deporte: no es que nos apasione el fútbol femenino. Pero es un hecho real y se está posicionando de manera importante. En Colombia ha tenido un desarrollo interesante, así los dirigentes nacionales del fútbol no hayan logrado aún consolidar un campeonato profesional en serio, sino algunos torneos muy cortos que no permiten a las jugadoras vivir de esa actividad. A pesar de eso, nuestras futbolistas han logrado importantes figuraciones a nivel internacional.
Este año se celebrará un campeonato femenino de cuatro meses en el que participarán 17 equipos. Prácticamente todos los clubes profesionales importantes estarán representados en ese torneo. Pero el Once Caldas brillará por su ausencia. Increíble: otra vez Manizales perdiendo importancia en algún campo específico, en el conjunto de las ciudades colombianas. A los dueños del equipo no les interesa hacer parte de esta actividad y, obviamente, están en todo su derecho. Pero es lamentable que ningún grupo de empresarios, buenos aficionados al deporte, haya decidido organizar un equipo de fútbol femenino, y obtenido del club, de manera temporal, el cupo del Once Caldas, para que nuestra ciudad no se quedara por fuera. No fue así. Triste noticia.
