21 de junio de 2026

El aquelarre. Vuelven los días sin Iva

Por La Bruja sin Escoba
1 de octubre de 2022
Por La Bruja sin Escoba
1 de octubre de 2022

Los días sin IVA. El jueves pasado nos encontramos con una noticia que generó cierta tranquilidad entre quienes tememos que el nuevo gobierno va a ser uno de imposiciones antidemocráticas: el señor Petro y su mianhacienda Ocampo anunciaron la resurrección de los días sin IVA, cuya desaparición definitiva había sido difundida a los cuatro vientos durante la pasada campaña presidencial.

Es una señal positiva sobre el talante del nuevo gobernante: a pesar de contar en el congreso con la aplanadora política que le han ayudado a crear los partidos de centro y de derecha que han renunciado a sus convicciones ideológicas para declarase partidos de gobierno y subirse al tren del triunfo de la extrema izquierda, lo que le permitiría imponer cualquier convicción propia sin demasiada dificultad, ha decidido escuchar en este caso a la Federación Nacional de Comerciantes y modificar la decisión anterior: vuelven los días sin IVA, aunque con algunos cambios respecto al esquema anterior, ya que en 2023 no serán tres días sino dos, habrá variación en los montos y topes de los bienes a los que se aplicará el beneficio y se aplicará únicamente a productos nacionales, no a los de importación.

Con este anuncio se envía un buen mensaje a la ciudadanía. Hay en el gobierno disposición al diálogo, al análisis, y a la concertación en la toma de decisiones. Da la impresión de que, en Colombia, el inédito triunfo de la izquierda no significará, como en Cuba, Venezuela o Nicaragua, la desaparición de la democracia. Y esa impresión crece cuando vemos reunirse al presidente Petro y al líder más importante de la oposición, el expresidente Álvaro Uribe, para conversar sobre temas trascendentales para el futuro del país. Ojalá ese clima de distensión se mantenga en el futuro. Y, también, que Petro no dé marcha atrás en su decisión de escuchar otras opiniones.

Pero no todo es tan positivo. Al analizar con mis contertulios las actividades paradiplomáticas de la señora Verónica Alcocer, realmente no estamos tan seguros de que se esté violando gravemente ninguna norma legal al encomendarle algunas misiones en el exterior. Es evidente que, si Petro hubiese asistido a esos eventos, o si la delegada hubiese sido doña Francia Márquez, no se habría despertado el escándalo en que están enfrascadas las redes sociales e incluso algunos programas de opinión serios, y otros no tanto, en la radio y la televisión. Al menos en dos de las citas internacionales a las que asistió la señora Alcocer, los funerales de la reina Isabel II y los del señor Shinzo Abe, ex primer ministro del Japón, el envío de su propia esposa a representarlo al no ir personalmente el presidente, significaba más simpatía y más calidez humana.

Por otra parte, si bien es cierto que el artículo 126 de la constitución prohíbe a los servidores públicos «nombrar como empleados a personas con las cuales tengan parentesco hasta el cuarto grado de consanguinidad, segundo de afinidad, primero civil, o con quien estén ligados por matrimonio o unión permanente», nos parece que eso no le impide al presidente pedirles que lo representen en ciertos eventos o actividades, ya que ese no habría sido un nombramiento como empleados públicos y no iban a recibir sueldos por su trabajo. Hasta aquí, creemos que todo está bien.

Peca sin embargo el presidente, y en materia grave, por lo inoportuno de esa designación, dadas las actuales circunstancias de tesorería del país, así como por algunas decisiones adicionales que comentaré a continuación.

En cuanto a la oportunidad, no parce apropiado que, mientras se va a obligar a los ciudadanos a tragarse el sapo de los veinticinco billones de pesos que quieren sacarles del bolsillo ‒a los ricos, por supuesto, pero también a la clase media y a los pobres a través de alzas en la gasolina, impuestos «saludables», cobros de cédula electrónica, y cualquier otro mecanismo que se les ocurra inventar de aquí a la aprobación de la reforma tributaria‒, se gasten millones de pesos en unas actividades sociales que, si no las va a ejercer el presidente, lo cual podría ser muy importante para las relaciones internacionales el país, bien podrían delegarse, sin ningún costo, a los embajadores de Colombia en esos sitios. Parece una cruel ironía. Si no era el presidente quien iba a viajar, habría sido mucho más presentable que los embajadores de Colombi en Londres, Tokio y Nueva York fueran los encargados de asumir sin costo esas tareas que, por supuesto, están oficialmente incluidas en las funciones a su cargo.

Y la tapa del congolo (o el cóngolo, como dicen en la costa), y que sí constituye un descaro inaceptable, es haber hecho acompañar a la primera dama de una innecesaria caravana cuyo costo, en los actuales momentos del país, es totalmente inexcusabl. «Ves como estamos, Pablo, ¿y te pones a cortar orejas?». En eso sí se le fueron las luces al presidente. Afortunadamente para él, todavía está flotando sobre la oleada de favorabilidad que obtuvo en la campaña y se concretó en las elecciones. Pero no es aconsejable abusar de esa posición, porque se corre el riesgo de perder parte de ese apoyo con que cuenta actualmente. Después de años de criticar a los gobiernos de centro y de derecha por actuaciones similares, a su parecer censurables, resulta hoy haciendo lo mismo, y eso a menos de dos meses de haberse iniciado el actual gobierno; y lo más triste es la justificación que trata de vender el ministro Leiva Durán, aduciendo que otros presidentes han hecho lo mismo. Con ese argumento, también podrían justificarse todos los actos de corrupción que se pudieran cometer, porque también, todos lo sabemos, actos de corrupción se han realizado siempre.

Putin, enemigo del mundo. No podemos entender una tiranía como la de Vladimir Putin. Contra los acuerdos internacionales existentes, y contra el querer de los ucranianos, de muchos rusos, y del mundo occidental, el presidente ruso está empeñado en ocupar a Ucrania, a la que otrora consideraba su hermana en el liderazgo de la Unión Soviética, y hoy mira como anhelada presa para sus ansias de expansión. Y pensar que, al disolverse la URSS, los ucranianos heredaron un importante poderío nuclear, al que renunciaron voluntariamente a cambio de que la renaciente Rusia les garantizara seguridad del territorio y respeto a sus fronteras. Fue un terrible error histórico. A lo largo de los siglos, los rusos ya habían dado pruebas de no ser un país de fiar.

En 2014, en un primer zarpazo, le arrebataron a Ucrania la península de Crimea. De alguna manera, a regañadientes, el mundo fue aceptando ese atraco, tal vez porque, en realidad de verdad, Crimea había pertenecido a Rusia bajo el imperio de los zares, antes del establecimiento del régimen soviético.

Ahora, después de lanzar una invasión a Ucrania que esperaban completar en un par de semanas y cuyos resultados finales, después de más de medio año de lanzada la invasión, aún no se definen y no parecen ser totalmente favorables al invasor, organizaron a través de autoridades títeres de ocupación unos referendos proanexión, en cuya legalidad e imparcialidad nadie cree, como base para decretar de manera inmediata que esos territorios son ahora parte integrante de la madre Rusia, por lo que si Ucrania trata de recuperarlos se hará merecedora a todas las represalias, incluida la posible guerra nuclear. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas redactó de inmediato una resolución condenando el accionar ruso y ordenando a sus autoridades la inmediata retirada de sus tropas. Pero Rusia hizo uso de su derecho a veto en esa corporación, por lo que, obviamente, la resolución no fue aprobada. Falta ver qué hará occidente, dado el riesgo de que un mayor apoyo a Ucrania podría desatar realmente una guerra nuclear, si Putin no encuentra otra manera de salirse con las suyas. ¿Podrá realmente el líder ruso imponerse al mundo entero?

 ¿Sobrevivirá la democracia brasileña? Este domingo, millones de brasileños acudirán a las urnas para elegir su nuevo presidente. Todo indica que el candidato de la izquierda, Luiz Inácio «Lula» da Silva, será proclamado al final de la jornada como mandatario electo de esa gigantesca nación, con lo que se consolidará la izquierda en casi todo el conjunto de países hispanoamericanos, incluidos los más importantes. Lula es un líder de izquierda, no cabe duda, más inclinado hacia el marxismo que el propio presidente de Chile, Gabriel Boric. Sin embargo, en su primer mandato respetó la decisión de las urnas cuando fue derrotado al cabo del período. Los demócratas esperamos que nuevamente cumpla con las normas constitucionales si después de este nuevo período los brasileños deciden un nuevo cambio de rumbo en esa nación. El problema es que muchos líderes de izquierda son muy reacio a dejar el poder una vez lo consiguen. No fue el caso de Lula la primera vez, pero nada garantiza que no se contagie de las ansias de perpetuarse de que han dado muestras los Castro (y su heredero, Díaz-Canel), Maduro, Ortega y, anteriormente, aunque al final sin éxito, Evo y Correa. Esperamos de Lula la misma actitud que también esperamos de Gustavo Petro al final de su actual período.