Cumplimos 32 años sin José Fernando Corredor
Por Orlando Cadavid Correa
En sus fecundos cuarenta y seis años de vida, el multifacético José Fernando Corredor, ¡alma bendita!, estuvo en todas partes, sin tener el don de la ubicuidad, y se movió con maestría en los distintos ámbitos que supieron aprovechar su innata condición de líder.
Siempre dijo !presente! en el periodismo, la academia, la literatura, la cultura y el derecho, aunque fue poco amigo de los litigios, y en las trincheras en las que batalló sin dar tregua en favor de los intereses caldenses, desde los medios y en el Comité de Gremios, y por la esquiva unidad de la gente del oficio periodístico, a través de la PAM que presidió como ninguno.
La Parca se lo llevó prematuramente el 12 de julio de 1985 cuando apenas iba en la mitad del camino y le quedaban numerosas tareas por hacer: una pila enorme de libros por leer; cantidad apreciable de cuentos por escribir; mucho cine y teatro por paladear; varios países por conocer; música de todos los géneros por degustar; exquisitas viandas por consumir; cultura en altas dosis por promover y reportería de la buena por hacer.
El hijo de doña Anita y hermano de Carlos Rodrigo y Germán Gabriel se perdió por culpa del madrugón de la temida Intrusa regocijantes sucesos domésticos en lo futbolístico, deporte que amó y supo analizar y describir en su soberbio estilo: la coronación del Once como campeón de la Copa Libertadores; los tres nuevos títulos del Caldas en el torneo nacional; la demolición del viejo estadio Fernando Londoño y la construcción del Monumental coliseo de Palogrande. En lo internacional, el memorable 5 a 0 de Colombia a Argentina, y la exitosa celebración del Mundial de futbol Sub 20 en canchas de nuestro país.
Corredor estuvo en todo: en su amada Universidad de Caldas estudiando derecho; en la redacción deportiva del diario La Patria; en la doble corresponsalía de El Tiempo; en la co-fundación de la Casa de la Cultura y del semanario Nuevo Estadio; en la creación y dirección de la revista Intregración y del Instituto Caldense de Cultura; en la institucionalización del Festival Latinoamericano de Teatro y del Premio de periodismo para sus colegas de la región, a través de una aseguradora, y en otros frentes de las actividades que lo apasionaron.
Treinta y dos años después de su triste partida, sus amigos de siempre coincidimos en que su mejor biógrafo ha sido el también abogado, periodista y poeta Augusto León Restrepo Ramírez, ex director de La Patria, quien tuvo a su cargo el prólogo de la publicación postmorten de su libro de cuentos “Los pinrieles de la viveza”, que José Fernando escribió bajo el seudónimo de Marco Vinicus. Pruebas al canto:
“Es lamentable que Corredor no esté con nosotros físicamente, porque con seguridad sería una figura del “boom” literario colombiano. Cuando se acaba de leer este Cuentario, breve, póstumo, queda el sabor inconfundible de lo nuevo y original, que tanta falta hace en estos tiempos en los que la imaginación y la riqueza del lenguaje brillan por su ausencia al considerarse que escribir es un ejercicio diletante, de mera afición, y no un oficio que hay que encarar cotidianamente para castigar el estilo y la expresión.
Lo que identifica al escritor de mérito, es el respeto por sus lectores. Hay que desconfiar de los que hilvanan párrafo tras párrafo, con el ánimo desbordado de aparecer en letras de molde, cueste lo que costare. En vida, Corredor guardó celosamente sus escritos literarios. Su prosa abundó en el periodismo, con especialidad en el deportivo, campo donde descolló. Pero la literatura como creación, sólo la exhibió a unos pocos amigos cuando la consideró madura y en búsqueda de la justa y legítima aspiración de editarla. Su temprana muerte le cortó la mira, pero ahora el Instituto Caldense de Cultura, en plausible empresa, ha querido rendir testimonio de admiración a quien fue su primer Director, al recoger e imprimir sus Cuentos”.
Decíamos que hay en su obra, forma y lenguaje nuevos. La temática de sus narraciones, por ejemplo, retrata una clase urbana, de barriada, en la que el tango y la milonga enmarca sus angustias y sus tristezas, y la esperanza de redención económica la centra en el deporte. Sus personajes son identificables como moradores de una ciudad provinciana.- Manizales en éste caso, pero que pueden deambular por los suburbios de cualquier ciudad latinoamericana en la que el fútbol y el arrabal se intercalan dentro del mismo círculo.
Corredor vivió de cerca ambos mundos. Durante su trasegar por la corresponsalía deportiva conoció a fondo y en su intimidad las pasiones, los intereses, las frustraciones y las argucias de dirigentes y jugadores del entretenimiento popular por excelencia, como es el fútbol. Y del clima humano que lo rodea. Y de sus figuras y de quienes aspiran serlo. Como de los sitios donde se preparan o se celebran los triunfos, que, en el caso de los atletas aficionados, son las cantinas y los cafetines, con amores subterráneos al trasluz de las cortinas. Y el escritor, observador agudo, casi sociólogo, rescata esas imágenes y concibe las historias sin final que tenemos en las manos, cuyos personajes no los seguimos encontrando a la vuelta de una esquina nocturna, en los bailaderos de milonga o en los abandonados estadios comuneros. Todo, dentro de ese mundo creado por Corredor, que es sórdido y angustiante si el lector quiere así asumirlo o de un aterciopelado humor negro que obliga a un rictus escéptico, si sus esquemas intelectuales le permiten descifrar el mensaje de esa manera. Pero que sea como fuere, nos acerca a unas extrañas vivencias que rompen con la literatura ambiente, remozándola, y violando los seculares moldes en boga por estas tierras.
José Fernando Corredor fue un contestatario permanente. Desde sus trincheras periodísticas interrogó a la sociedad, a sus prohombres, en un tono inusual, con sonreída irreverencia, lo que le hizo ganar un merecido reconocimiento como independiente. Y en efecto. Fue vehemente en la defensa de sus individuales creencias, que lo situaban en el centro ideológico. Sus militancias eran racionales y como tales, ni dogmáticas ni lineales. Era colombiano únicamente, como solía decir. De ahí la peculiar visión que tenía de su país y de sus circunstancias, que delineó claramente en crónicas, reportajes, artículos de prensa y en los espacios radiales que orientó. Viajero y cineasta, cada experiencia suya en Congresos y Festivales (de Teatro, igualmente) lo reafirmaba en sus valores y en su gente. Que era el anónimo ser que a diario protagonizaba su papel existencial en medio de dificultades y privaciones, y que Corredor plasma en sus páginas literarias, devotamente rescatadas merced a la insistencia de quienes han sido fieles a su memoria.
Con estos cuentos, de los que ojalá se ocupe la crítica, consideramos que se redondea una valiosa muestra de una nueva generación de cultores de tan difícil género, entre quienes sobresalen Jaime Echeverri, José Chalarca, Oscar Jurado, Jorge Eliécer Zapata y Adalberto Agudelo, que prolonga la indiscutible maestría de Adel López Gómez con esperanzadoras expectativas para las expresiones caldenses contemporáneas.
(Augusto León Restrepo Ramírez).

Ficha Biográfica de Corredor
Periodista, cuentista y cronista. Nació en Manizales el 5 de junio de 1939 y en la misma murió ciudad el 12 de julio de 1985. Ampliamente conocido en los medios oficiales y privados del país por su actividad periodística y vinculación a los programas de carácter académico y cultural.
Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Caldas, se inició como periodista en la Revista Deportiva Nuevo Estadio y en el diario La Patria. Fue durante 23 años corresponsal de El Tiempo en Caldas.
Colaborador de Varias publicaciones nacionales e internacionales. Investigador de la historia del Gran Caldas. Socio fundador de la casa de la Cultura de Manizales; promotor del premio de literatura caldense; en varias oportunidades presidente de la Asociación de Periodistas de Manizales. Uno de los creadores del Festival Internacional de Teatro y primer director de la revista Textos, órgano de difusión del evento con circulación mundial. A su iniciativa se debió la realización del Festival Internacional de Títeres que se celebró en Manizales en 1983 y la organización del Premio para Periodistas de Caldas de la Nacional de Seguros. Fue miembro del comité de Gremios de Manizales y de varias locales.
Adelantó como presidente del Comité de Unidad Gremial Colombiano, diversas actividades para lograr la unificación de los periodistas en una sola entidad que diera representación nacional en los campos jurídicos, social, económico y profesional.
Fue fundador y Director del Instituto Caldense de Cultura, donde diseñó una importante política cultural con proyección a un centro de Documentación e historia de Caldas, una Escuela de Teatro y una Sinfonieta. Fundador de la Revista Integración Caldas, Quindío, Risaralda, Chocó.
Los cuentos que aquí se recopilan fueron seleccionados por él y participaron en el concurso de cuento promovido por la Gobernación de Caldas con motivo de los 75 años de vida jurídica del departamento. Algunos están inéditos y otros fueron publicados en el Tiempo y en La Patria.