13 de noviembre de 2019
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Carlos Restrepo Piedrahíta (1916-2017)

Por Julio César Ortiz Gutiérrez
11 de mayo de 2018
Por Julio César Ortiz Gutiérrez
11 de mayo de 2018

Pilar del constitucionalismo iberoamericano

 

 

Julio César Ortiz Gutiérrez 

Carlos Restrepo Piedrahita fue desde siempre un hombre sin treguas y sin pausas; exigente con su disciplina personal y con la de sus allegados. Estricto con todo lo que debía atender y celoso guardián de la moral ciudadana, de la ética pública y de los valores republicanos con los que se identificó desde su juventud revolucionaria, como son los de la igualdad real y los de las libertades radicales.

Fue un hombre libre, desatado de lazos y anclajes materiales, que forjó su propia vida con esfuerzo y compromiso por sus ideas y por el cultivo de su personalidad distante de tutelas religiosas, sociales y familiares.

Se decía de él que tenia por virtud el cultivo diario de una “constitución rígida” insustituible. Anotaba y ordenaba minuciosamente toda noticia política nacional, construyó con sus manos la memoria de los acontecimientos políticos relacionados con la materia de su atención y logro formar la mejor biblioteca privada de derecho público de Colombia que hoy hace parte del centro de estudios constitucionales que lleva su nombre bajo el amparo y cuidado del Externado de Colombia.

Fue conocido entre los estudiosos del derecho Constitucional colombiano como “el último de los radicales”; estudioso y ferviente promotor del radicalismo liberal y del federalismo,  heredados de la Constitución de los Estados Unidos de Colombia que rigió desde 1863 hasta 1886. Fue adversario ideológico y dogmático de la Constitución conservadora, centralista y clerical de 1886 que supo explicar en detalles soportados con suficiencia histórica magistral y con ello formó varias generaciones de maestros y doctores.

Encontró en el Externado de Colombia el ámbito propicio para acabar y completar su formación de jurista y para promover la formación de jóvenes juristas y de futuros profesores, magistrados y hombres públicos; fue su rector y uno de los más destacados profesores de esta institución académica donde anidan y crecen las ideas de la tolerancia, el respeto por los valores ajenos, por la vida privada y por la intimidad de los demás.

Cultor de la ética republicana, muy distante de las limitaciones que impone el confesionalismo conservado y clerical, pero exigente guardián de la ética por lo público y de los valores del humanismo positivista y de la nacionalidad colombiana.

Admirador y estudioso del pensamiento liberal de Francisco de Paula Santander y crítico sustancial del itinerario ideológico y militar y de la obra política de Bolívar, Carlos Restrepo tomó partido por las ideas republicanas del constitucionalismo liberal de aquel y demostró la existencia de elementos y sustancias no republicanas y autoritarias del pensamiento político de éste, que se reflejaban directamente en los textos que se prepararon bajo sus instrucciones, como ocurrió con el proyecto de constitución para Bolivia que incluía instituciones como la presidencia vitalicia, el senado hereditario y los poderes de censura y control sin elección popular.

Fue un gran colombiano amante de su Nación y contrario a toda forma de centralismo político y territorial, como quiera que siempre expresó que aquella materia aun es una de las tareas pendientes en la agenda política de los colombianos.

Fue presidente de la sección colombiana del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional y animador principal de sus actividades académicas durante varios años hasta que se retiró de toda actividad fuera de su país. Como dijo Diego Valades, Carlos Restrepo fue un gran constitucionalista y uno de sus pilares, pues recorrió toda América del sur, México y toda Europa; conoció y trabo serias relaciones académicas y docentes con Jorge Carpizo, Héctor Fix-Zamudio, Domingo García Belaunde, Jorge Madrazo, Humberto Nogueira Alcalá, Alfonso da Silva, Jorge Vanossi, Pedro de Vega, Giuseppe de Vergotinni, Roversi Mónaco y Allan Brewer Carias entre muchos otros constitucionalistas de Europa y América. Con ellos organizó y participó en decenas de encuentros, coloquios, seminarios y congresos en los que brilló con sus ponencias, discursos y reflexiones como en el inolvidable coloquio sobre justicia constitucional de Sochagota en 1977.

Esplendido organizador y generoso anfitrión puso en alto el nombre de su país y el de su universidad dando prestigio y lustre de lo que allí se hacia abajo la dirección de Fernando Hinestrosa.

Fue el promotor de la introducción de varias de las instituciones constitucionales que luego se hicieron realidad en Colombia gracias a sus aportes, como son la creación de la Corte Constitucional, la modificación del régimen de control y de justicia constitucional, la defensoría del pueblo y la limitación de las facultades extraordinarias. Queda de él su propuesta por diseñar y restablecer un nuevo federalismo y el desarrollo de las autonomías territoriales y locales en Colombia

Estudioso del presidencialismo latinoamericano y en especial de lo que llamó el híper presidencialismo en Colombia y de sus expresiones barrocas. Dedicó buena parte de su vida a la defensa de la filosofía liberal, a la lucha contra los autoritarismos y a desnudar los fanatismos religiosos que aun encuentran arraigo entre nosotros.

Como un verdadero hombre de Estado, Carlos Restrepo Piedrahita fue embajador, senador, consejero de estado, rector universitario, periodista y profesor emérito y formador y forjador de varias generaciones de profesores de derecho constitucional.

Viajero impenitente, melómano consumado, practicó la jardinería y la observación de la naturaleza en largos recorridos a pie en Colombia, Rusia, Alemania e Italia. Exquisito cultor del derecho constitucional general, colombiano y comparado, profundizó como el mejor en la disciplina de la historia del derecho constitucional y de las instituciones políticas. Fue llamado “el Mommsen colombiano” por su amigo Alfonso López Michelsen pues rescató del olvido los más importantes documentos constitucionales nacionales y de las provincias colombianas en el proceso de construcción de las normas constitucionales nacionales y se consolidó como un verdadero arqueólogo del constitucionalismo; además, estudió y recogió bellamente la obra y la vida de todos los constitucionalistas y de los constituyentes colombianos del siglo XIX y descubrió la memoria de varios de ellos, olvidada por años.

Con muy pocos amigos íntimos, distante, erguido y riguroso en el vestir y en los modales con los demás, salvo el conocido e intenso periplo vital conjunto con  Fernando Hinestrosa, Restrepo Piedrahita fue depositario de la confianza política, del afecto, el respeto y aprecio institucional de todos los ex presidentes colombianos del partido liberal quienes confiaron en él las más serias responsabilidades en la configuración y en la reforma de las instituciones constitucionales.

También fue el director de jardinería y de bosques del bello recinto del Externado de Colombia anclado en los riscos y cerros del centro de Bogotá y conocedor profundo de la verde sabana que rodea la capital de la república.

Su itinerario vital desde su oriunda Manizales, pasando por su primera juventud en el municipio de Calarcá y por el exilio político en el Ecuador, siempre despertó entre todos sus relacionados impresiones de pleno conocimiento de aquello de lo que hablaba y de la intima convicción intelectual e ideológica con la que argumentaba.

Amigo y colaborador del caudillo Jorge Eliecer Gaitán, recorrió grandes partes del país acompañando al jefe liberal hasta la muerte, pues en medio del caos y la violencia, se aprestó a pronunciarse por el levantamiento popular ante  su asesinato, el día más violento y doloroso de toda la historia política Colombia, conocido como “el Bogotazo” el 9 de abril de 1948.

Cultor de las más finas artes del espíritu como la música y la literatura universal, fue conocedor de la obra de Federico Nietzsche y de Nicolás Macchiavello sobre quienes escribió varios trabajos reveladores de su erudición y apasionada vocación intelectual. Varias veces recorrió en el otoño  Alemania y Austria por sus grandes ríos y disfrutaba de sus apacibles cruceros, conoció intensamente la New York en la preguerra y disfrutó con alegría siempre juvenil de sus viajes internacionales desde que conoció la Rusia comunista como diplomático colombiano.

Hasta ahora es el más conocido y respetado de los constitucionalistas colombianos del Siglo XX, pues fue en todos los escenarios que ocupó, un hombre universal, erudito y poliglota; desde sus inicios universitarios se destacó como un riguroso investigador del derecho constitucional y de la filosofía política europea, hasta que llego a convertirse en un erudito profesor, exigente, trabajador incansable, hombre bien puesto y elegante, conversador delicado, implacable critico del conservadurismo y del autoritarismo político.

Fue en esencia un fino diplomático que supo convocar en su entorno en Roma y en Colombia la presencia de los más importantes constitucionalistas iberoamericanos e italianos y de realizar foros, encuentros, coloquios y congresos de derechos constitucional, entre quienes dejó la huella de su personalidad exquisita y de su muy fino gusto y sensibilidad estética.

Difundió como profesor y académico la disciplina del Derecho Constitucional por varias regiones del país, las que recorría encantado, lleno de admiración por nuestra geografía, su música y su vegetación.