21 de junio de 2026

El aquelarre

3 de septiembre de 2022
3 de septiembre de 2022

Por la Bruja sin Escoba

Ya que las obras que tratan de emprender los dirigentes manizaleños ‒el aeropuerto en Palestina, el desarrollo de la comuna de San José, la doble calzada entre el puente Doménico Parma y Tarapacá II, la zona franca en el kilómetro 41, el cabe aéreo a Los Yarumos, la proyectada línea 3, también del  cable aéreo, para no hablar de la nunca terminada carretea al norte del departamento, o la carretera de Caldas al Chocó a la que le quedó faltando, parece que irremediablemente, el tramito de 15 kilómetros entre Viterbo y Apía– tendrán que aguardar para su realización hasta que San Juan agache el dedo, esperemos que sean los pereiranos, ellos sí arrolladores y determinados, los que, con las muy importantes obras en las que están trabajando, nos ayuden a completar algunos de nuestros inconclusos proyectos viales, con desarrollos  que por fortuna nos sirven también a nosotros: la gran obra del tren de cercanías, la segunda calzada de la variante entre La Romelia y El Pollo que significa  nuestra salida al gran corredor vial Cartago-Buenaventura, el nuevo acceso a Matecaña desde esa misma variante a partir de su cruce con la carreta Pereira-Marsella, así como  el gran acercamiento a Medellín que se tendrá cuando logren que la Conexión Pacífico 3 sea también de doble calzada en toda su extensión. Cuando los dirigentes pereiranos culminen esta serie de proyectos, a nosotros solo nos tocará decir: «gracias Pereira». Y aprovecharlos a plenitud. Solo tendremos pendiente, para culminar nuestra inserción en el sistema vial del centro del país, un pequeño tramo de segunda calzada entre La Divisa y La Manuela, que nos permitirá aprovechar el ya existente entra La Manuela y Tres Puertas.

No me gusta doña Gloria Inés Ramírez, ministra del Trabajo. Se supondría que esa posición debe ser más la de un árbitro en la lógica competencia entre los empresarios y los trabajadores por la distribución de los ingresos de las empresas, y no un apoya más a los segundos contra los primeros. Toda concesión a los trabajadores disminuye la utilidad de los empresarios, y el encuentro del justo equilibrio debería ser el objetivo de la intervención de ese árbitro. No parece ser así en el caso de la señora Ramírez: aunque habla de unas mesas de concertación para dirimir los asuntos laborales entre los cuales quiere incluir la presentación al congreso de un proyecto de estatuto del trabajo que fue ordenado por la constitución de 1991 y que aún está pendiente, al escuchar sus intervenciones públicas se puede entrever su calidad de líder sindical, que en el fondo convertirá tales mesas en encerronas en las cuales el gobierno y los sindicatos se pondrán de un lado y los empresarios quedarán en el otro, obviamente en condiciones muy desfavorables. En estos procesos posiblemente no se va a tener en cuenta que sin empresarios no hay empresas y sin estas no hay empleo, ni consumo ni tributación. El regreso a los recargos nocturnos a partir de las seis de la tarde, y la disminución de la jornada laboral que ya fue ordenada por ley (y que debería estudiarse nuevamente), son factores que recargan peligrosamente el costo de la generación de empleo, y que no deberían, por lo tanto, imponerse alegremente sin un análisis muy riguroso, no vaya a ser que, por conceder a los trabajadores más de lo que la prudencia aconseje, el resultado sea contraproducente y resultemos aumentando el desempleo. Tampoco me gusta doña Irene Vélez filósofa, devota del ambientalismo, como ministra de Minas y Energía. Ya había mencionado este asunto en el anterior Aquelarre, pero veo la necesidad de insistir en el tema. Este es otro campo en el cual los fundamentalismos son altamente peligrosos. Su definida posición en contra de la producción de combustibles fósiles es, cuando menos, inoportuna. En la situación actual, en la que se requiere con urgencia obtener ingentes ingresos para el Estado, resulta incomprensible que dejemos enterrados nuestros hidrocarburos en lugar de aprovechar la coyuntura mundial para convertirlos en dinero contante y sonante. Las consecuencias de la invasión de Rusia a Ucrania y la correspondiente crisis geopolítica mundial, están obligando a Europa a aplazar sus planes de transformación energética. Alemania está tratando de recuperar las plantas de generación eléctrica que se alimentan con carbón, a pesar de que las habían parado y están abandonadas hace algún tiempo. Francia está volviendo a operar su generación nuclear, que también se estaba suspendiendo. Tienen que hacerlo, porque la alternativa es congelarse físicamente en este invierno que se avecina. Ninguna teoría en favor del ambiente puede sostenerse si el resultado va a ser la muerte de millones de europeos por hipotermia, Y nosotros, en lugar de aprovechar esa bonanza inesperada, estamos pensando en reducir ese 0,2% de CO2 que le genera al mundo nuestra ínfima explotación de petróleo y gas, cuando Europa y Asia lo que requieren hoy es que se les entregue más combustible porque en este momento, ante la inminencia del invierno, el asunto de la contaminación resulta, desgraciadamente, menos importante. Ante esta realidad, parece absurdo no buscar la forma de extraer y exportar la mayor cantidad posible de oro negro.

No todo pueden ser críticas al nuevo gobierno. Lo han atacado mucho porque nuestro país no asistió a la sesión de la Organización de Estados Americanos (OEA) del pasado 13 de agosto, en la que se condenó al régimen de Daniel Ortega en Nicaragua por las violaciones a los derechos humanos de sus opositores. El ministro de Relaciones Exteriores, Álvaro Leyva Durán ha explicado que la ausencia de Colombia en la citada reunión «se debió tanto a razones estratégicas como humanitarias y no ideológicas. La ventana de oportunidad para una acción humanitaria de envergadura en Nicaragua coincidió con la votación de ese día».

Evidentemente el régimen de Ortega es detestable, y por más que Petro sea de izquierda, no se puede asegurar que apoye sus actuaciones. Muy posiblemente lo dicho por Leyva es verdad. Es que la situación de Colombia frente a Nicaragua, quién creyera, es ciertamente vulnerable. La Corte Internacional de Justicia de La Haya le ha dado la razón a ese país en sus diferendos sobre límite marinos con el nuestro, y realmente es necesaria mucha prudencia en la búsqueda de una manera de convivir con esa realidad sin poner en peligro la supervivencia de los raizales de San Andrés los que, según el fallo, no pueden ingresar a la porción del mar que le fue asignada a Nicaragua, que es la más rica en pesca. El gobierno de Colombia tiene que lograr un acuerdo con Nicaragua para garantizar los derechos a la pesca que consuetudinariamente han tenido los sanandresanos en esas aguas cercanas a nuestras islas. Esto implica una gran dosis de diplomacia, dada la naturaleza camorrista de los nicas. De modo que, así Petro no fuera ideológicamente afín con Ortega, tiene que hacer cierto acopio de humildad para que nos «hagan pasito». Se juegan en ello la tranquilidad, la suficiente alimentación y el bienestar de nuestros hermanos del archipiélago.