14 de junio de 2026

Haciendo el oso

18 de junio de 2017
Por John Sajje
Por John Sajje
18 de junio de 2017

(Una fábula de animales)

Por: John Sajje

La ecología, el urbanismo y el animalismo, sin hablar de la militancia vegana,  no son para botar corriente. Hacia 1903 hubo un suceso que marcaría un hito en la industria eléctrica, la genialidad y el mercantilismo enfrentados por la distribución de la electricidad. Por un lado, Tomás Alva Edison y J.P. Morgan, con la empresa General Electric y su idea de la corriente continua y por el otro Nikola Tesla y la empresa George Westinghouse, a favor de la corriente alterna. Esta lucha es conocida popularmente como la Guerra de las corrientes. Esas empresas estaban detrás del negocio multimillonario de la distribución energética. Eso generó una guerra sin cuartel, con funcionarios corruptos de por medio, dólares a raudales e incluso, acciones sin hígados como la de  Edison de ejecutar en la silla eléctrica a una elefanta, llamada Topsy. Sí, el 4 de enero de 1903, ante 1.500 personas, Thomas Edison demostró la peligrosidad de la corriente alterna diseñada por su adversario Tesla. Topsy tenía 28 años, había matado a tres hombres, entre ellos el último de ellos, un borracho que la cuidaba, el cual abusaba de ella dándole de comer cigarrillos encendidos. Claro que antes le dieron a comer zanahorias rellenas de cianuro. Quizás por eso existe un monumento en honor a Topsy en el Coney Island Museum.

Hoy por hoy, existen otras corrientes. Unas que victimizan a los animales y los humanizan, otras que colmenizan la sociedad e incluso aquellas que planifican asentamientos urbanos y las que más, que rompen la montaña virgen sin hígados. Por eso no deja de ser una paradoja, llamar Tierraviva -Aurora a una urbanización que va a ubicarse en una reserva, para convertirla en ecosistema con el mayor depredador del planeta: el hombre. Mientras, los manizaleños presumimos de altura, cultura, limpieza y de tener buena agua; eso sin hablar del mejor avistamiento de aves, la mejor feria de América e incluso el pasodoble más hermoso del mundo, decimos sin tapujos que tenemos la mayor reserva de biodiversidad del mundo.

Entre los barrios La Sultana y Minitas , en la cordillera Central, está situada la Reserva Hidrológica, Forestal y Parque Ecológico de Río Blanco, con más de 362 especies de aves,  un orquideario, diversidad de fauna y flora andina y un oso emblema: Chucho.

Y entre tirios, troyanos  y medianoche, me acordé de una lucha de hace 14 años, cuando se logró convertir en reserva a Monteleón. Lo relacioné con el congelamiento de 5.000 hectáreas de suelo urbanizable del norte de la ciudad de Bogotá -La Conejera y la reserva (Thomas van der Hammen) urbanizadas por el POT de Peñalosa- Y  pensé ¡pero si tenemos un Alcalde más humano! ¡Con más oportunidades! Y un concejo ¡impoluto! Si nuestro burgomaestre no tiene como eje los bolardos y el cemento ¿qué pasó? Hubo sorpresa en mi rostro cuando me acordé  de Tauramena, Cajamarca y Cumaral.  Ellos, como comunidades,  fueron capaces de decirle a Mansarovar, a la  AngloGold Ashanti y a los cacaos de este país a partir de  la ley 134 de 1994: ¡NO!

Entonces me dije si somos la cuna de “Los leopardos”, una raza tan orgullosa ¿qué nos detiene para decirle a los señores Calderón y Montoya: ¡No!? Vino a mi mente una  sentencia de Desmond Tutu: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”, pero la frase sigue “Si un elefante tiene su pata encima de la cola del ratón y tú dices que eres neutral, el ratón no apreciará tu neutralidad”. ¿Fue el Concejo neutral?

Entonces me acordé de Chucho, un emblemático oso de anteojos, que en un país folclórico, permeado por el fútbol, como solución inmediata ante las crisis, terminó en la casa de la selección. Salió con todas las medidas de seguridad, con su propia “zanahoria”-según Aguas de Manizales y Corpocaldas- para un lugar más digno: ¡un zoológico! Allí está la coartada y trinchera de un POT de mil millones como maquillaje de una realidad fea.

Allí los niños le tirarán comida y le miraran con asombro. En la reserva era un oso de anteojos. Allí, en “La arenosa”  será un oso derrotado ante ojos que lo mirarán  con indiferencia. Ahora sí le darán una compañera. Él, es la primera víctima del proceso de expansión urbanística de la ciudad en detrimento de los intereses ecológicos y algún día un animalista se disfrazará de oso en un desfile de la Feria y quizás Chucho tenga un monumento en algún museo.

No Sobra decir que Nikola Tesla acabó demostrando que tenía razón y ganó la Guerra de las corrientes, pero igual Topsy ya estaba muerta.

A propósito ¿Qué podría apreciar de ti el asombrado ratón? ¿Hizo el oso el Concejo o se hizo el de las gafas?

¡Ponga la moraleja!