Letras para el café
El menú de letras para el café es una atractiva combinación de la tonificante bebida y de nombres de nueve notables figuras de la literatura: un bogotano, un macondiano, una barranquillera, una chilena, un paisa, un cubano, un gringo, un irlandés y un argentino. Traemos para la muestra, unos cuantos botones de la original propuesta.
En el listado de cafés fríos encontramos el café Pombo con la respectiva composición: “Exquisita malteada de café preparada con café soluble, helado de vainilla y leche para activar el espíritu lúdico y fabuloso de nuestra alma infantil”.
Viene a continuación el café García Márquez (granizado) con su infaltable lista de ingredientes: “Una fantástica preparación a base de leche entera, azúcar, café liofilizado, leche en polvo y esencia de vainilla que logra un verdadero realismo mágico”.
El café Meira del Mar consiste en un granizado con crema chantilly, anunciado como “una dulce y sensual mezcla ideal para evocar amores lejanos”.
La oferta de cafés calientes es larga y generosa: Café Mejía Vallejo (carajillo) promocionado así: “La más deliciosa combinación de café expresso y anís dulce, con ese toque especial que une el aroma rural y la vitalidad urbana”.
Café Carpentier (capuchino moca) preparado también con café expresso, leche entera, chispas de chocolate, crema de café y el toque secreto que dio brillo a la mesa servida en El Siglo de las luces”.
Café Hemingway (capuchino con licor): “Una osada combinación de café expresso y leche entera con licor a elección del cliente (crema de café, amaretto o crema de whisky) para despertar emociones y deseos de aventuras”.
Café Joyce (café irlandés caliente): “Café expresso con crema batida, azúcar y whisky, mezcla que inspira a caminar 24 horas por los laberintos de la ciudad”.
Finalmente, el Café Cortázar es descrito como ”la sencillez y el misterio de un sabor imposible que se mezclan en este café aromatizado con jengibre”, y el Café Mistral: “íntimo, sencillo y encantador”.
La carta –que también incluye bebidas frías de todo género, vinos, cervezas, menú de comidas ligeras como tabla de quesos, albóndigas, choricitos y pastelería— rescata un sabio consejo que les dio a sus conciudadanos de la época el general Rafael Uribe Uribe, en el marco de su cruzada para masificar entre los colombianos el consumo interno de café:
“El café (decía el mártir de las escalinatas del Capitolio) debe ser también complemento digestivo del almuerzo, las onces, la comida y la cena; es decir, consumirse cinco o seis veces diarias”.
El caudillo proponía que el consumo de café negro fuera obligatorio en todas partes: oficinas del gobierno, cuarteles del ejército y de policía, cárceles, internados de colegios y universidades, cuadrillas de obreros de ferrocarriles y caminos”.
Quería generalizar en el país el uso del café porque encontraba en ello tres grandes ventajas: 1) Buscarle al grano mercados nacionales. 2) Procurarle al pueblo un buen alimento y 3) Combatir el alcoholismo.
La apostilla: Coincide esta evocación del general Uribe con el trago amargo que apuran por estas calendas los cafeteros colombianos, al tener una paradójica bonanza sin existencias del grano y la cosecha de mitaca que se perdió por el fenómeno climático, la roya, la broca y la ausencia de crédito de capital de trabajo. Este colapso ha llevado a nuestro país a pasar de ser el segundo productor mundial al modesto cuarto lugar, después de Brasil, Vietnam e Indonesia.