23 de junio de 2026

Matecaña cierra 2025 con récord de pasajeros y un mapa de obras que reestructura su futuro

20 de noviembre de 2025
20 de noviembre de 2025

Pereira, 20 de noviembre 2025. A pocas semanas de que termine el 2025, el Aeropuerto Internacional Matecaña (AIM) atraviesa uno de los momentos de mayor crecimiento de su historia reciente. El sostenido aumento del tráfico aéreo —impulsado especialmente por la demanda internacional— no solo está modificando las proyecciones financieras de la terminal pereirana, sino que está acelerando un conjunto de obras que buscan responder a la presión operativa de un aeropuerto que ya supera los tres millones de viajeros al año.

Un crecimiento que obliga a reconfigurar la infraestructura

El dinamismo del flujo de pasajeros se refleja en una cifra poco habitual para una terminal intermedia: un promedio de 7.197 viajeros diarios y 63 operaciones aéreas. Este comportamiento, explicado por un mayor interés de aerolíneas y viajeros por las rutas internacionales desde Pereira, se traduce en un aumento de ingresos que está permitiendo ejecutar proyectos estratégicos.

Uno de ellos es la intervención del acceso vial y peatonal desde Portal de la Villa, que ya alcanza un avance cercano al 75%. Esta obra, que incluye andenes, cicloruta e iluminación, busca resolver una de las zonas históricamente más congestionadas del entorno aeroportuario. Además, tiene una segunda fase proyectada hacia los próximos años para extender la conexión hasta el sector de la torre de control.

A estos trabajos externos se suman adecuaciones internas en la terminal de pasajeros, enfocadas en mejorar el tránsito de viajeros y optimizar la capacidad operativa en horas pico, un reto creciente a medida que el AIM acorta la brecha hacia su límite físico.

Crédito: Aeropuerto Matecaña

2026: el año de la calle de carreteo, la obra más crítica

Durante una sesión descentralizada del Concejo de Pereira, el gerente del aeropuerto, Luis Fernando Collazos, expuso que la prioridad para el 2026 será iniciar la construcción de la calle de carreteo hacia la cabecera 26, una exigencia de la Aeronáutica Civil para elevar la seguridad operacional.

Esta vía permitirá que mientras una aeronave se desplaza desde la plataforma hasta la cabecera, otra pueda aterrizar sin interferencias, reduciendo tiempos de ocupación en pista, uno de los principales cuellos de botella actuales. El objetivo es culminar este año la actualización de estudios y diseños a fase 3, etapa previa al inicio de obras. La primera parte del proyecto tendrá 300 metros de longitud y demandará una inversión cercana a los $10 mil millones.

El análisis técnico también contempla el futuro del lado opuesto, la cabecera 8, donde se prevé la necesidad de nuevas plataformas y otra calle de rodaje. Sin embargo, esta expansión requiere negociar con la Diócesis de Pereira, propietaria de terrenos del cementerio Prados de Paz, el cual bordea la zona de seguridad aeroportuaria.

Concesión con fecha de cierre anticipado

El aeropuerto opera bajo el modelo de concesión desde 2017, cuando OPAM asumió la administración a cambio de construir la nueva terminal. El contrato fijó un límite de 20 años o hasta completar el pago total de la obra.

Las cifras actuales muestran que ya se ha cancelado más de la mitad de la obligación—más de $114 mil millones de los $228 mil millones pactados—, lo que anticipa que la concesión culminará antes de lo inicialmente previsto. Este escenario abre un debate sobre la estructura futura del aeropuerto y sobre su sostenibilidad financiera una vez regrese a la administración pública.

¿Un aeropuerto suficiente o un proyecto con fecha de caducidad?

Aunque la capacidad actual del Matecaña se estima en cinco millones de pasajeros por año, el ritmo de crecimiento obliga a mirar más allá de los números del presente. Distintos expertos en infraestructura han señalado que, hacia el largo plazo, Pereira deberá considerar una relocalización o ampliación radical del aeropuerto, principalmente por la limitación física del terreno y la dificultad de construir una pista más larga en la zona actual.

El planteamiento no busca una reubicación inmediata, pero sí abre la discusión estratégica sobre cómo sostener el aumento de operaciones sin comprometer la seguridad ni la competitividad aérea de la región.