21 de junio de 2026

El aquelarre Vuelve a caerse el voto obligatorio. 

Por La Bruja sin Escoba
17 de diciembre de 2022
Por La Bruja sin Escoba
17 de diciembre de 2022

Pocas veces se ha visto un concepto capaz de revivir tantas veces en un mismo período de sesiones del senado y la cámara de representantes como lo ha hecho el proyecto de voto obligatorio en esta oportunidad. En acalorados debates sucedidos alrededor de la reforma electoral que se quiere llevar a cabo en el período parlamentario que acaba de terminar, y en el que se discuten asuntos tan importantes como el establecimiento de listas cerradas para las elecciones, la paridad de candidatos entre hombres y mujeres en esas listas y su distribución en forma de cremallera, la financiación estatal de las campañas electorales, la posibilidad de que los senadores y representantes sean nombrados ministros, la trashumancia electoral, la posibilidad para los partidos mayoritarios de hacer coaliciones entre ellos, la ampliación de los períodos del presidente y los parlamentarios, el límite al número de veces que un congresista puede repetir curul, ninguna propuesta ha demostrado tanta capacidad de revivir como la del voto obligatorio. Tres o cuatro veces ha sido enviada al archivo por los congresistas, y esas mismas veces los ponentes se las han ingeniado de alguna manera para revivirlas e incluirlas nuevamente en las ponencias que se deben aprobar en el debate siguiente, dando una muestra inaceptable de falta de seriedad y de falta respeto a las decisiones anteriormente tomadas. Pero parece que en esta última ronda sí quedó muerta para siempre. Ojalá así sea, y los partidarios de esa medida antidemocrática acepten por fin que es necesario respetar el derecho a no participar, tan valioso como el de votar por uno u otro candidato o hacerlo en blanco. 

Los argumentos de quienes buscan el voto obligatorio son básicamente dos. Que es conveniente disminuir la abstención, que en Colombia es de aproximadamente la mitad del censo electoral, y que es una manera de hacer más difícil y costosa la práctica de la compra de votos. Ambas teorías son falaces. En primer lugar, el que haya abstención no ha deslegitimado nunca la validez de las decisiones tomadas por la mitad de la población votante. Quienes no votan, declinan su derecho a intervenir, y si no les importa que sean los otros los que deciden quién gana o quién pierde, es su problema. Están satisfechos con ese esquema, porque si así no fuera entonces votarían. Tienen la solución en la mano. Y si lo están, ¿por qué nos debemos preocupar los demás? 

Y en cuanto a la compra de votos, los partidarios de la obligatoriedad afirman que, al aumentar notablemente el número real de votantes, la compra de votos se acabaría porque resultaría más costosa. Eso es un sofisma. Si el número de votantes crece al doble, y el costo de la compra de votos se vuelve igualmente el doble., el único resultado es que los compradores de votos van a necesitar más plata, pero la conseguirán. Simplemente tendrán que hacer más productivo su triunfo electoral, y no dudemos sobre su capacidad de hacerlo. El mercado de votos moverá más plata, pero no hay forma de que desaparezca. Creerlo así es ser demasiado ilusos. 

¡Por fin, Hidroituango! En medio de la incertidumbre que causan en tanta gente algunos de los anuncios con que nos despierta cada día el presidente de la república, es reconfortante que aparezca alguna noticia esperanzadora. Los acontecimientos que han rodeado el larguísimo proceso de construcción de la hidroeléctrica de Ituango, y las dudas sobre la capacidad del macizo montañoso de resistir sin agrietarse las vibraciones que producirán sus enormes turbinas, habían mantenido en vilo a los directivos de las Empres Públicas de Medellín, EPM, a las autoridades de Medellín y Antioquia, y a los habitantes de la cuenca de río Cauca, aguas abajo de la represa. 

Finalmente, después de una evacuación general de esos habitantes, se ejecutaron las últimas pruebas técnicas a las dos primeras máquinas generadoras, y se puede respirar con tranquilidad. Ese billonario proyecto ha empezado a producir energía, al menos en una de sus turbinas que ya está entregando 270 de los 300 megavatios de su capacidad de diseño. Y la otra está lista para empezar a generar. 

Falta un trecho muy grande para la culminación de este gigantesco complejo. Quedan aún por instalar 6 turbinas, con lo que se completarían los dos mil cuatrocientos megavatios proyectados, pero este arranque inicial era una prueba de fuego que, superada con éxito, permite pensar que se llegará a obtener todo lo que se esperaba de la hidroeléctrica en términos de la producción de la energía renovable, lo que nos tranquiliza. Un fracaso en este desarrollo habría sido catastrófico para el país, no solo por la inmensa suma invertida en su construcción, sino porque nos conduciría rápidamente a un déficit de producción eléctrica que quién sabe cuándo y cómo se podría superar. Esperemos que se siga trabajando con igual ahínco para llegar a la terminación de esta gran obra. 

Solo queda una duda: Algunos técnicos exponen sus inquietudes sobre la resistencia a largo plazo del macizo, que podría ceder cuando ya esté soportando la vibración conjunta de las ocho turbinas. Otros, en EPM, niegan esa posibilidad. Hay que pedir a la empresa que haga todos los análisis que sean necesarios para asegurar la perdurabilidad de la obra, y ante la existencia de cualquier riesgo, por simple principio de precaución, asegure la reubicación de los habitantes del territorio de aguas abajo, para garantizar que no se vaya a presentar en el futuro una tragedia de incalculables consecuencias. 

¿Ferias sin toros? Puede, por supuesto, aunque no por ahora. Pero, por primera vez, un proyecto de prohibición de las corridas de toros en Colombia se acerca tanto a su aprobación definitiva. Ya lo fue, en segundo debate, después de que parecía hundido. A cambio de quitarle a la norma la inclusión que se había hecho en el sentido de prohibir también las peleas de gallos, el proyecto sigue adelante y es posible que termine convertido en ley de la república.  

Esto le ganara un problema a quienes viven de la fiesta brava, así como a las ferias de fin y principio de año. Sobre todo, a la Feria de Manizales, que fue creada a imagen y semejanza de la Feria de Sevilla (España), y siempre ha girado alrededor de los toros como su espectáculo principal. La Feria de Cali, que inicialmente nos copió la misma idea, fue derivando posteriormente hacia la salsa como su principal núcleo de atracción, y hacia la rumba generalizada. Si alguna vez se prohíben las corridas, le esencia de la celebración caleña no se verá muy afectada. De hecho, su importancia es menor: el número de festejos taurinos ofrecidos en esta feria ha venido disminuyendo poco a poco, y en la publicidad radial se hace ahora lo que era impensable hace 10 y más años: ofrecer localidades sueltas, y con descuento, cuando solo falta una semana par dar inicio a la temporada. En otras épocas, las entradas solo se conseguían por abonos completos para todas las tardes, y había que comprarlos desde un año antes. 

Pero si se acaban las corridas, los dirigentes de Manizales sí tendrán que hacer un esfuerzo grande para darle a nuestra feria una nueva estructura. Un nuevo motivo de diversión multitudinaria que promueva el turismo y la participación colectiva. La Feria de Manizales ofrece un buen número de actividades deportivas y artísticas, pero los toros han sido su gran atractivo. Se requiere algo más, que pueda lograr un gran prestigio internacional.  

La Feria de Cali tiene el salsódromo como espectáculo básico; el Carnaval de Río tiene la samba. La Feria de Manizales tiene las corridas de toros. Si estas se terminan ‒y es posible que no sobrevivan más de dos o tres años, sea porque efectivamente las prohíban, sea porque en pleno siglo XXI, en el mundo hispano ya soplan vientos que no le auguran un futuro muy largo a la tauromaquia‒,  Manizales tendrá que buscar algo muy sustancioso si pretende mantener la importancia de su Feria a nivel internacional. 

Por supuesto, existe el Reinado Internacional del Café, pero uno tiene la impresión de que los reinados, en general, han ido perdiendo importancia en el mundo.       Algo más hay que inventarse, que le dé a nuestra feria una gran trascendencia, mayor, incluso que la que tiene la actual, corridas incluidas. 

Hay ciudades en el mundo. que celebran eventos globalmente reconocidos. Nadie ignora lo que es el Festival de Cannes, o el Carnaval de Venecia, o el Festival de la canción de Viña del Mar, o las Quinientas Millas de Indianápolis o el abierto de Australia en Melbourne, o el Derby de Kentucky o la maratón de Boston. Habrá que inventarse algo así. Ese es el desafío. 

Petro y la situación peruana. El presidente Petro tiene pleno derecho a pensar como lo desee frente a la crisis del Perú, o frente a cualquier otro hecho de la política internacional. Al fin de cuentas, tiene afinidades ideológicas con el expresidente de ese país, Pedro Castillo, y es lógico que él le despierte su simpatía en este conflicto. Pero es por lo menos una falta de cortesía que el presidente de la república, que no es un ciudadano particular, minutos después de producirse el tiro en el píe que se dio Castillo, haya salido a apoyarlo, a pedir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la intervención, y la aplicación de medidas cautelares, a decir que se estaba acabando en el Perú con el derecho a elegir y ser elegido y a criticar las instituciones y el sistema judicial de un país hermano, cuando apenas empezaba a conocerse lo que estaba ocurriendo allí. 

Y después, muy mal acompañado por cierto, decidió publicar, en asocio con los presidentes de Venezuela, Méjico, Argentina y Bolivia, un comunicado manteniéndose en lo dicho. 

Esas son las cosas que hacen sentir a muchos demócratas de este país, gran temor por el futuro que nos depara este gobierno. Apoya a Castillo y le da la razón simplemente por ser de extrema izquierda, sin importar las barbaridades que cometa o la ignorancia supina que demuestre, y sin pararse a pensar que un rechazo como el que ha recibido su autogolpe, de parte de las instituciones democráticas peruanas, de la rama judicial ‒incluido el Tribunal Constitucional‒, de sus ministros que inmediatamente le renunciaron, de la policía peruana y del ejército ‒que no dudaron un instante en manifestar que la actuación de las autoridades era la correcta y que el intentar un cierre del congreso era una violación flagrante de la constitución‒ tenía que tener una clara validez, da muestras de un parcialización que lo puede llevar al intento de impomer un régimen despótico en nuestro país. 

Coletilla. Deseamos a los lectores que nos hacen el honor de leer estas líneas, unas fiestas de navidad y año nuevo llenos de experiencias deliciosas, y que la felicidad sea su compañía permanente en 2023, y también después.  

Y a quienes no nos leen, pues también les deseamos lo mismo.