3 de junio de 2026

EDITORIAL El triunfo incómodo del Pacto Histórico

Por La Redactora
28 de octubre de 2025
Por La Redactora
28 de octubre de 2025

 

La consulta del Pacto Histórico del 26 de octubre fue una jornada triunfal en las urnas, pero incómoda en su mensaje político. Con 2,7 millones de votos, la izquierda logró un resultado sólido, que la consolida como la fuerza más organizada del país. No obstante, lo que debía ser una demostración de madurez democrática terminó dejando un eco de desconfianza. En su intento por celebrar una victoria, el petrismo volvió a mostrar su cara más contradictoria: el de un movimiento que gana, pero no confía; que lidera, pero siempre se queja del sistema que lo sostiene.

El contraste con 2022 es inevitable. En aquel entonces, Gustavo Petro arrasó con más de cinco millones de votos en la consulta que lo catapultó a la Presidencia. Tres años después, su movimiento apenas alcanzó la mitad de esa cifra. La diferencia no es solo numérica: es indicativa. El entusiasmo ciudadano que acompañó a Petro en su ascenso se transformó en disciplina partidista, sin el mismo fervor. La izquierda se mantiene fuerte, sí, pero ya no inspira. Lo que antes era una ola de esperanza hoy parece una estructura de poder más, que depende de su maquinaria y de su relato de victimización para seguir a flote.

El episodio más revelador de la jornada fue la insólita petición del Pacto Histórico de ampliar una hora la votación por supuestas “largas filas” en algunos puestos. Una solicitud que raya con lo absurdo: en democracia, las reglas no se cambian en medio del juego. La ley se respeta, y pretender modificar el horario electoral en tiempo real demuestra una peligrosa falta de seriedad. Ni siquiera en elecciones nacionales o presidenciales recientes se había visto algo así. Esa actitud, lejos de fortalecer la confianza, la deteriora. Porque si cada elección se convierte en un pulso político con la Registraduría, lo que se pone en riesgo no es un resultado, sino la legitimidad del sistema electoral.

Y ahí radica el gran problema: el petrismo parece incapaz de celebrar un triunfo sin poner en duda el aparato estatal. Desde el presidente Petro hasta sus voceros más visibles, el discurso volvió a girar en torno a la duda: que si las mesas fueron pocas, que si el software no es confiable, que si la Registraduría “no garantiza el voto libre”. Lo mismo de siempre, incluso cuando ganan. En un país con una democracia frágil, esas palabras tienen consecuencias. Si se cuestiona el sistema desde el poder, ¿qué queda para cuando ya no lo tengan?

La consulta también dejó un mapa político predecible: la izquierda es fuerte en la periferia, pero débil en los centros urbanos. Bogotá, otrora bastión progresista, redujo su participación a la mitad frente a 2022. En Antioquia y el Eje Cafetero, la fuerza del Pacto sigue siendo marginal. Iván Cepeda surge como el gran ganador del día, un político serio y disciplinado, pero sin el magnetismo de Petro. Su triunfo interno lo legitima dentro del movimiento, aunque su reto es enorme: convencer a un electorado más moderado que lo asocia con la izquierda más radical.

Además, la nueva cara del Pacto combina activismo digital con viejas maquinarias. Influencers, contratistas y caciques locales se mezclan en la lista al Congreso, un reflejo del pragmatismo que hoy domina al petrismo. Lo que alguna vez se presentó como una transformación ética, terminó pareciéndose demasiado a lo que prometía cambiar. El mensaje del cambio ya no conmueve: se convirtió en rutina.

La consulta fue una victoria electoral, pero un revés. El Pacto Histórico demostró que aún puede ganar, pero también que ha perdido su brújula moral. Pedir cambios de horario en plena votación, atacar a la Registraduría y sembrar dudas sobre las directrices no es revolucionario: es irresponsable. La izquierda colombiana, que alguna vez representó la esperanza de un nuevo comienzo, parece hoy atrapada en el poder y sus trampas. Y mientras Petro celebra la cifra como un éxito, la verdad es que la consulta dejó al descubierto algo más profundo: que su proyecto político, aunque sigue vivo, ya no late con la misma fuerza.

 

XG