El aquelarre
Las obras de los Juegos. Según lo publica el diario La Patria el miércoles pasado bajo el título «Obras atrasadas por todo lado», existe en Manizales una serie de procesos de construcción cuyo avance muestra una desesperante lentitud, tales como la planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR), el intercambiador de Los Cedros y, sobre todo, algunas obras que tienen fecha límite de entrega por estar destinadas a la realización de las competencias deportivas asignadas a Manizales como parte de los Juegos Deportivos Nacionales que deben celebrarse el próximo mes de noviembre en Caldas, Risaralda y el Quindío. Y también en el lago Calima en el Valle del Cauca.
En lo que toca a Manizales, la principal preocupación la constituyen, según parece, las obras del Complejo Acuático del Bosque Popular El Prado. El Comité Organizador de los Juegos le ha pedido a la curaduría de Manizales que acelere la expedición de la licencia de construcción de esa obra, en la cual se deberían desarrollar las competencias subacuáticas de piscina de los Juegos, y que sería la única instalación nueva que le dejarán a Manizales esos Juegos, ya que la otra que estaba planteada, el coliseo multipropósito, fue cancelada por las desavenencias que se presentaron entre la alcaldía de Manizales y la gobernación de Caldas. Ahora bien: si la curaduría no expide la licencia de aquí al primero de mayo, esa construcción no se llevará a cabo, al menos antes de la fecha de los Juegos, y seguramente Manizales perderá la sede de esa competencia.
La verdad es que las esperanzas que puede haber tenido nuestra ciudad sobre un mejoramiento del inventario de obras deportivas que se hubiera podido lograr por ser una de las sedes de los Juegos, se han visto frustradas. Ojalá la obra más importante en Caldas para los Juegos, el Centro Internacional de Aguas Abiertas de Cameguadua en Chinchiná sí se logre terminar a tiempo. Será el único beneficio real que le quedará a nuestro departamento de esa aventura que ha sido tan mal manejada por nuestras autoridades.
Las mociones de censura. Esta figura, creada por la constitución de 1991, es un típico saludo a la bandera. Las decenas de veces que se ha intentado sacar adelante una moción de censura, los ministros han salido incólumes del episodio. Solo una vez algún ministro ha decidido renunciar antes de la votación final, a pesar de lo cual, el resultado del debate fue favorable al ministro renunciado.
Y es que la moción no consiste en un proceso administrativo o fiscal, sino en una simple confrontación política. Si un gobierno cuenta con mayorías en el congreso, no existe ninguna posibilidad de que alguno de sus ministros resulte derrotado. Acaba de ocurrir con la señora Irene Vélez. Con sobradas razones, un grupo de parlamentarios trató de convencer al congreso de que esta señora no daba la talla para conducir la cartera de Minas y Energía. El ensayo fue un fracaso total. Con notable mayoría, la ministra salió triunfante. El intento solo sirvió para darle la oportunidad de hacer un discurso de victoria y desmentir con orgullo todos los argumentos válidos que generó su desalada gestión.
Las amenazas de Roy. Digan lo que digan, las palabras del presidente del congreso, Roy Barreras, según las cuales la no aprobación de las reformas que está tratando de imponer el gobierno Petro a la nación colombiana podría conducir a un nuevo estallido social, son una velada amenaza, o no tan velada, contra nuestra democracia. Por más que el presidente Petro haya ganado las elecciones, casi la mitad de los votantes lo hicieron conta él. De modo que no puede decir que sus ofertas de campaña hayan recibido el apoyo multitudinario del pueblo colombiano. La mitad del censo electoral se abstuvo de participar en la elección.
Y, por supuesto, el juego democrático consiste en que el gobierno presente sus propuestas y es el debate parlamentario el que define si se convierten o no en leyes de la república. En eso estamos. Las cosas no son como las plantea la ministra Corcho, quien se va lanza en ristre contra los medido de comunicación y sostiene que son estos los que están decidiendo la suerte de esas propuestas. No es cierto. Los medios registran las diferentes opiniones y participan en el debate público según su línea editorial. Tienen el derecho de hacerlo, como lo tienen todos los ciudadanos. Y es el congreso el que define si las propuestas se acogen o no. Y la decisión es válida, sea que cada congresista la haya votado por decisión personal, o por diciplina partidista si ha habido decisiones de bancada.
Pero lo que no se puede aceptar es que se trate de imponer a la brava la aprobación de las reformas. No puede el gobierno, directamente o a través del presidente del senado, forzar con amenazas una votación favorable para evitar un levantamiento popular violento y destructor. La democracia es el gobierno de la mayoría, pero con respeto a las minorías. Y, aunque no tenemos cifras exactas, es evidente que los once millones y medio de personas que votaron por Petro incluían a muchos que entendían el desastre que habría significado el acceso al poder del ingeniero Rodolfo Hernández, y escogieron lo que consideraban el mal menor. De modo que no es cierto que todos esos millones de votantes estaban respaldando las propuestas de Petro.
Por otra parte, la escasa mayoría alcanzada por el gobierno se desdibuja si a los votos por Hernández en la segunda vuelta se les suman los votos en blanco. Que nadie puede negar que fueron también votos contra Petro. Así que la mitad de los votantes está con Petro, pero la otra mitad no. Además, esas dos masas conforman solo el 50% de los ciudadanos. Los otros, los que se abstuvieron, son la otra mitad, y nadie puede contarlos como respaldo al gobierno que resultó elegido. Por eso es necesario que sea el congreso, a través del debate civilizado, el que defina cuáles de las propuestas del gobierno deben convertirse en leyes y cuáles no.
A 40 años del terremoto. Hace 3 días se cumplieron 40 años del terrible terremoto que semidestruyó a Popayán. Esa semana santa habíamos ido con un grupo de amigos a pasear el Ecuador. La vía entre Tulcán y Cali estuvo cerrada varios días, por lo que tuvimos que regresar por vía aérea desde Ipiales. En esa época había dos vuelos diarios en los Twin Otter de Aces entre las dos ciudades. Era u vuelo directo y, por lo tanto, no tuvimos oportunidad de observar los destrozos de la tragedia. Semanas después pudimos viajar a Popayán y darnos cuenta de la magnitud del desastre. Fue francamente aterrador.
Por malhadada coincidencia, en estos días, se viven en los alrededores del Nevado del Ruiz las amenazas de una posible erupción. Sería un evento de índole diferente al terremoto, pero podría ser igualmente devastador. Las autoridades han hecho sonar las alarmas y están tomando todas las previsiones posibles para salvar a la población de las consecuencias de una avalancha la de Armero. Esta vez estamos advertidos. Se tiene prevista la posible evacuación de más de 50.000 habitantes de unos 20 municipios de Caldas, Quindío, Risaralda, Tolima y Cundinamarca. Esperemos, sin embargo, que no se llegue a necesitar semejante movimiento de personas.
El ultimátum al ELN. Hace bien el gobierno en mantener abiertos los diálogos con el ELN. Cualquier esfuerzo que pueda conducir al fin del conflicto armado con esa organización se justifica plenamente. La paz es un bien superior que debe buscarse por todos los medios. Apenas se firmaron los acuerdos de Santos con las FARC, el país logró vivir un período de paz que nos permitió disfrutar de una gran tranquilidad que, aunque no duró mucho, sí nos mostró lo que era vivir sin guerra. Fueron unos meses maravillosos.
De modo que, ¡adelante con las negociaciones! Pero está muy bien que se exija a la guerrilla algún esfuerzo por mostrar cierta voluntad de paz. No podemos ser ingenuos. Es muy difícil porque, como dice Gilberto Tobón Sanín, el ELN es el brazo armado de la teología de la libración: son unos fanáticos. Es necesario tener algún indicio válido de que esa guerrilla sí tiene en la mira alguna intención de llegar a la paz, pues de lo contrario todo va a ser tiempo perdido.
