21 de junio de 2026

El aquelarre

Por La Bruja sin Escoba
4 de diciembre de 2022
Por La Bruja sin Escoba
4 de diciembre de 2022

La reforma de la salud. Aquí no se quiere hacer oposición por capricho. Siempre se dice –y generalmente es cierto‒, que si al presidente le va bien, al país le va bien. Pero esa teoría falla cuando lo que logra el presidente cuando le va bien es sacar adelante decisiones o medidas perjudiciales para el país, para el gobierno o para la población. Y el experimento que pretende hacer este gobierno, volviendo nuestro sistema de salud a lo que había antes de la creación en 1946 del Instituto Colombiano de Seguros Sociales ‒ICSS‒ (posteriormente llamado ISS), época en la que solo había dos caminos para quien se enfermara, el camino de los ricos, que tenían cómo pagar de su bolsillo los mejores médicos, las más lujosas clínicas particulares, o hasta el viaje a la Clínica de Mayo en Rochester, y el camino de los demás, que consistía en hacer colas eternas frente a los hospitales públicos, donde eventualmente recibirían algina atención, bajo la modalidad llamada «de caridad». Posiblemente la que viene no volverá a llamarse así, pero será una atención de baja calidad, dada de mala gana y en condiciones ofensivas para la dignidad humana. Ese será el resultado de eliminar las EPS y entregar la administración de la atención a los enfermos a las secretarías salud de los municipios y departamentos.

A esta pobre Bruja ya decrépita y que pronto va a necesitar la atención terminal que se da a quienes estamos ad portas de la etapa final de nuestras vidas, y a los demás colombianos que se acercan a esa situación, nos aguarda un triste final, semiabandonados en grandes salas atestadas de moribundos. Ese es el destino que espera ahora a quienes hemos estado afiliados a las pocas EPS bien administradas que hay en el país, y que sentíamos la tranquilidad de que, cuando llegara esa hora, recibiríamos la mejor atención posible. Eliminadas tales entidades por Petro, fielmente acolitado por la ministra de salud, tendremos que perder esa esperanza y resignarnos al cruel destino que nos ofrece el gobierno, todo dentro de la lógica clásica del comunismo que busca la igualdad, no mejorando las condiciones de los menos afortunados, que es lo que debería hacerse, sino nivelando por lo bajo y desmejorando a los que están bien para que todos estemos parejos: en la olla. Esa es la realidad d la ‘igualdad’.

Todo con base en el mentiroso argumento según el cual en Colombia tenemos uno de los peores sistemas de salud del mundo, que se esgrimió mientras varias entidades internacionales se hacían lenguas en sus informes sobre los extraordinarios logros, ejemplo para el mundo, alcanzados en Colombia por este sistema a lo largo de los últimos 76 años.

Por supuesto, hay EPS regulares, y malas y pésimas. Pero el remedio no debería ser peor que la enfermedad. El señor Petro y su escudera en este campo, la señora Corcho, –tan cabecidura como dura es la madera del alcornoque, el mismo árbol cuya corteza también se llama corcho, y que ha demostrado una rabia invencible contra las EPS–, quieren acabarlas a toda costa en su totalidad, porque muchas funcionan mal, sin que se les ocurre pensar que lo que toca es lograr que esas lleguen a funcionar bien, para que emulen con las que ya lo hacen. Está bien pensar en privilegiar la prevención sobre la curación. Pero sin destruir las bases ya existentes en nuestro sistema de salud. Eliminar las EPS que no sirvan y transformar a las que sean susceptibles de mejora, sería la forma de que todas fueran de calidad, que es lo que se requiere.

Vuelve y juega el voto obligatorio. Parece un chiste: en medio de los esfuerzos por llevar a cabo una reforma del sistema electoral, se ha pretendido en varias oportunidades imponer una decisión que nos parece una violación indebida del derecho que tiene toda persona humana a participar o no en la política. Varias veces se han llevado al congreso propuestas de reforma constitucional.

En esta legislatura, el proyecto de voto obligatorio que se había vuelto a presentar, se había hundido en el primer debate. Lo propusieron una segunda vez, pero se hundió de nuevo y se ordenó su archivo. Así lo registramos en la columna de hace ocho días, la cual no pude enviar finalmente a publicación por alginas dificultases técnicas, por lo cual ofrezco excusas a los lectores.

Pero ahora, lo ponentes lo acaban de incluir nuevamente en su informe para el próximo debate. No se entiende cómo, si la decisión democrática fue el archivo de la idea, los ponentes se atreven a hacer caso omiso de ese resultado e insistir en su propuesta. Entonces, ¿para qué sirve que haya varios debates si las decisiones que se tomen se pueden ir desatendiendo más adelante? Es, por lo menos, una falta de seriedad y un irrespeto.

En todo caso, ojalá termine finalmente este drama. Que decidan si van a respetar el derecho de cada persona a participar o no en la contienda electoral, o si los ciudadanos van a tener que agregar un gasto más a los muchos que está generando este gobierno, para cubrir la multa que les caerá a quienes decidan mantener su decisión de no votar. Como lo harán muchos otros que, incluso, han sido fieles votantes a lo largo de sus vidas, pero por voluntad propia y no por imposición, y que esta vez, por reacción ante esta, se abstendrán.

Un oficio para la vicepresidenta. El poder es pa’ poder, se decía siempre. Y el presidente Petro ha mostrado que cree en ello y lo aplica. Ha logrado montar una aplanadora en el congreso, incluso con la ayuda de líderes de centro y de derecha, como el ministro de Hacienda, el otrora conservador José Antonio Ocampo, hijo del godísimo manizaleño Alfonso Ocampo Lodoño, y muchos otros conservadores y liberales de nombre que han decidido renegar de su ideología y unirse al carro de la victoria del gobierno de izquierda que triunfó en las elecciones.

Esa capacidad arrasadora le ha servido al gobierno para lograr la aprobación de la reforma tributaria, y le está sirviendo además para imponer una serie de decisiones importantes, algunas de ellas muy criticadas. Pero lo que sí parece un adefesio es el proyecto de ley que crea un nuevo fortín burocrático para acomodar a la señora Francia Márquez a la que, por lo que se ve, no la deja contenta su única función constitucional que consiste en sentarse a esperar una falta temporal o definitiva del presidente, para cambiar de asiento y pasare al solio de Bolívar.

No se justifica el despilfarro que significa crear ese nuevo ministerio. Esa platica hace falta para cumplir los programas sociales que ha prometido el presidente Petro. No la disminuyamos. El presidente le puede asignas tareas a la vice, sin que haya que organizarle un costoso despacho, con toda la burocracia y toda la dotación que ello requiere, mientras les sacan del bolsillo a los empobrecidos colombianos veinte billones de pesos para el plan del gobierno.

De paso, valdría la pena aconsejarle a la señora Márquez menos locuacidad. Eso de estar proclamando a los cuatro vientos, en el país y en el exterior, que se siente víctima de la discriminación, y que a cada rato se ve obligada a hacer saber que ella es la fórmula elegida con Petro, no resulta positivo. Con esas declaraciones, Doña Francia da la impresión de estar llena de rencor; uno entiende que le duela lo que debió ser una vida de carencias y humillaciones sin cuento que, por supuesto, no merecía ni se le desea a nadie. Pero si a punta de fuerza y mística logró superar esa situación y llegar a donde se encuentra ahora, debería enorgullecerse de ello y dedicarse a apoyar a su presidente… y a vivir sabroso.

¡Salvemos a Gorgona! Colombia tiene en el Océano Pacífico un verdadero tesoro ambiental, milagrosamente recuperado por la naturaleza a lo largo de muchos años, después de que había quedado tan deteriorado mientras estuvo allí la tristemente célebre colonia penal. Hoy es una joya natural de la que todos vivimos muy orgullosos.

Ahora, ese tesoro natural está en peligro. Aunque la información proviene del canal ruso RT (Russia today), órgano de propaganda creado por la Federación Rusa para hacer propaganda a sus gobiernos y atacar de manera permanente a los Estados Unidos y a sus países amigos, lo cual hace necesario recibir con beneficio  inventario todo lo que publica, resulta cierto que durante el gobierno de Juan Manuel Santos se autorizó la construcción de una base militar en Gorgona, como parte de los planes de colaboración entre los Estados Unidos y nuestro país en diferentes aspectos, entre ellos la lucha contra el narcotráfico. El proyecto sigue adelante y numerosas voces se han levantado para pedir su cancelación.

No se entendería que el gobierno de Gustavo Petro permitiera la continuación de ese proyecto depredador, totalmente opuesto a la clara idea que tiene el presidente sobre el fracaso de la lucha contra el tráfico de estupefacientes y a la necesidad, que ha enunciado a nivel global, de una política diferente para el tratamiento de ese problema. Estados Unidos es un país amigo y la colaboración entre Colombia y esa nación es una prioridad nacional en muchos campos, y entre ellos, en el de la conservación del medio ambiente. Esa nació deberá entender lo que ambientalistas y científicos han denunciado: que el desarrollo de esas obras sería un atropello contra un patrimonio natural invaluable para Colombia.

En la isla Gorgona existe un Parque Nacional Natural cuya vocación es la conservación de la biodiversidad terrestre y marítima, vocación incompatible con la construcción de esa base militar y con la presencia permanente en la isla de fuerzas armadas, tanto colombianas como norteamericanas.  Diversas opiniones se han hecho sentir en contra de esa obra, y nosotros queremos unir nuestras voces a esa campaña que busca defender nuestro patrimonio ecológico y lograr la cancelación de un proyecto a todas luces perjudicial.