21 de junio de 2026

¿Cuál aeropuerto de Palestina?

Por La Bruja sin Escoba
25 de septiembre de 2022
Por La Bruja sin Escoba
25 de septiembre de 2022

¿Cuál aeropuerto de Palestina?

El pasado jueves, con una escoba prestada por una bruja más joven, tuve la oportunidad de sobrevolar el triste panorama de las breñas de Aeropalestina y sus derrumbados terraplenes. Es decepcionante. Allí nadie está trabajando, pero aun si hubiera obras en curso, a simple vista se da uno cuenta de que ese proyecto no tiene futuro.

Los promotores del nuevo aeropuerto aseguran que sí se va a terminar, que el dinero existe en una fiducia y que los estudios demuestran que es técnica y financieramente factible. Entonces, ¿por qué se preocupan tanto por lo que el alcalde le dijo a Petro? ¿O es que es mentira que la plata esté? Hace un par de años, en un artículo publicado en este diario y  titulado ¿En qué va el proyecto para construir Aerocafé?, el columnista José Miguel Alzate afirmaba haber conocido que la empresa Fibercell Internacional, con sede en México había presentado a la Agencia Nacional de Infraestructura –ANI– una propuesta para construir, en concesión, este aeropuerto, con una pista de 4.360 (!!!) metros, y que su presidente, el ingeniero manizaleño Leonardo Alzate López había dicho en una rueda de prensa convocada para dar a conocer el proyecto, que dicha firma estaba en capacidad de construir la obra en dos años, a un costo de 690 millones de dólares. ¿Era eso, también una mentira? Porque ya pasaron los dos años. Lo único cierto es que ahora la firma OHLA abandonó el contrato que se le había adjudicado para obras en el aeropuerto, y de aquí en adelante van a seguir los consabidos pleitos… y de aeropuerto nada. Los manizaleños ya habrán perdido, supongo, la esperanza de ver aterrizar allí siquiera una avioneta, y mucho menos un turbohélice de los que sí pueden llegar a La Nubia; y ni hablar de un jet de los que llegan a Pereira o a Armenia. De modo que, ¡pailas! Nada de nada. Si la plata que se ha enterrado en los terraplenes de Palestina se hubiese utilizado en estudios y ejecuciones para mejorar las condiciones de La Nubia, contaríamos con los servicios aéreos que requiere Manizales. Y los cuatro gatos manizaleños que tiene cómo pagar vuelos internacionales, pues simplemente saldrían de La Nubia para cambiar de avión en Bogotá. O harían el viaje por tierra a Pereira, donde sí hay un aeropuerto de verdad. Pero nuestros sabios dirigentes se dedicaron a tratar de ponerle competencia a Matecaña, empresa imposible dadas nuestras condiciones topográficas y demográficas, y a crear la leyenda negra según la cual se cancelaban por mal tiempo hasta el 70% (¡setenta por ciento!, o sea siete de cada diez) de los vuelos programados por La Nubia. Con semejante estadística, fruto de la imaginación malévola de los creyentes en la posibilidad de vuelos transpacífico en gigantescos aviones cargueros, es un verdadero milagro que EasyFly haya logrado sobrevivir con unos pocos vuelos a Medellín y Bogotá. Esos vendedores de ilusiones, se dicen amigos de Manizales porque apoyan esa leyenda imposible. Con amigos así, ¿pa’ qué enemigos? Cuando finalmente logren urbanizar los terrenos de La Nubia, exista o no en Palestina, a esa distancia, el clon que quieren hacer de la pista actual de La Nubia, es posible que nadie llegue a volar por allí y que nos volveremos pasajeros obligados de Matecaña. ¿Cómo evitarlo? Se escuchan propuestas.

La apertura con Venezuela. A partir de mañana quedará formalmente abierta la frontera con Venezuela en Norte de Santander, al menos para el transporte de carga. Los camiones de ambos lados podrán pasar los puentes fronterizos, lo cual permitirá la activación del comercio internacional de mercancías entre ambos países, comercio que llegó a valer, sus mejores épocas, hasta siete mil millones de dólares. Contábamos con un gran mercado en ese país. Ahora, tomando obviamente las debidas precauciones para que nuestros exportadores reciban cabalmente el pago de sus envíos, el intercambio se deberá ir reactivando para bien de ambas naciones. También se reiniciarán los vuelos comerciales de Bogotá con Caracas y Valencia, y suponemos, porque sobre eso no hemos leído noticias, el movimiento de automóviles particulares que antes de la ruptura de relaciones viajaban masivamente, tanto de Cúcuta a San Antonio y San Cristóbal, como desde esas ciudades venezolanas hacia nuestra urbe fronteriza. Ese será, a no dudarlo, un factor muy importante para la reconstrucción de la economía de las regiones limítrofes, tan golpeadas por la desafortunada medida del gobierno socialista cundo nos retiró la amistad y expulsó de Venezuela a todos los funcionarios diplomáticos y consulares colombianos. Ahora, generosamente, tendemos una mano fraterna a ese país, con el que nunca se debieron romper las otrora dinámicas relaciones que nos unían.

Fregar con jota. Ese verbo equivalente a molestar, castizo sí, pero no de muy buen recibo, parece ser la característica más notable de las personas que llegan a la posición de alcaldes de las ciudades: cuadra perfectamente con la manera de actuar de tales funcionarios. Parecería que es su principal función frente a los habitantes que se convierten en blanco se esas actuaciones. Pico y placa, día sin carro, día sin moto… Con la disculpa de facilitar la movilidad o de proteger el ambiente, toman esas medidas sin importarles los problemas que les causan a los ciudadanos que, pacíficamente, aceptan el verse sometidos a importantes molestias. Quienes no sepan montar en bicicleta, o sufran problemas de movilidad, o dependan de su vehículo para levantarse la comida del día, no tienen a quién acudir, porque en esos temas los alcaldes son unos detestables reyezuelos que no tienen quién los controle. Se acaba de sufrir un día sin carro en Cali. También lo hubo en Manizales y en Bogotá.

Lo peor es lo deleznables que resultan las razones que esgrimen para poner en práctica esas medidas. ¿Alguien habrá contado cuántas familias compran un segundo automóvil, simplemente para poderle hacer un esguince a la restricción vehicular? Por otra parte, si los gobiernos hubieran aplicado a la construcción de vías, en proporción adecuada, las inmensas millonadas que han venido cubriendo en impuestos los propietarios de automóviles a lo largo de los ciento cincuenta años de existencia del automóvil, habría vías de sobra para que se evitara la congestión. Y en cuanto al día sin carro, no hay nada más absurdo que pretender mejorar, dañándole cada año un día de la vida a los automovilistas, la contaminación ambiental. Si todo el parque automotor de una ciudad se inmovilizara durante 24 horas, la contaminación total producida por los vehículos durante un año, se disminuiría en una fracción de 1/365. Ese es un valor despreciable. Pero la realidad es aún peor. Porque no se suspende la circulación de todo el parque automotor, sino solo la de los vehículos particulares. Los transportes colectivos y los taxis siguen circulando. De modo que la fracción notada arriba se ve sumamente disminuida. Además, la restricción no es por 24 horas sino solo por 12, Durante las otras doce, aunque con menos tráfico por ser nocturnas, de todos modos se genera contaminación, y esa es otra disminución de esa fracción. Y si tal disminución no se calcula sobre la contaminación que producen los vehículos sino sobre toda la contaminación, incluida en ella la que producen las fábricas, las cocinas, y la descomposición orgánica, mucho me temo que lo que se puede disminuir es, incluso, menos de una milésima parte de la contaminación general. Para tan pírrico logro, ¿se justifica tanta friega con jota?

No se meta, don Nicolás Maduro. A través de YouTube, los teléfonos celulares han reproducido un agresivo discurso de Nicolás Maduro contra la democracia chilena, por haber derrotado en las urnas el proyecto de constitución izquierdista que redactó la convención constituyente que el pueblo chileno había elegido para que lo elaborara y lo presentara a plebiscito.

Difícil imaginarse un procedimiento más democrático que el que condujo a este resultado. A raíz de multitudinarias manifestaciones (por cierto, nada pacíficas) en las que el pueblo, con gran participación juvenil, dejó en claro en un referendo que había gran insatisfacción con el funcionamiento de la democracia de ese país y con la constitución vigente, heredada de la dictadura de Pinochet y reformada en diferentes ocasiones, e hizo saber que lo existente ya no se acomodaba a los deseos y necesidades de los chilenos de hoy.

El gobierno así lo entendió, y convocó a un plebiscito en el que la población debería ratificar si lo propuesto por los constituyentes era lo que realmente deseaban las mayorías.

Pues no resultó así. La constitución propuesta era más izquierdista que lo que la democracia chilena deseaba. Posiblemente en la exaltación que había al momento de la elección del cuerpo constituyente, se eligió una mayoría izquierdista inflada, que fue perdiendo apoyo mientras pasaba el tiempo y se llegaba al plebiscito. Sea como sea, por inmensa mayoría, la opción «rechazo» triunfó sobre la opción «apruebo». Ahora los chilenos andan buscando un mecanismo que les permita intentar un nuevo texto de constitución, más acorde con lo que desea su pueblo, y seguramente lo encontrarán. Como no se impuso una constitución más izquierdista que la que Maduro habría querido, anda furioso regañando a los chilenos. Es mejor que no les ayude, amigo Nicolás. Déjelos tranquilos que ellos encontrarán el camino que más les convenga. No es usted propiamente el más indicado para enseñar a nadie a redactar unas normas que respeten la democracia y las libertades públicas. Como dicen las señoras, «no se meta».