4 de junio de 2026

Editorial Colombia busca oxígeno financiero en los BRICS

Por La Redactora
20 de junio de 2025
Por La Redactora
20 de junio de 2025

En un movimiento que confirma el reacomodo paulatino del sistema financiero internacional, Colombia fue aceptada este jueves como miembro del Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), la institución creada por el bloque BRICS como alternativa a la tradicional arquitectura de Bretton Woods. La decisión, celebrada por el gobierno de Gustavo Petro Urrego como un hito estratégico, marca un paso simbólico y financiero hacia nuevas fuentes de financiamiento, en un momento en que las relaciones con los organismos multilaterales occidentales enfrentan tensiones crecientes.

«Colombia se une oficialmente al banco de los BRICS», anunció la canciller Laura Sarabia. “Seguimos abriendo camino hacia nuevas oportunidades para el país”, agregó, subrayando el enfoque del Ejecutivo hacia una política exterior más diversificada.

El NDB, fundado en 2014 por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y hoy presidido por la expresidenta brasileña Dilma Rousseff, fue concebido como una respuesta a las limitaciones del sistema multilateral tradicional, dominado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Ambos organismos nacieron tras la Conferencia de Bretton Woods en 1944, de la que Colombia fue signataria con una activa participación del entonces ministro Carlos Lleras Restrepo. Desde entonces, la interlocución fluida con esa banca multilateral ha sido una constante en la política económica colombiana.

Sin embargo, la nueva coyuntura global, marcada por una mayor presencia de China en América Latina y el endurecimiento de posturas por parte de Washington, ha alterado ese equilibrio. La reciente advertencia de Estados Unidos de que se opondrá a nuevos desembolsos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para proyectos controlados por empresas chinas en Colombia, evidencia una tensión geoeconómica que va más allá de los balances fiscales.

En este contexto, el acceso a financiamiento del NDB no es simplemente una alternativa técnica: es una declaración política. Supone, por un lado, mayor margen de maniobra para un gobierno que ha apostado por una ambiciosa agenda de infraestructura; por otro, implica un viraje en la brújula de alianzas financieras del país. No es un divorcio con el sistema multilateral occidental, pero sí una apertura explícita a mecanismos que operan bajo otras reglas, menos condicionadas por los marcos tradicionales de política macroeconómica.

Colombia, como otros países latinoamericanos con salida al Pacífico, ha visto en la Iniciativa de la Franja y la Ruta —el colosal plan de inversiones globales liderado por China— una oportunidad para acelerar proyectos históricamente postergados. Y si bien la banca multilateral sigue jugando un rol clave en la estabilidad financiera global, nuevas entidades como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, el Banco de Desarrollo de China o el mismo NDB están redibujando el mapa del crédito internacional.

La pregunta de fondo no es si estas alternativas son buenas o malas, sino si los gobiernos sabrán utilizarlas con responsabilidad. Endeudarse más barato no garantiza mejores resultados si los recursos no se destinan a proyectos rentables y sostenibles. En ese sentido, el ingreso de Colombia al banco de los BRICS no debe interpretarse como un desafío al statu quo, sino como una señal del nuevo equilibrio multipolar en ciernes.

Porque si algo ha cambiado en los últimos veinte años es la distribución del poder económico. China e India no solo lideran el crecimiento global; también empiezan a dictar parte de las reglas. Y aunque ese proceso aún es incipiente, la decisión colombiana se inscribe en una lógica que trasciende lo financiero: adaptarse a un mundo donde ya no hay un único centro de gravedad económica.