Ya casi, 26 años sin Argos
El tiempo pasa volando. Estamos próximos a cumplir veintiséis años de la desaparición física de Roberto Cadavid Misas, “Argos”, el más agudo, pertinaz, certero y ameno crítico del lenguaje que tuvo el periodismo nacional en el siglo pasado.
En el recuerdo de millones de colombianos permanece viva la llama que encendió este inolvidable e irrepetible gramático antioqueño, nacido en Andes, Antioquia, en noviembre de 1914, y fallecido repentinamente, en Medellín, el 15 de agosto de 1989.
En sus 75 años de vida tuvo tres profesiones: Ingeniero civil, escritor y cazador de gazapos y profesor universitario. En todas siempre se sintió muy a gusto. En los últimos 13 años de su existencia cambió la ingeniería de carreteras´ que ejerció durante 42 años, por la arquitectura de las palabras.
La irrupción de “Argos” –-sin los cien ojos del personaje mitológico creado por Homero– constituyó un gratificante y saludable suceso en el diarismo nacional que no se nutría todos los días de valores como él. Llegó con fuerza tan avasalladora que todos los diarios querían tenerlo en nómina. Sus columnas llevaban sabrosas dosis de buen humor, sal, pimienta, ají picante, gracia e ironía, sin mortificar, ni zaherir a nadie. Hubo amor desde la primera “Gazapera” entre don Roberto y la Colombia de los gramáticos que lo respetó, veneró, admiró, acató y disfrutó de su enorme talento y de su donairosa pluma.
Con su presencia en los medios periodísticos comenzó a tener entidad en el país el oficio de cazador de gazapos. El éxito alcanzado por este hombre menudo, de baja estatura, puso a los directores de otros diarios diferentes a El Espectador y El Colombiano a buscarle competidores que le dieran la talla, pero no los encontraron. El Tiempo tenía al filólogo bogotano Alfredo Iriarte, pero su corte era muy doctoral, demasiado rígido o académico; carecía de la chispa que caracterizaba a “Argos”. Poca gente sabía de la existencia del antioqueño don Abel Méndez, que sostiene su Gazapera semanal en El Espectador, o de los eruditos caldenses Bernardo Cano García, “Berceo”, (que en gloria esté) y Efraím López Osorio, colaboradores de La Patria, de Manizales.
Para justificar la acogida que el público lector dio a su trabajo, “Argos” afirmó una vez, en una charla, en la agencia Colprensa: “Es que a todo el mundo le encanta que critiquen a los demás, pero a uno no”. En materia de gazapos no respetaba pinta: En sus columnas tenía cabida errores que detectaba en las obras del Nobel Gabriel García Márquez, en los discursos presidenciales o las intervenciones de los ministros de entonces.
“Yo no me las sé todas, pero si sé dónde buscar o consultar las cosas cuando las necesito”, solía decir don Roberto, quien en asocio de su fiel amigo, el médico y escritor Jorge Franco Vélez, autor de la novela “Hildebrando”, dedicaba en su biblioteca largas horas a una ciencia que los dos llamaban “La averiguática”, consistente en explorarlo e indagarlo todo.
Tras la muerte repentina del maestro, el doctor Franco tuvo la afortunada iniciativa de organizar y reunir en dos estupendos libros publicados por la editorial de la Universidad de Antioquia, lo mejor del basto repertorio del amigo que se fue: acrónimos, americanismos, anglicismos, arcaísmos, barbarismos, colombianismos, expresiones bien empleadas, etimologías, eufemismos, galicismos, idiotismos, impropiedades, italianismos, muletillas, neologismos, paremiología, pleonasmos, uso de lagunas preposiciones y uso de los signos de puntuación. Esta enriquecedora gama está devotamente compilada en los tomos titulados “Gazaperas Gramaticales” y “Refranes y dichos”. También hacen parte de la bibliografía de “Argos” las obras “Cursillo de mitología”. Igualmente, se consigue su ensayo titulado “El lenguaje de las exageraciones paisas”, que leyó en Bogotá, al ser recibido en la Academia Colombiana de la Lengua.
Nos sigue haciendo muchísima falta, doctor Roberto!
